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Trump crea una 'Super Intelligence Force' y rebautiza la IA: 120 días de plazo y cero poderes nuevos

🕒 Publicado en Zendoric: 5 de octubre de 2026 · 00:06

✨ Generado con IA · cómo se hace

La Casa Blanca monta un panel interagencias sobre IA avanzada dirigido por el director de Inteligencia Nacional, Jay Clayton, con informe en 120 días y la orden de actuar «bajo los poderes existentes». De paso, el Departamento de Estado sustituye «inteligencia artificial» por «superinteligencia» en sus comunicaciones. Coordinar no es gobernar, pero en el detalle hay una pieza que sí importa.

Donald Trump ha anunciado en Truth Social la creación de una «Super Intelligence Force», un panel de la Casa Blanca para coordinar los esfuerzos federales sobre IA avanzada. Lo dirigirá el director de Inteligencia Nacional, Jay Clayton, que asume el papel de zar de IA de la Administración. El grupo tiene 120 días para presentar un informe sobre riesgos y oportunidades, y reportará a Trump y a la jefa de gabinete Susie Wiles. El anuncio llega después de un acuerdo en la Casa Blanca en el que las grandes tecnológicas se comprometieron a asumir sus responsabilidades con el público.

El organigrama dice más que el comunicado. Como vicepresidentes figuran el presidente de la Comisión Federal de Comercio, Andrew Ferguson; el subsecretario de Guerra para Investigación e Ingeniería, Emil Michael; y el director de la Oficina de Gestión de Personal, Scott Kupor. Entre los miembros están el vicepresidente JD Vance, el secretario de Defensa Pete Hegseth, el secretario del Tesoro Scott Bessent y la propia Wiles. Como asesores externos, el inversor de capital riesgo David Sacks —que ya fue zar de IA al inicio del segundo mandato— y la exsecretaria de Estado Condoleezza Rice. Es un comité de seguridad nacional, competitividad y empleo público; no hay en la lista una autoridad técnica de evaluación de modelos.

Las funciones asignadas tienen un matiz crítico que conviene subrayar: el panel revisará los riesgos de la IA y los sistemas de notificación de brechas, hackeos y otros incidentes, y recomendará formas de reforzar la respuesta del Gobierno «bajo los poderes existentes». Es decir, no se crea ninguna autoridad legal nueva. También coordinará la relación del Gobierno federal con consumidores, grupos de interés público, organizaciones religiosas, operadores de infraestructura crítica y empresas que desarrollan superinteligencia. Clayton resumió la premisa con una frase que define el marco entero: «el riesgo de no ser el primero es alto».

El otro titular es semántico. Trump describió la superinteligencia como algo que «muchos dicen que es más grande que la Revolución Industrial y que Internet», y ya anunció en la Asamblea General de la ONU el cambio de terminología: según él, la palabra «artificial» hace que la tecnología «suene falsa, y no es falsa». Tras ese discurso, la Oficina de Asuntos de Organizaciones Internacionales del Departamento de Estado instruyó a su personal para sustituir «inteligencia artificial» por «superinteligencia» en las comunicaciones oficiales: «usaremos SI en todas las intervenciones, posiciones y elementos de prensa», escribió el subsecretario adjunto Michael Drager en un correo obtenido por Associated Press. No consta que otras agencias recibieran la misma instrucción. Representantes de EE.UU. ya usaron «SI» en una reunión del Consejo de Seguridad de la ONU en la que varios ejecutivos tecnológicos pidieron, precisamente, controles sobre el desarrollo de la IA.

Sobre China, la postura es explícita: Trump dijo que no quiere trabajar con Xi Jinping en la gobernanza de la IA porque eso dificultaría que las empresas estadounidenses hagan mejores productos que las chinas. «Ahora vamos por delante de China y de todos los demás, y quiero que siga así.» Añadió que habló de IA con Xi durante su visita la semana anterior y que Washington ya coopera con Pekín «de muchas maneras».

Nuestra lectura: rebautizar no es gobernar, y el cambio de «IA» a «SI» en los cables diplomáticos es marketing institucional, no política pública. Pero sería un error descartar el paquete entero por el envoltorio. Dentro del mandato hay una pieza que sí tiene consecuencias: revisar los sistemas de notificación de brechas, hackeos e incidentes. Esa es exactamente la infraestructura que los críticos internos del sector llevan meses reclamando —la cultura de reporte obligatorio que hizo seguras la aviación y la energía nuclear— y es lo único de esta lista que podría sobrevivir a un cambio de administración. Si el informe de los 120 días, que vence en febrero de 2027, llega con un registro de incidentes real y obligatorio, habrá valido la pena. Si llega con un decálogo de buenas intenciones, habremos tenido una conferencia de prensa cara.

Y hay una tensión de fondo que no se resuelve nombrando un zar. El argumento «el riesgo de no ser primero es alto» puede justificar cualquier atajo, porque no hay nada que no quepa dentro de él; mientras tanto, la Administración se declara líder en una tecnología cuya frontera abierta avanza deprisa fuera de EE.UU. Nuestra posición de siempre: la carrera es real, pero confundir carrera con destino es el error caro. Lo que determinará si esta tecnología acaba erradicando enfermedades y repartiendo abundancia no es quién cruza primero una meta imaginaria, sino quién construye las instituciones capaces de gobernarla mientras cruza.

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Fuentes y referencias