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Los jóvenes andaluces ante la IA: el pensamiento crítico es la ventaja, pero la evidencia aún no acompaña al optimismo

🕒 Publicado en Zendoric: 21 de octubre de 2026 · 00:18

✨ Generado con IA · cómo se hace

Empresarios y expertos reunidos en Jerez coinciden: la IA es una oportunidad para los jóvenes si cultivan pensamiento crítico. Pero el consenso sobre el empleo se apoya más en opiniones que en datos, y los propios ponentes admiten que faltan estudios.

Por Andalucía Información · 20 de octubre de 2026.

Las Jornadas de Publicaciones 7.0, celebradas en el Auditorio de la Fundación Cajasol en Jerez, reunieron a directivos, investigadores y a estudiantes universitarios y de FP para debatir cómo afecta la inteligencia artificial (IA) a los jóvenes andaluces. El mensaje central de los ponentes fue que la IA es una oportunidad laboral, pero solo para quien cultive talento propio, y en particular «pensamiento crítico».

Enrique Benítez, economista y miembro del Observatory for Public Sector Innovation de la OCDE, centró su intervención en las aulas. Advirtió de que «lo que haga la IA por vosotros en los estudios, lo dejáis de aprender». Citó, según su exposición, la decisión del alcalde de Nueva York, Zohran Mandani, de prohibir la IA en las aulas porque los alumnos resolvían las tareas sin aprender, con efecto especial en la comprensión lectora. Esa cifra o medida no la hemos podido contrastar aquí: es lo que dijo el ponente.

Desde el lado empresarial, Jesús Ochoa (Ayesa Digital) dijo que buscan gente con compromiso y conocimientos técnicos, «no expertos en IA». Antonio Galán (Epicsa) pidió «perfiles híbridos», que sepan integrar las soluciones de la IA en problemas reales sin conformarse con el primer resultado. José María Martín-Mateos (clúster Nexur) subrayó que lo que aporta valor es «pensar, dimensionar, organizar, preguntar». Y Lucía del Castillo (L3G Marketing) animó a «saber promptear», es decir, a formular bien las instrucciones a un modelo de IA.

Hubo además dos ideas llamativas. Martín-Mateos sostuvo que muchas empresas usan los titulares sobre IA y empleo «como excusa» para justificar despidos que no se deben a ella. Y señaló que se sigue dependiendo de modelos desarrollados en EE. UU. y China, por lo que el reto para las grandes compañías es contar con su propia IA alojada en la nube. Ochoa, por su parte, afirmó que Andalucía es competitiva en integrar la IA, no en crearla.

**Nuestra lectura.** Estamos de acuerdo en lo esencial: el valor se desplaza hacia el criterio, la formulación de problemas y la verificación, y quien delega el esfuerzo de aprender se queda sin la base para supervisar a la máquina. Es una tesis coherente con lo que defendemos sobre empleo: no es «la IA te quita el trabajo», sino «cambia qué trabajo importa».

Pero conviene separar el consejo de la evidencia. Que todos los ponentes coincidan en que la IA «mejora la productividad, no reduce el empleo» es una opinión de quienes contratan y venden esa tecnología, y no un dato. En general, los indicios más recientes apuntan a que el daño aparece primero en los puestos de entrada que no se crean, justo los que aspiran a ocupar los jóvenes en el auditorio. Como contexto del sector, en EE. UU. el paro de los graduados recientes ya supera al de los no graduados, algo inusual desde 2011. Decir que los despidos achacados a la IA son una excusa puede ser cierto en algunos casos, pero no sirve para negar la presión sobre la contratación junior.

Hay un dato honesto en el propio acto: el investigador de la UCA, Javier Jareño, reconoció que aún no hay estudios sobre el efecto de la IA en cada nivel educativo y que hace falta una regulación más firme. Es decir, hoy se dan consejos con más convicción que mediciones. Quien gana con esa laguna son los discursos cómodos; quien pierde, los estudiantes que necesitan orientación fiable.

La soberanía es el punto más interesante. Integrar bien la IA es una ventaja real a corto plazo, pero depender de modelos ajenos limita el margen. El auge de los modelos abiertos, que cada vez compiten mejor con los cerrados, es una buena noticia para regiones como Andalucía: permite alojar modelos propios, controlar los datos y no pagar peaje por cada consulta.

A corto plazo, la transición será dispareja y los jóvenes la notarán antes que nadie. A largo plazo, una generación que sepa pensar, preguntar y verificar estará mejor situada para una economía en la que las máquinas hagan lo rutinario y las personas se dediquen a lo que de verdad les importa. El pensamiento crítico no es un eslogan: es la habilidad que mejor envejece.

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Fuentes y referencias