Musk pide sustituir 'IA' por 'superinteligencia': un cambio de nombre que no toca ni un parámetro del modelo

🕒 Publicado en Zendoric: 5 de octubre de 2026 · 00:06
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Elon Musk pidió en X dejar de decir "IA" y llamarla "superinteligencia", secundando una idea que Trump planteó en la ONU y que, según se anunció esta semana, se formalizaría con una orden ejecutiva para renombrar así la tecnología en los documentos del Gobierno de EE.UU. El cambio es de vocabulario, no de capacidad.
Por Zendoric · 5 de octubre de 2026.
Elon Musk quiere borrar dos letras del vocabulario tecnológico. "No más IA. SI. Es mejor así", escribió este fin de semana en X, pidiendo sustituir "inteligencia artificial" por "superinteligencia" en el lenguaje común. La propuesta no es suya: secunda una idea que el presidente de EE.UU., Donald Trump, lanzó en septiembre ante la 81.ª Asamblea General de la ONU y que esta semana habría dado un paso más. Según recoge el medio venezolano Globovision, citando a RT en Español, Trump anunció que firmará una orden ejecutiva para que todos los documentos del Gobierno estadounidense usen "superinteligencia" en lugar de "inteligencia artificial".
El término no se ha elegido al azar. "Superinteligencia" es el concepto que el filósofo Nick Bostrom popularizó hace más de una década para describir un sistema que supere la inteligencia humana en prácticamente todos los dominios a la vez —razonamiento científico, creatividad, habilidad social—, no solo en tareas concretas. Es un umbral que, por consenso incluso de los propios laboratorios punteros (OpenAI, Anthropic, Google DeepMind), ningún sistema ha cruzado todavía. Los modelos de 2026, por potentes que sean en programación o en benchmarks específicos, siguen siendo herramientas especializadas y falibles, no agentes con una inteligencia general superior a la humana.
¿Por qué rebautizar entonces algo que no ha cambiado de naturaleza? La explicación tiene menos de ciencia y más de relato político y comercial. Trump enmarcó la idea en la ONU como una cuestión de liderazgo mundial de EE.UU. en el sector: "Solo fomentaremos la superinteligencia. Vamos a fomentarla, no a frenarla", dijo, según la misma fuente. Para Musk, consejero delegado de xAI —una de las compañías que compite por capital, talento y titulares en esa misma carrera—, adoptar el vocabulario más ambicioso tiene un beneficio añadido: sitúa a su empresa y a su país en el terreno léxico de la próxima gran cosa, no en el de una tecnología ya familiar y, para buena parte de la opinión pública, ya sujeta a sospecha.
Aquí conviene aplicar el mismo criterio con el que analizamos cualquier benchmark o anuncio de producto en Zendoric: separar la capacidad demostrada del relato. Cambiar una etiqueta en los documentos oficiales no mueve ni un parámetro de ningún modelo, no cura ninguna enfermedad ni genera una sola hora adicional de la abundancia que la IA promete a largo plazo. Lo que sí hace es cargar de urgencia y expectativa un término que, usado con precisión, debería reservarse para un salto que todavía no se ha producido. Es la misma inflación retórica que vemos en marcadores "optimizados para votantes" o en índices de referencia generosos: cuando el relato se adelanta demasiado a la medición, el desengaño posterior salpica también a los avances reales y verificables.
Hay además una lectura de gobernanza que importa más que la semántica en sí. Enmarcar la tecnología como algo que solo hay que "fomentar, nunca frenar" es, de facto, un argumento contra la regulación, formulado antes de que exista el sistema que supuestamente la justificaría. Si en el futuro se necesitan normas de seguridad específicas para sistemas realmente superiores a la inteligencia humana, llamar ya "superinteligencia" a los chatbots y copilotos de hoy no ayuda a diseñarlas: diluye el término justo en el momento en que más precisión exigiría.
La paradoja de fondo es que el horizonte que de verdad nos interesa —sistemas capaces de acelerar la cura de enfermedades o de liberar a las personas de trabajos que no eligieron— depende de que ese salto llegue y se reconozca cuando ocurra, no de que se declare por decreto. Rebautizar la IA actual como superinteligencia no acerca ese futuro ni un día: solo hace más difícil saber, cuando por fin llegue de verdad, que ha llegado.
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