Hacer internet mejor para los agentes de IA podría empeorarlo para todos los demás

🕒 Publicado en Zendoric: 21 de octubre de 2026 · 00:18
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El artículo de MIT Technology Review, firmado por James O'Donnell y publicado originalmente en el boletín The Algorithm el 19 de octubre de 2026, sostiene que la llegada masiva de agentes personales de IA a la web puede transformar internet y, paradójicamente, empeorarla para las personas.
El artículo de MIT Technology Review, firmado por James O'Donnell y publicado originalmente en el boletín The Algorithm el 19 de octubre de 2026, sostiene que la llegada masiva de agentes personales de IA a la web puede transformar internet y, paradójicamente, empeorarla para las personas. La descarga contiene el texto completo del artículo (no es un teaser de paywall), aunque es una pieza breve, por lo que este resumen es también compacto.
El punto de partida es que, hasta hace poco, los usuarios de internet se dividían en dos categorías: bots y personas. Los sitios web permiten a los bots realizar tareas automatizadas, como capturar el contenido de las páginas, pero existen reglas sobre qué pueden consultar y cómo se comportan. La web está pensada sobre todo para personas, aunque a veces tengamos que resolver puzzles y captchas para demostrar que no somos bots. Los agentes personales de IA, capaces de hacer cosas por el usuario como reservar vuelos o habitaciones de hotel, trastocan esa división.
Según el artículo, estos agentes se han lanzado a gran escala con aplicaciones como Dots, de OpenAI, y Muse, de Meta. Muse fue descargada 5 millones de veces en su primer mes, y el tráfico web agéntico se triplicó entre agosto y septiembre. La convivencia entre agentes y visitantes humanos en una web diseñada para priorizar a las personas, señala el texto, ha ido mal: muchos sitios bloquean a los agentes que los usuarios envían a negociar precios o planificar vacaciones.
El autor argumenta que los agentes son realmente una tercera categoría de visitante. No son humanos y usan internet a velocidad de máquina, pero tampoco son exactamente bots, porque actúan en nombre de personas concretas para tareas legítimas y útiles; simplemente trabajan más rápido que una persona. Como no encajan en los sistemas actuales para distinguir bots de personas, algunas plataformas, especialmente las más preocupadas por la seguridad, han optado por prohibirlos por completo.
Como ejemplos, el artículo cita que TechCrunch informó recientemente de problemas para desplegar agentes en sitios que van de Pizza Hut a Yelp, que no permite que la IA reserve mesas en restaurantes. Amazon ha bloqueado a los agentes de Muse y libra una batalla judicial contra la startup Perplexity para bloquear también los suyos. Aunque un juez falló recientemente a favor de Perplexity, Amazon ha presentado un recurso en el que argumenta que los agentes de IA amenazan su negocio publicitario al dificultar la distinción entre los anuncios vistos por humanos y los servidos a bots.
Ethan Mollick, profesor asociado de la Wharton School de la Universidad de Pensilvania, predice que estos bloqueos, hoy una molestia para los primeros usuarios, acabarán afectando a toda la web. Según su razonamiento, cuando sea de conocimiento común que se pueden enviar agentes a pedir reembolsos o negociar precios, estos saturarán los departamentos de atención al cliente hasta volverlos inutilizables para las personas reales. Mollick escribió en LinkedIn que los humanos "acabarán muy molestos cuando a sus agentes no se les permita hacer esto en su nombre".
Si la demanda de agentes personales crece, las plataformas encontrarán maneras de dejarlos entrar, sobre todo porque la gran mayoría del tráfico agéntico va a sitios de comercio electrónico, donde hay dinero que ganar si se permite que legiones de agentes compren en nombre de personas. Shopify, por ejemplo, ya da la bienvenida a los agentes con carriles de pago propios que evitan las páginas diseñadas para humanos.
La pregunta de fondo es qué ocurrirá con internet para el resto de nosotros. Aunque la web ya se diseña cada vez más para explotar nuestra atención, los humanos seguían siendo los usuarios previstos. Ese internet podría ceder ante uno optimizado para agentes que acabarán superándonos en número, haciéndolo aún más desagradable para los humanos que queden.
El artículo esboza un escenario posible: los sitios web quedan desatendidos como destinos para personas y quienes quieren navegar y comparar productos por su cuenta encuentran interfaces peores. Los sistemas de verificación son imperfectos, y habría que demostrar constantemente que uno es humano y no un agente (incluso, bromea el texto, con un escaneo de iris). Un jersey no tendría un precio único para todos, sino precios distintos mostrados a los agentes de cada persona. Y nunca se sabría si la recomendación de un agente está influida por publicidad o por comisiones de la plataforma.
Ese panorama dista de la promesa de Google, Anthropic y OpenAI, según la cual los agentes darán a los consumidores más poder y capacidad de negociación. El autor considera que la promesa no es descabellada: los agentes pueden ayudar de verdad, por ejemplo luchando contra facturas médicas indebidas o buscando seguros de coche más baratos. Que se usen así depende de las reglas que se fijen sobre cómo interactúan con los sitios web y qué se les permite hacer.
Esas reglas aún se están escribiendo. Algunas beneficiarán a todos: ni consumidores ni empresas quieren que los agentes exhiban datos de tarjetas de crédito por toda la web, y las normas de seguridad son positivas. Pero las más disputadas, como si las empresas pueden bloquear agentes o impedir que negocien mejores ofertas para los consumidores, determinarán si la web se convierte en una autopista de agentes que trabajan a nuestro favor o en nuestra contra.
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