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Trump crea una 'Super Intelligence Force' sin poderes nuevos: coordinación, marca y una pieza que sí importa

🕒 Publicado en Zendoric: 6 de octubre de 2026 · 07:39

✨ Generado con IA · cómo se hace

Donald Trump ha anunciado un panel federal sobre IA avanzada dirigido por el director de Inteligencia Nacional, con informe en 120 días y la orden de actuar «bajo los poderes existentes». Es decir: no crea autoridad nueva. Pero esconde un mandato —el de notificación de incidentes— que vale mucho más que el cambio de nombre que lo acompaña.

Donald Trump ha anunciado en Truth Social la creación de una «Super Intelligence Force», un panel de la Casa Blanca para coordinar el esfuerzo federal en inteligencia artificial avanzada. Lo dirigirá Jay Clayton, director de Inteligencia Nacional, que asume además el papel de zar de IA de la administración. Según India Today, el grupo debe entregar en 120 días un informe sobre riesgos y oportunidades, y reportará a Trump y a la jefa de gabinete Susie Wiles. El anuncio llega después del acuerdo firmado en la Casa Blanca en el que las grandes tecnológicas se comprometieron a «cumplir sus responsabilidades con el público». «El presidente pidió que se formara un grupo», dijo Clayton, que añadió: «el riesgo de no ser los primeros es alto».

La composición dice más que el comunicado. Como vicepresidentes figuran Andrew Ferguson (presidente de la Comisión Federal de Comercio), Emil Michael (subsecretario de Guerra para Investigación e Ingeniería) y Scott Kupor (director de la Oficina de Gestión de Personal). Entre los miembros están el vicepresidente JD Vance, el secretario de Defensa Pete Hegseth, el secretario del Tesoro Scott Bessent y la propia Wiles. Como asesores externos, el capital riesgo David Sacks —que ya fue zar de IA al inicio del segundo mandato— y Condoleezza Rice. Traducido: competencia, defensa, hacienda y función pública. No es un comité científico. Es un comité de política industrial, compras públicas y empleo público, que es exactamente como el Estado estadounidense está decidiendo tratar la IA.

Hay una frase en la letra pequeña que condiciona todo lo demás: el grupo recomendará formas de reforzar la respuesta del Gobierno «bajo los poderes existentes». No crea autoridad regulatoria nueva, no impone obligaciones y no necesita al Congreso. Es coordinación. Pero dentro de ese encargo sí hay una pieza sustantiva: revisar los riesgos de la IA y los sistemas de notificación de brechas, hackeos y otros incidentes. Eso es lo más parecido a infraestructura regulatoria seria que contiene el anuncio, porque toda gobernanza que ha funcionado en sectores críticos empezó por ahí —un canal obligatorio para reportar lo que sale mal—, no por una ley de principios.

El resto del paquete es señalización. Trump describe la superinteligencia como algo que «muchos dicen que es más grande que la Revolución Industrial y que internet», y ya anunció en la Asamblea General de la ONU el cambio de terminología: «la palabra inteligencia artificial hace que suene falso, y no es falso». El Buró de Asuntos de Organismos Internacionales del Departamento de Estado ordenó por correo interno —obtenido por Associated Press— sustituir «inteligencia artificial» por «superinteligencia» en todas las comunicaciones oficiales: «usaremos SI en todas las intervenciones, posiciones y notas de prensa». Representantes de EE.UU. ya emplearon «SI» en una reunión del Consejo de Seguridad. En paralelo, Trump sostiene que no quiere trabajar con Xi Jinping en gobernanza de la IA porque dificultaría que las empresas estadounidenses construyan mejores productos que las chinas: «vamos por delante de China y de todos los demás, y quiero que siga así».

Nuestra lectura: renombrar una tecnología no cambia lo que sabe hacer. Decretar por correo ministerial que lo que existe hoy se llame «superinteligencia» es precisamente el error que más conviene evitar al cubrir este sector —confundir la aspiración con la capacidad demostrada— y además es un error caro, porque inflar el lenguaje encarece la decepción cuando los modelos no cumplen. Que un ministerio de Exteriores legisle el vocabulario y no la conducta es un indicador bastante limpio de dónde está el centro de gravedad del anuncio.

Más preocupante es la segunda decisión: competir en capacidad y a la vez rechazar coordinarse con China en gobernanza. Es la peor combinación posible —carrera sin reglas comunes—, y choca con el propio diagnóstico del panel, porque los incidentes de seguridad en IA no respetan fronteras igual que no las respetan los ciberataques. Dicho esto, no todo es escenografía. Si en 120 días ese informe produce un mecanismo real y obligatorio de notificación de incidentes, Estados Unidos tendrá algo parecido a una NTSB de la IA, que es justo lo que piden desde dentro de los laboratorios quienes reclaman una cultura de alta fiabilidad. Esa es la métrica con la que juzgaremos esto en febrero. Cómo se llame la tecnología para entonces nos da bastante igual.

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Fuentes y referencias