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Anthropic ficha a Akamai por 11.600 millones (ampliables a 20.000) a cambio de hasta el 5% de la compañía

🕒 Publicado en Zendoric: 25 de septiembre de 2026 · 03:17

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Akamai y Anthropic firman un contrato de siete años por 11.600 millones de dólares, ampliable hasta 20.000 millones, para infraestructura en la nube. A cambio, Akamai entrega a Anthropic un warrant por hasta el 5% de su capital: el mismo mecanismo de 'cliente-accionista' que se repite en toda la industria de la IA.

Por Zendoric · 25 de septiembre de 2026.

Akamai Technologies anunció el 24 de septiembre un acuerdo ampliado con Anthropic por 11.600 millones de dólares de compromiso contractual a lo largo de siete años, según el comunicado de Akamai. El contrato cubre el suministro de infraestructura en la nube distribuida de Akamai para sostener la creciente demanda de cargas de trabajo de CPU —el procesador de propósito general que ejecuta la inferencia y otras tareas de cómputo, distinto de las GPU especializadas en entrenar modelos— de la startup de inteligencia artificial.

El pacto incluye una cláusula de expansión: si la relación crece, el compromiso total podría llegar a 20.000 millones de dólares, sumando hasta 9.000 millones adicionales a los 11.600 millones ya firmados. Como parte del acuerdo, Akamai ha emitido a Anthropic un warrant —un derecho a comprar acciones a un precio fijado de antemano en el futuro— sobre 7,7 millones de acciones convertibles de la serie B, equivalentes a hasta aproximadamente el 5% del capital de Akamai, con un precio de ejercicio de 111,33 dólares por acción.

La letra pequeña del vesting (la consolidación progresiva del derecho a ejercer esas acciones) importa: alrededor del 2% del capital se consolida ya, ligado al compromiso de 11.600 millones anunciado ahora; el 3% restante se irá liberando a medida que la relación se expanda hasta esos 9.000 millones adicionales, a razón de aproximadamente un 1% del capital por cada 3.000 millones de dólares extra en compras de servicios en la nube. Es, en esencia, un incentivo: cuanto más gaste Anthropic en Akamai, más acciones de Akamai acaba poseyendo.

En el terreno financiero, Akamai cifra en unos 5.500 millones de dólares el gasto de capital (capex, la inversión en infraestructura física) asociado a este contrato. La compañía no espera impacto en su previsión de ingresos para 2026, pero sí eleva en 1.700 millones de dólares su capex de este año para asegurarse por adelantado componentes críticos de la cadena de suministro, memoria incluida. El acuerdo se suma a más de 2.800 millones de dólares en otros compromisos plurianuales de servicios de infraestructura en la nube que Akamai ya había anunciado este año con otros clientes. Tras conocerse la noticia, las acciones de Akamai subieron con fuerza en el mercado, según recogió Benzinga. "Anthropic está impulsando la revolución de la IA y estamos encantados de que haya elegido las capacidades de Akamai para construir y operar infraestructura de IA a escala", dijo Tom Leighton, cofundador y consejero delegado de Akamai, en el comunicado.

En general, Akamai lleva años reinventándose: nació como el gran nombre de las redes de distribución de contenidos (CDN, la tecnología que replica webs y vídeo en miles de servidores repartidos por el mundo para que carguen rápido cerca del usuario) y, con ese negocio maduro y bajo presión de rivales como Cloudflare, ha ido reposicionándose como proveedor de "nube distribuida" y seguridad para aplicaciones de IA. Este contrato con Anthropic es la prueba más grande hasta la fecha de que esa apuesta tiene comprador.

Conviene situar el acuerdo dentro del mapa de infraestructura que Anthropic viene tejiendo desde 2025: cómputo de entrenamiento con los chips Trainium de Amazon y las TPU de Google Cloud, más el compromiso de hasta 30.000 millones de dólares en Azure que se anunció en noviembre de 2025 junto a la inversión conjunta de Microsoft y Nvidia de hasta 15.000 millones en la propia Anthropic. Akamai aporta una pieza distinta: no es una carrera de superordenadores para entrenar modelos, sino una red de miles de puntos de presencia repartidos por el planeta para servir inferencia y aplicaciones agénticas cerca del usuario final, con baja latencia. Es infraestructura para la fase en la que los modelos ya están entrenados y hay que atender a cientos de millones de peticiones simultáneas.

El mecanismo del warrant tampoco es una novedad aislada de este contrato: es el mismo que empleó AMD con OpenAI en 2025, cuando entregó al laboratorio un derecho sobre hasta el 10% de su capital ligado a un pedido plurianual de chips, y se repite con variantes en buena parte de los grandes contratos de infraestructura de IA firmados este último año. El proveedor logra un cliente ancla que garantiza ingresos futuros; el cliente obtiene, además de la infraestructura, una porción de la revalorización bursátil que su propio gasto puede generar en el proveedor. Es una forma elegante de alinear incentivos, pero también un mecanismo que hace depender una parte creciente del valor bursátil del sector de que esos compromisos de gasto, en su mayoría promesas a varios años vista, se cumplan de verdad.

Nuestra lectura: a corto plazo, este tipo de acuerdos son terreno abonado para la desconfianza legítima. Cuando una empresa anuncia que va a comprar 11.600 millones de dólares de servicios a otra a cambio de quedarse con una parte de ella, el mercado revaloriza a ambas compañías sobre la base de una promesa de gasto futuro, no de ingresos ya materializados; es el mismo patrón de "financiación circular" que empieza a inquietar a analistas cuando se repite entre Nvidia, OpenAI, AMD, CoreWeave, Oracle y compañía. Si la demanda de IA se ralentiza, estos compromisos plurianuales dejan a los proveedores con capex ya comprometido y capacidad que puede sobrar.

Pero hay un dato en el propio comunicado que apunta a algo más estructural que la ingeniería financiera: Akamai adelanta capex específicamente para "asegurar" memoria, uno de los componentes más escasos de la cadena de suministro de semiconductores en este momento. Eso encaja con una tesis que venimos sosteniendo en Zendoric: el cuello de botella de la IA ya no es tan cognitivo —los modelos siguen mejorando— sino físico: centros de datos, chips, memoria y, ahora también, redes capaces de servir esa inteligencia allí donde vive el usuario. Quien controla esa "fontanería" material acumula tanto poder de mercado como quien entrena el modelo más listo. Este contrato es otra pieza de ese mapa industrial: la construcción del sustrato físico que, si la apuesta a largo plazo de la IA se cumple, hará posible que la inteligencia artificial deje de ser un recurso escaso y caro y se convierta en una utilidad accesible para prácticamente cualquiera. El precio de ese tránsito, a corto plazo, se paga en warrants, capex disparado y una dependencia mutua entre laboratorios y proveedores que convendrá vigilar de cerca.

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Fuentes y referencias