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Quién se alinea con el «Super Intelligence» de Trump: el rebranding de la IA como prueba de lealtad política

🕒 Publicado en Zendoric: 4 de noviembre de 2026 · 00:20

✨ Generado con IA · cómo se hace

El artículo de MIT Technology Review, firmado por James O'Donnell y publicado originalmente en el boletín The Algorithm el 2 de noviembre de 2026, analiza el intento de la Casa Blanca de rebautizar la inteligencia artificial como «Super Intelligence» (o «SI»).

El artículo de MIT Technology Review, firmado por James O'Donnell y publicado originalmente en el boletín The Algorithm el 2 de noviembre de 2026, analiza el intento de la Casa Blanca de rebautizar la inteligencia artificial como «Super Intelligence» (o «SI»). El texto es completo, no un teaser de paywall, y este resumen se limita a lo que cuenta.

A finales de septiembre, el presidente Trump firmó una orden ejecutiva con una única directriz: que las agencias del Gobierno pasen a llamar «Super Intelligence» a lo que hasta entonces denominaban inteligencia artificial. El término se impuso a otras opciones, como «Extreme Intelligence» y «Supreme Intelligence», que el presidente había propuesto en una encuesta en X un par de semanas antes. La justificación oficial es que los sistemas actuales «amplifican el ingenio humano» en lugar de limitarse a «imitar» la inteligencia.

Según el autor, esto encaja en una tradición de cambios de nombre de la Casa Blanca: Golfo de América, Lago América, Departamento de Guerra o la disputa por renombrar el Kennedy Center. Su tesis es que el cambio no se queda en el Gobierno. Convierte una elección de palabras en una prueba de lealtad política: quien usa el término nuevo muestra alineamiento con la Administración, y quien no lo usa se arriesga a ser objetivo de ataques. Recuerda que la Administración vetó a Associated Press en algunos eventos de prensa tras negarse a adoptar «Golfo de América». La diferencia, señala, es que casi nadie piensa a menudo en cómo llamar a un lago, mientras que la IA está en el centro del debate nacional. Dos tercios de los estadounidenses dicen interactuar con ella varias veces por semana. Por eso lo califica como quizá el rebranding más ambicioso hasta ahora.

Un mes después, ¿quién ha adoptado el término? En el propio Gobierno, «Super Intelligence» o «SI» aparece cada vez más en licitaciones. Un ejemplo es la petición de ICE para que empresas construyan sistemas de vigilancia «impulsados por SI» para sus centros de detención. En la mayoría de las webs oficiales la sustitución se ha hecho sin avisar. Algunas, como la de los Institutos Nacionales de Salud (NIH), muestran un banner que advierte de que durante la transición pueden verse ambos términos.

Ha habido tropiezos. Un día después de la orden, el Pentágono anunció el Proyecto Meridian, una iniciativa sobre el futuro de la guerra, y usó la terminología antigua. Un comunicado reciente de la FTC empleó «superintelligence» en una palabra, no la versión en dos palabras y con mayúsculas que ordena el presidente. Los comunicados recientes de Salud y Servicios Humanos no muestran rastro del nuevo lenguaje. El término «AI» seguirá presente por las muchas oficinas y programas que ya lo llevan, como la Chief Digital and Artificial Intelligence Office del Pentágono. La orden ejecutiva indica que no se aplica a normativa ni documentos anteriores. Entre los empleados públicos, el hábito tarda en cambiar: un investigador de un laboratorio nacional usó «AI» repetidamente en una entrevista antes de darse cuenta, y el secretario de Defensa, Pete Hegseth, también dijo «AI» en una entrevista el 3 de octubre.

El autor sostiene que el objetivo va más allá del vocabulario oficial y busca cambiar cómo habla el resto del país. El 27 de octubre, Trump criticó en Truth Social al Wall Street Journal por no usar «Super Intelligence», «el nombre que virtualmente todos los demás usan, o pronto usarán». Insinuó que una nueva norma podría ir más allá de la orden y prohibir directamente «artificial intelligence» en documentos del Gobierno. El Journal no está solo: ni siquiera Newsmax, cuyo fundador la describió como favorable al presidente y sus políticas, usa el término preferido.

En cuanto a los directivos tecnológicos, la respuesta es ambigua. El mismo día de la orden, Trump publicó una declaración no vinculante sobre seguridad de la IA, el White House Accord on Super Intelligence, firmada por seis figuras: Sundar Pichai (Google), Dario Amodei (Anthropic), Mark Zuckerberg (Meta), Greg Brockman (OpenAI), Elon Musk (xAI) y Jensen Huang (Nvidia). Aun así, según un análisis de CNBC de las llamadas de resultados del tercer trimestre, solo Zuckerberg y Musk usaron el término de forma consistente. El caso de Zuckerberg cuenta menos, porque Meta dice «superintelligence» desde el año pasado. Las empresas de Musk son las que más lo usan, y él prometió renombrar SpaceXAI como SpaceXSI, aunque en X sigue mezclando SI y AI. Los directivos de Amazon, Microsoft y Alphabet dijeron «AI» en sus llamadas, aunque la carta reciente de Microsoft a sus accionistas habló de la «era de la Super Intelligence». Huang ha mencionado el término, pero también sigue usando AI.

El artículo recoge una objeción práctica: el coste en tiempo y dinero público. Los empleados federales ya dedican horas a redactar guías para gestionar el cambio. Además, según la orden, los responsables de las agencias deben elaborar una nueva definición legislativa de «Super Intelligence» para presentarla al presidente antes de que acabe el mes. El autor contrasta esto con una empresa privada, donde un consejero delegado como Marc Benioff de Salesforce puede decidir que «SIForce» sea mejor nombre que «AIForce».

La mayor preocupación de O'Donnell, sin embargo, es el efecto sobre la conversación nacional. Cuenta que a menudo oye a desconocidos hablar de IA en supermercados o cafeterías, casi siempre sobre un apocalipsis laboral o la guerra con IA, y ve en ello un deseo generalizado de opinar sobre cómo esta tecnología transformará sus vidas. Las opiniones pueden ser muy distintas, incluso hostiles, pero todavía no coinciden con las divisiones partidistas que hacen incómodo hablar de inmigración o clima. Si «Super Intelligence» se convierte en prueba de lealtad, eso cambiará. Imagina que dos personas que charlan sobre si los chatbots son buenos o malos para la salud mental dejen de hacerlo al notar que una dice «super intelligence» y la otra «AI».

El artículo cierra con el contexto electoral. Las elecciones de mitad de mandato son «mañana» según el texto, y los estadounidenses afirman que la IA les importa más en estos comicios que la política ambiental y climática. Los demócratas la sitúan incluso por encima del aborto y las armas. Su conclusión es que, prospere o no el nuevo nombre, convertir la terminología en una prueba de lealtad no ayudará a un debate nacional sobre la IA que apenas empieza.

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Fuentes y referencias