Trump crea una 'Fuerza de Superinteligencia' en la Casa Blanca y pone a su jefa de gabinete a vigilarla

🕒 Publicado en Zendoric: 5 de octubre de 2026 · 00:06
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Trump nombró el domingo a Jay Clayton al frente de un nuevo comité —la 'Fuerza de Superinteligencia'— para coordinar la política de IA de EE.UU. desde la Casa Blanca. El mandato mezcla dos objetivos que chocan entre sí: atajar las amenazas de la IA y, a la vez, evitar regularla.
Por T13 (Deutsche Welle) · 4 de octubre de 2026.
Donald Trump formalizó el domingo la creación de un comité de coordinación dentro de la Casa Blanca para dirigir el desarrollo de la inteligencia artificial en Estados Unidos. Al frente estará Jay Clayton, identificado en el anuncio como jefe de inteligencia nacional, y el grupo recibe un nombre que ya es toda una declaración de intenciones: "Fuerza de Superinteligencia". Según Trump, publicado en su red Truth Social, su misión es "coordinar el esfuerzo del gobierno federal para garantizar que Estados Unidos siga liderando al mundo en superinteligencia" y "proteger los intereses y mejorar la vida de todos los estadounidenses".
El comité no es solo Clayton. Lo completan Andrew Ferguson, presidente de la Comisión Federal de Comercio (FTC, el regulador estadounidense de competencia y protección al consumidor); Emil Michael, subsecretario de Guerra para Investigación e Ingeniería y director de Tecnología; y Scott Kupor, director de la Oficina de Gestión de Personal (OPM, el organismo que administra la función pública civil federal). Los cuatro rendirán cuentas directamente a Trump y a su jefa de gabinete, Susie Wiles, según la información recogida por Deutsche Welle. Un documento oficial al que tuvo acceso The Wall Street Journal añade que el grupo deberá presentar propuestas "para hacer frente a las amenazas que la IA supone para nuestra sociedad". Y el encargo incluye, textualmente, llevar a cabo esas tareas "evitando al mismo tiempo el exceso de regulación" que penalice la innovación y la competencia.
El nombramiento llega poco después de que Trump decidiera, a finales de septiembre, rebautizar oficialmente la IA como "superinteligencia" mediante un decreto que obliga a todos los servicios del gobierno federal a usar ese término. La jugada no es trivial: en un momento de crítica creciente hacia la industria —por seguridad, por empleo, por concentración de poder—, cambiar la etiqueta oficial es también cambiar el relato. "Superinteligencia" suena a avance imparable e inevitable; "inteligencia artificial" suena, cada vez más, a tecnología que hay que explicar y justificar.
La composición del comité es la parte más reveladora de la noticia. No hay nadie ahí dedicado exclusivamente a seguridad técnica o ética de modelos: hay inteligencia, competencia, defensa/tecnología y personal público, los cuatro resortes que de verdad mueven el aparato del Estado frente a la industria. Es un diseño pensado para la coordinación de poder —con quién habla el gobierno, qué datos comparte, qué contratos firma—, no para la supervisión de capacidades. Y el mandato del grupo, según la fuente, pide dos cosas que tienden a tirar en direcciones opuestas: identificar amenazas reales de la IA para la sociedad y, simultáneamente, no regular en exceso. Quien tenga que ejecutar ambas a la vez sabe que en la práctica una acaba subordinada a la otra, y la lógica de "liderar al mundo" que marca el propio encargo de Trump deja pocas dudas sobre cuál.
Esto conecta con algo que venimos señalando en nuestra cobertura de gobernanza de la IA: el punto de control real no siempre está donde se diseña el modelo, sino en quién decide las reglas de acceso y relación con él. Aquí el patrón se repite a escala de Estado: Washington centraliza en un puñado de cargos —que reportan a dos personas, Trump y Wiles— la relación oficial con "las empresas de superinteligencia", las infraestructuras clave y hasta las organizaciones religiosas, según la propia descripción del comité. Es gobernanza de arriba abajo, con poca intermediación institucional y un lenguaje —"amenazas", "liderar al mundo", "superinteligencia"— que mezcla preocupación genuina con competencia geopolítica frente a China, el otro actor que de verdad importa en esta carrera.
A corto plazo, la honestidad obliga a decir que este tipo de arquitectura —poder concentrado, mandato ambiguo entre proteger y no frenar, rendición de cuentas limitada a la cúpula del Ejecutivo— es exactamente el terreno donde los riesgos de la IA (desinformación, abuso de infraestructuras críticas, decisiones automatizadas sin supervisión) tienen más margen para crecer sin control efectivo. No es un problema de que la tecnología avance rápido; es un problema de quién vigila a quién mientras avanza. A largo plazo, si Estados Unidos logra alinear esa coordinación con inversión real en seguridad, salud e infraestructura —y no solo con la carrera por la etiqueta de "superinteligencia"—, el mismo aparato institucional podría acelerar justo los beneficios que sostienen nuestra tesis de fondo: una IA que ayude a curar enfermedades y repartir abundancia en lugar de limitarse a ganar una carrera retórica con Pekín. Pero eso exige que el comité responda ante algo más que la Casa Blanca, y por ahora el diseño anunciado no lo garantiza.
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Fuentes y referencias
- Tema ES · superinteligencia — Trump crea una 'Fuerza de Superinteligencia' en la Casa Blanca y pone a su jefa de gabinete a vigilarla
- Voz en Red — Trump crea una 'Fuerza de la Superinteligencia' en la Casa Blanca: la IA ya es asunto de seguridad nacional
- Tema ES · superinteligencia — Trump pone a su jefe de inteligencia al frente de la IA y apuesta por la autorregulación de los laboratorios
- Diari ARA — Trump rebautiza la IA como «superinteligencia»: la batalla real es por las palabras, no por los algoritmos


