Zendoric
← Volver al día · 23 de septiembre de 2026

Trump rebautiza la IA como 'superinteligencia' en EE.UU. y rechaza reglas globales para su desarrollo

🕒 Publicado en Zendoric: 23 de septiembre de 2026 · 02:26

✨ Generado con IA · cómo se hace

Trump anunció ante la ONU que EE.UU. dejará de decir 'inteligencia artificial' en sus documentos oficiales y usará 'superinteligencia' (SI). El giro de etiqueta llega junto al rechazo de Washington a cualquier regla internacional vinculante para la IA.

Por Canal 1 · 22 de septiembre de 2026.

Donald Trump anunció ante la Asamblea General de la ONU que la Administración estadounidense dejará de usar la expresión "inteligencia artificial" en su documentación oficial. En su lugar, adoptará "superinteligencia": según recogió El Sol de México sobre el mismo discurso, las siglas oficiales pasarán de IA a SI. La justificación que dio el propio Trump fue lingüística: la palabra "artificial" sugiere algo falso o no auténtico, y eso, dijo, no refleja el alcance real que ha adquirido la tecnología.

No es un cambio técnico ni universal. La inteligencia artificial seguirá llamándose así en los ámbitos científicos, tecnológicos y académicos; lo que cambia es el vocabulario que empleará el Gobierno de EE.UU. en sus propios papeles. Pero el anuncio no llegó aislado: en el mismo discurso, Trump rechazó la posibilidad de un marco internacional que controle el desarrollo de la IA y defendió que EE.UU. debe conservar un amplio margen para seguir avanzando sin frenos, en lo que describió como una carrera estratégica frente a China. Ocurre, además, en la misma Asamblea General en la que —según otra información recogida por Canal 1— líderes de 22 países pedían precisamente medidas de seguridad vinculantes para la IA; una petición que este discurso descarta de facto.

Conviene separar las dos cosas, porque pesan de forma muy distinta. Cambiar una palabra en un membrete no mueve una sola línea de código ni un solo benchmark: los sistemas de IA de 2026 no son más ni menos capaces por llamarse "superinteligencia" en un documento del Gobierno estadounidense. Rechazar la gobernanza internacional, en cambio, sí es una decisión con consecuencias reales: fija la postura de Washington en la disputa, todavía abierta en el seno de Naciones Unidas, entre quienes reclaman reglas compartidas para contener riesgos y quienes prefieren que cada potencia corra a su propio ritmo.

Ahí es donde el cambio de nombre deja de ser anecdótico y se vuelve revelador como síntoma. "Superinteligencia" no es un término neutro: en la investigación en IA designa un umbral hipotético en el que los sistemas superarían ampliamente la capacidad humana en prácticamente cualquier tarea, un escenario que ningún laboratorio serio sostiene haber alcanzado todavía. Adoptarlo como etiqueta oficial para describir la IA de hoy, y no un hito futuro, es apropiarse del vocabulario más ambicioso del sector para vestir un presente todavía muy por debajo de esa promesa. Es la misma inflación retórica que ya practican algunas empresas cuando hablan de "AGI" sin que los datos la respalden: la palabra corre por delante de la capacidad demostrada.

Que sea la Casa Blanca, y no un laboratorio o un inversor, quien lo haga añade un matiz. Un Gobierno que da por hecho que ya maneja "superinteligencia" difícilmente puede presentarse, al mismo tiempo, como el actor prudente que pide tiempo para pensar en salvaguardas; el propio lenguaje empuja hacia la aceleración, no hacia la cautela. Y coincide, no por casualidad, con el rechazo a que un organismo internacional ponga condiciones al desarrollo: si la tecnología ya es "super", frenarla —o dejar que otros países la limiten— empieza a sonar, dentro de ese marco retórico, como un despropósito.

Nuestra lectura es que esta pieza importa menos por lo que cambia hoy que por lo que anticipa. El vocabulario oficial de un Gobierno no es un detalle cosmético: condiciona qué preguntas parecen razonables y cuáles parecen alarmismo injustificado. Si en Washington la IA pasa a llamarse "superinteligencia" en cada informe y cada contrato, cualquier debate posterior sobre límites, auditorías o cooperación internacional partirá ya de una premisa inflada. A corto plazo esto favorece la narrativa de la carrera sin frenos, y ahí hay un riesgo genuino: menos margen para la cooperación multilateral justo cuando la seguridad de sistemas cada vez más agénticos debería ser motivo de coordinación, no de competición semántica. A largo plazo, sin embargo, ninguna etiqueta cambia lo que de verdad importa: que estos sistemas terminen por acercarnos a curar enfermedades, alargar la vida sana y repartir abundancia dependerá de la capacidad real que se construya y de cómo se gobierne, no de cómo se llame en un membrete de 2026.

🔗 Relacionadas en Zendoric

Fuentes y referencias