Transporter-18 pone a prueba las piezas clave de los futuros centros de datos orbitales

🕒 Publicado en Zendoric: 3 de octubre de 2026 · 02:03
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El lanzamiento de Transporter-18, la misión de carga compartida de SpaceX que despegó el jueves desde Vandenberg, tuvo un hilo conductor poco habitual en este tipo de vuelos: tres cargas útiles distintas diseñadas para probar, cada una por separado, una pieza del rompecabezas necesario para construir centros de datos…
El lanzamiento de Transporter-18, la misión de carga compartida de SpaceX que despegó el jueves desde Vandenberg, tuvo un hilo conductor poco habitual en este tipo de vuelos: tres cargas útiles distintas diseñadas para probar, cada una por separado, una pieza del rompecabezas necesario para construir centros de datos en órbita (ODC, por sus siglas en inglés). El mensaje de fondo, según uno de los responsables de las empresas implicadas, es que el sector ya ha dejado atrás la pregunta de si habrá computación de inteligencia artificial en el espacio, para centrarse en cómo construir la infraestructura que lo haga posible.
La primera pieza la aporta Reason-1, de Cowboy Space, que intentará transmitir energía solar hacia la Tierra mediante un láser infrarrojo, como ensayo de los enlaces ópticos que necesitarán sus futuros centros de datos orbitales. Cowboy Space nació como Aetherflux, una startup centrada en la transmisión de energía, antes de cambiar de nombre en mayo para orientarse hacia los centros de datos orbitales y los cohetes; Reason-1 es el puente entre ambas líneas de negocio. La compañía espera realizar su primer intento de transmisión tan pronto como a finales de octubre, enviando energía solar hacia un punto de 10 a 20 metros en una instalación de pruebas terrestre, con el objetivo de entregar entre 30 y 100 vatios. Cowboy Space lo presenta como el primer láser comercial de clase kilovatio en el espacio diseñado para entregar energía a la Tierra. La misma tecnología láser servirá de base para el enlace de datos de Reason-2, previsto para la primera mitad de 2027, que llevará GPU H200 y esta vez transmitirá datos en lugar de energía. A más largo plazo, Cowboy Space está desarrollando su propio cohete, cuya etapa superior haría las veces de centro de datos de 1 megavatio, con lanzamiento previsto para diciembre de 2028.
La segunda pieza es de Google, con su Project Suncatcher, que en este caso no prueba la transmisión de energía sino el comportamiento de los chips de IA en órbita. El satélite de demostración, del tamaño de un frigorífico y construido junto con Planet Labs, incorpora cuatro TPU Trillium —aproximadamente la capacidad de cómputo de un servidor— alimentadas con alrededor de 1 kW de energía solar, y que ejecutan consultas de Gemini en ráfagas cortas. Coincidiendo con el lanzamiento, Google publicó una versión revisada por pares de su estudio sobre Suncatcher en la revista científica Joule, en la que esboza su visión a largo plazo: constelaciones de satélites capaces de albergar, cada uno, la capacidad de cómputo de un rack de centro de datos (entre 50 y 100 kW), volando en formaciones muy compactas y conectadas por láser; uno de los ejemplos del estudio describe 81 satélites agrupados en un radio de un kilómetro.
El propio estudio reconoce dos obstáculos importantes. Por un lado, la radiación: en pruebas en tierra, las TPU soportaron una dosis equivalente a cinco años en órbita, aunque siguieron produciéndose errores silenciosos ocasionales, aproximadamente uno por cada tres millones de consultas, un nivel que Google considera manejable para responder preguntas pero que podría ser problemático para el entrenamiento de modelos. Por otro, el calor: la gestión térmica se describe como un desafío mayor, y de hecho los chips del satélite de demostración deben apagarse cada 15 o 20 minutos para evitar el sobrecalentamiento, aunque Google afirma que sus dos satélites de seguimiento previstos para 2027 funcionarán de forma continua.
El estudio también aporta una proyección económica: si los costes de lanzamiento bajan hasta 200 dólares por kilogramo, Google calcula que lanzar un kilovatio de energía solar a órbita costaría alrededor de 810 dólares al año, una cifra comparable a lo que gastan en electricidad los centros de datos en Estados Unidos. Según su análisis de curva de aprendizaje, ese precio sería alcanzable a mediados de la década de 2030, siempre que Starship llegue a volar unas 180 veces al año, una condición que da la medida de lo mucho que todavía depende este tipo de planes de que se cumplan los plazos de los grandes cohetes reutilizables.
La tercera pieza del rompecabezas la pone Star Catcher con Protostar, su primera demostración de principio a fin en el espacio. El experimento desplegará un cubesat y transmitirá energía medible hacia paneles solares comerciales de uso general, con el objetivo de validar operaciones comerciales de transmisión de energía entre naves. Entre los clientes ya mencionados por Star Catcher para este tipo de servicio figuran otras compañías de computación orbital.
En paralelo a estas tres pruebas de hardware, otra noticia del mismo día ilustra una vía alternativa para llegar a un objetivo parecido: mientras varias empresas invierten en resolver los retos de ingeniería de los ODC físicos, una startup con sede conjunta en Nairobi y Sunnyvale ha anunciado una ronda semilla de 8 millones de dólares para ampliar su red de centros de datos orbitales "virtuales", que según la compañía ya está operativa y en expansión, elevando su financiación total por encima de los 10 millones de dólares.
En conjunto, estas pruebas simultáneas —transmisión de energía por láser, resistencia de chips de IA a la radiación y al calor, y transmisión de energía entre naves— apuntan a que la conversación en torno a los centros de datos orbitales ha pasado de la especulación a la validación técnica incremental. Las próximas semanas, con el primer intento de transmisión láser de Cowboy Space y las demostraciones en órbita de Google y Star Catcher, servirán como primer indicio real de cuán lejos está todavía el salto del "si" al "cómo".
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