CDMX exhorta a alfabetizar en IA a los mayores: la brecha digital ya es la puerta de entrada del fraude con voz clonada

🕒 Publicado en Zendoric: 11 de septiembre de 2026 · 03:15
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El Congreso de Ciudad de México pidió reforzar la alfabetización digital en IA para adultos mayores, después de que un diputado citara cifras oficiales: un tercio de los mayores en la capital ya sufrió fraude remoto y la clonación de voz y los deepfakes de pensiones son el nuevo vector de robo patrimonial.
Por CDMX Magacín · 10 de septiembre de 2026.
El diputado Pablo Trejo Pérez (Distrito 15) presentó ante el Pleno del Congreso de la Ciudad de México un punto de acuerdo para proteger el patrimonio de las personas mayores frente a los riesgos de la inteligencia artificial. El Pleno lo aprobó: exhorta a la Secretaría de Educación, Ciencia, Tecnología e Innovación (SECTEI) a reforzar, a través del programa comunitario PILARES y "de acuerdo con su disponibilidad presupuestal", la alfabetización digital en IA para mayores en las 16 alcaldías.
Los datos que sostienen la propuesta son contundentes. Según la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH) 2025, 17 millones de personas en México no usan internet, y para 9,2 millones de ellas la causa principal es la falta de conocimientos. La brecha etaria es el núcleo del problema: el 97,6% de los jóvenes de 15 a 24 años usa internet, frente al 57,8% de quienes tienen entre 65 y 74, y solo el 30,3% entre los mayores de 75. Trejo Pérez puso cifras locales al problema citando el caso de Iztacalco, donde más de 77.000 personas mayores de 60 años representan el 19,3% de la población de la alcaldía.
El diputado enumeró tres modalidades de fraude potenciadas por IA que ya operan contra este grupo: clonación de voz para extorsión, deepfakes que simulan programas falsos de pensiones, y suplantación algorítmica para robar credenciales bancarias. Con datos de la Policía Cibernética de la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC), señaló que el 33% de las personas mayores en la capital ha sido víctima de fraude o engaño remoto; y, citando a la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (CONDUSEF), que el 63% de las quejas bancarias de este sector están vinculadas a posibles fraudes o despojos patrimoniales.
Conviene leer la medida con los pies en el suelo: es un exhorto, no una ley con presupuesto etiquetado, y su ejecución depende de la disponibilidad presupuestal de SECTEI y de la capacidad real de PILARES para llegar a las 16 alcaldías con contenido actualizado sobre las amenazas más recientes. La distancia entre aprobar un punto de acuerdo y que un adulto mayor en Iztacalco reciba una sesión práctica sobre cómo detectar una voz clonada es, todavía, una incógnita de implementación.
Nuestra lectura es que este caso ilustra con precisión la tesis que venimos sosteniendo sobre el corto plazo de la IA: el daño no llega por la superinteligencia lejana, sino por la industrialización de estafas ya conocidas —el fraude telefónico, el phishing bancario— a las que la clonación de voz y los deepfakes generativos añaden una escala y un realismo antes inalcanzables. La población más expuesta no es la que menos entiende la tecnología en abstracto, sino la que tiene menos herramientas prácticas para verificar en segundos si la voz de un "familiar" o el aviso de una "pensión" son reales. Ahí la alfabetización digital deja de ser una política social genérica y se convierte en una medida de ciberseguridad de primera línea.
Esto conecta con algo que ya vimos en otras latitudes: el objeto que termina regulándose no es la capacidad del modelo de IA, sino la vulnerabilidad del vínculo que esa capacidad puede explotar —Ciudad de México intenta blindar el vínculo de confianza entre un adulto mayor y su banco, su médico o su hijo, frente a una voz que ya no garantiza identidad. Es una versión modesta, local, de un problema que se repetirá en cualquier ciudad que tenga población envejecida y smartphones: la defensa más barata y escalable no es prohibir la tecnología, es enseñar a desconfiar de la evidencia sensorial que antes bastaba.
A largo plazo, la misma IA que hoy clona voces para extorsionar es la que dentro de unos años podrá detectar esas clonaciones en tiempo real, actuar como asistente personal que filtra llamadas sospechosas o explicar en lenguaje sencillo por qué un mensaje es fraudulento antes de que la víctima responda. La abundancia tecnológica que defendemos como horizonte no excluye a quien hoy tiene 75 años y usa menos internet: al contrario, una sociedad que reparte salud, tiempo y herramientas de forma más equitativa necesita, primero, que nadie quede fuera por no saber leer una pantalla. Iniciativas como esta —modestas, locales, dependientes de presupuesto— son el trabajo poco vistoso pero necesario para que esa transición no deje atrás a quienes ya son más vulnerables.
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