IA para la tercera edad en Bogotá: un piloto de 20 personas mayores que anticipa el futuro de la vejez activa

🕒 Publicado en Zendoric: 27 de septiembre de 2026 · 00:23
✨ Generado con IA · cómo se hace
En Engativá, unas 20 personas mayores reciben formación diaria en IA generativa de la mano del SENA y la Secretaría de Integración Social de Bogotá. No es solo alfabetización digital: es un ensayo, a pequeña escala, de que aprender y emprender no tengan fecha de caducidad.
Por Zendoric · 27 de septiembre de 2026.
En el Centro Día Casa de la Sabiduría El Bosque, en la localidad bogotana de Engativá, cerca de 20 personas mayores dedican tres horas cada día a formarse en herramientas de inteligencia artificial. El programa lo impulsa la Secretaría Distrital de Integración Social (SDIS) —la entidad que gestiona los servicios sociales de Bogotá—, a través de su Subdirección para la Vejez, en alianza con el Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA), el organismo colombiano de formación técnica y profesional gratuita. La información procede del Portal Bogotá, el canal oficial de la Alcaldía.
El instructor a cargo, César Augusto Chacón Gómez, del SENA, resume el objetivo en una frase que funciona casi como eslogan: la IA es "una herramienta para facilitarle la vida a todas las personas". Su punto no es menor: enseñar IA a personas mayores es, sobre todo, una forma de demostrar que la curva de aprendizaje tecnológico no se cierra con la edad.
Los testimonios de las participantes le dan cuerpo a esa idea con usos muy concretos. Ana Bela Rodríguez Velázquez, pedagoga, cuenta que usa la IA para investigar antes de lanzar sus propios proyectos: conocer clientes y proveedores, rastrear tendencias de producto en distintos rangos de tiempo y aprovechar las redes sociales para compartir imágenes y vídeos cortos. Doli Estela Moreno, otra asistente, destaca el ahorro de tiempo y dinero y la posibilidad de "desarrollar proyectos, ser claros y concisos" gracias a estas herramientas: competencias de marketing y gestión que hasta hace poco parecían reservadas a perfiles jóvenes y digitalmente nativos.
Conviene ser honestos con las proporciones. Se trata de un centro, veinte personas, en una ciudad de varios millones de habitantes. Como contexto del sector, la brecha digital entre generaciones sigue siendo, en toda América Latina, uno de los frentes más desatendidos de la inclusión tecnológica: no solo por falta de habilidades, sino por barreras de acceso a dispositivos, conectividad estable y, muchas veces, por el descrédito social hacia la idea de que una persona mayor pueda —o deba— aprender IA. Un piloto bien ejecutado en un centro día no resuelve eso; en el mejor de los casos, ofrece una plantilla replicable si hay voluntad y presupuesto para escalarla más allá de Engativá.
Ahí está, para nosotros, lo que de verdad importa de esta noticia, más allá del episodio local. Encaja con algo que venimos sosteniendo en esta cabecera sobre el horizonte de la IA: la abundancia que puede traer no es solo material, es también de tiempo y de propósito, y no tiene por qué reservarse a la vida laboral activa en sentido estricto. Que una pedagoga en la etapa mayor de su vida use IA para lanzar un pequeño negocio, investigar mercado y producir su propio contenido es exactamente el tipo de escenario que interesa cuando hablamos de una tecnología que permite a las personas seguir dedicándose a lo que les apasiona, sin que la edad marque un punto de corte. La vejez activa —con proyectos propios, no solo con cuidados— es, en pequeño, una muestra de a qué nos referimos cuando hablamos de sociedades post-escasez.
El riesgo, a corto plazo, es que estas iniciativas queden como gestos simbólicos si no se acompañan de inversión sostenida en conectividad, dispositivos y formación continua para la población mayor, que en la región crece más rápido que la infraestructura pensada para incluirla digitalmente. Que el aprendizaje no tenga fecha de caducidad es una tesis atractiva; que se sostenga en el tiempo, más allá de un centro día y de una alianza puntual entre una secretaría y una entidad de formación, es la pregunta que de verdad determinará si esto fue un experimento aislado o el primer capítulo de algo más grande.
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