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← Volver al día · 23 de septiembre de 2026

Trump rebautiza la IA como «superinteligencia» y veta la gobernanza global: el nombre es marketing, el veto sí importa

🕒 Publicado en Zendoric: 23 de septiembre de 2026 · 02:26

✨ Generado con IA · cómo se hace

Estados Unidos cambiará por decreto el término «inteligencia artificial» por «superinteligencia» en su documentación oficial porque «artificial» suena a falso, según Trump ante la ONU. El titular es el nombre; la noticia real es el rechazo frontal a cualquier regulación internacional. Y ahí sí hay consecuencias.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció ante la Asamblea General de la ONU que la documentación oficial estadounidense sustituirá el término «inteligencia artificial» por el de «superinteligencia», con las siglas SI. Su argumento, según recoge Ñanduti: la palabra «artificial» da la impresión de que la tecnología es «falsa», cuando en realidad es «asombrosa». «A partir de este momento, todos los documentos de Estados Unidos y, con suerte, los del mundo, se cambiarán para utilizar el término mucho más preciso 'súper' en lugar de artificial», afirmó. En el mismo discurso rechazó cualquier «esquema globalista» que intente regular o controlar el desarrollo de esta tecnología, y defendió la soberanía estadounidense frente a los intentos de gobernanza internacional.

Conviene separar las dos cosas, porque tienen pesos muy distintos. «Superinteligencia» no es un sinónimo elegante de IA: en la literatura técnica designa un sistema que supera a los mejores humanos en prácticamente todas las tareas cognitivas. Ningún modelo desplegado hoy cumple esa definición, y nuestros propios índices lo reflejan: los sistemas frontera puntúan alto en programación, razonamiento y seguridad ofensiva, pero siguen siendo herramientas con fallos caros y supervisión humana obligatoria. Renombrar por decreto borra justo la frontera que más importa defender —lo que una tecnología demuestra frente a lo que promete— y la borra en el lugar donde más daño hace: los documentos oficiales sobre los que se compran sistemas, se evalúan riesgos y se redactan contratos públicos.

El anuncio tampoco llegó solo. Desde la misma tribuna, Trump atacó las negociaciones para un impuesto universal a grandes empresas («no habrá impuestos globales» mientras él gobierne), reprochó a la ONU imponer «la agenda de extrema izquierda de burócratas globalistas» y criticó el Marco de Cero Emisiones Netas de la Organización Marítima Internacional, asegurando que su Gobierno impidió un gravamen que habría encarecido el transporte marítimo internacional entre un 10 y un 20%. La IA, por tanto, no va como caso aislado: entra en un paquete de rechazo a la gobernanza multilateral en bloque. Ese encuadre importa más que la etiqueta, porque significa que la política de IA estadounidense se discute como soberanía comercial, no como política tecnológica.

Y aquí está el punto que casi nadie dirá: rechazar la regulación internacional no produce un mundo sin reglas. Produce un mundo con reglas unilaterales, escritas por quien controla los chips, los pesos de los modelos y el acceso a la nube. Ya lo hemos visto en la práctica cuando un modelo frontera pasa a tratarse como activo sujeto a control de exportación: la decisión la toma una capital, y el resto del mundo la acata. La ausencia de foro multilateral no elimina la gobernanza; solo elimina la posibilidad de que los países que no fabrican la tecnología tengan voz en ella. Para Europa, América Latina o cualquier economía que consume IA sin producirla, esa diferencia es todo.

Nuestra lectura: el cambio de nomenclatura es gratis y, por eso mismo, es la parte irrelevante del anuncio. Nos preocupa poco que un documento diga SI en lugar de IA; nos preocupa que el vocabulario inflado normalice comprar aspiración como si fuera capacidad verificada. La respuesta sensata no es el catastrofismo ni el aplauso, sino la insistencia aburrida en medir: benchmarks duros, evaluaciones independientes, auditoría de lo que los sistemas hacen realmente. Seguimos pensando que esta tecnología puede llevarnos a erradicar enfermedades, alargar la vida sana y generar abundancia suficiente para que la gente trabaje en lo que le apasione. Pero ese futuro se construye sobre confianza, y la confianza se gana con evidencia comprobable, no con adjetivos decretados desde un atril. El riesgo de llamar «superinteligencia» a lo que aún no lo es no es semántico: es que, cuando llegue algo que de verdad merezca el nombre, ya nos habremos quedado sin palabra para describirlo.

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Fuentes y referencias