El boom de centros de datos de IA en EE.UU. revela una dependencia crítica de componentes chinos

🕒 Publicado en Zendoric: 5 de septiembre de 2026 · 10:57
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El auge multimillonario de los centros de datos de inteligencia artificial en Estados Unidos está sacando a la luz una vulnerabilidad estratégica que hasta hace poco pasaba desapercibida: buena parte del hardware que mantiene funcionando esas instalaciones —no los chips, sino los equipos que las alimentan…
El auge multimillonario de los centros de datos de inteligencia artificial en Estados Unidos está sacando a la luz una vulnerabilidad estratégica que hasta hace poco pasaba desapercibida: buena parte del hardware que mantiene funcionando esas instalaciones —no los chips, sino los equipos que las alimentan eléctricamente— depende en gran medida de fabricantes chinos. Según analistas consultados por CNBC, empresas chinas suministran porciones significativas de transformadores, equipos de conmutación (switchgear), baterías y tecnología óptica utilizados en la infraestructura de centros de datos estadounidenses.
Hasta ahora, el debate sobre la rivalidad tecnológica entre Washington y Pekín se había centrado casi exclusivamente en el 'stack de cómputo': los semiconductores avanzados y el hardware de IA en el que Estados Unidos mantiene una ventaja clara. Sin embargo, según Laveena Iyer, analista sénior de The Economist Group, el escrutinio sobre la presencia china en el 'stack de energía' de los centros de datos ha aumentado notablemente en los últimos ocho meses, marcando un cambio de foco respecto a la preocupación anterior, centrada solo en el cómputo.
El 'power stack' de un centro de datos es el conjunto de equipos que garantiza que la instalación funcione con el mínimo de interrupciones. Incluye los transformadores, que convierten la electricidad de alta tensión de la red en los niveles más bajos que necesitan los servidores y los sistemas de refrigeración; el switchgear, que agrupa interruptores, fusibles y disyuntores; y las baterías, necesarias para la energía de respaldo. Según Ben Boucher, analista sénior de cadena de suministro en Wood Mackenzie, una de las áreas más notables de dependencia son los transformadores de subestación, que los hiperescaladores suelen instalar in situ para reducir la tensión de transmisión.
Las cifras aportadas por Yury Dvorkin, profesor asociado de la Universidad Johns Hopkins, dan una idea concreta de la magnitud del problema: la cuota china en ciertas categorías de transformadores y switchgear ronda el 30%, y en baterías representa más del 40% de las importaciones estadounidenses. Dvorkin añade que la exposición no se limita a los componentes finales, sino que se extiende 'aguas arriba', a materiales como el cobre, el acero eléctrico y los materiales catódicos de las baterías, lo que hace más difícil sustituir rápidamente esa cadena de suministro.
En el terreno de la tecnología óptica —que usa luz a través de cables de fibra en lugar de señales eléctricas por cobre para transmitir grandes volúmenes de datos— el dominio chino es aún más marcado. Empresas como Zhongji Innolight y Eoptolink lideran los ingresos globales de transceptores ópticos para centros de datos, y las firmas chinas concentran, en conjunto, aproximadamente dos tercios del suministro mundial de unidades, según la firma de investigación Counterpoint.
La respuesta política en Washington se ha intensificado. La semana pasada, el presidente Donald Trump firmó una orden ejecutiva que declara una emergencia nacional en torno a lo que calificó de 'amenaza extraordinaria' para Estados Unidos derivada de equipos del sistema eléctrico masivo (bulk-power system) fabricados en el extranjero. La orden autoriza al Departamento de Energía a prohibir o imponer condiciones sobre ciertas transacciones relacionadas con componentes usados en la red eléctrica y en los centros de datos. En un comunicado vinculado a la orden, Trump afirmó que 'la amenaza a Estados Unidos por el suministro extranjero de equipos eléctricos del sistema de energía masiva se ha vuelto aún más aguda' desde su primer mandato, y que 'el rápido crecimiento de la manufactura avanzada, los centros de datos, la inteligencia artificial y la producción de defensa ha aumentado la dependencia de la nación de una electricidad abundante y confiable'. Ya en abril, en una determinación presidencial, Trump había calificado como 'esenciales para la defensa nacional' a los transformadores, líneas de transmisión, conductores, subestaciones, disyuntores de alta tensión y electrónica de control de potencia.
Esta presión regulatoria se ha traducido también en medidas concretas: en julio, la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) añadió los inversores de energía producidos en el extranjero —que ayudan a conectar fuentes de energía para instalaciones de IA— a su 'Covered List', el listado de equipos y servicios que el gobierno estadounidense considera un riesgo inaceptable para la seguridad nacional. Además, según se ha informado, la administración Trump estaría redactando una prohibición a las importaciones estadounidenses de nuevos transceptores ópticos chinos. Ni la FCC ni la Casa Blanca respondieron directamente a las preguntas de CNBC sobre esta última medida.
Desde el lado de la industria, ya hay movimientos para reducir la dependencia. Hitachi Energy anunció en septiembre de 2025 una inversión de 1.000 millones de dólares para ampliar la producción de infraestructura crítica de red en Estados Unidos, incluidos 457 millones de dólares para una nueva planta de transformadores de gran potencia destinada a atender la demanda del auge de la IA. Siemens Energy, por su parte, anunció en febrero una inversión de 1.000 millones de dólares en producción estadounidense de equipos de red y turbinas de gas para infraestructura de IA y expansión de centros de datos.
En el terreno óptico, cualquier restricción a las empresas chinas podría beneficiar a firmas estadounidenses como Lumentum y Coherent, ambas receptoras de una inversión de 2.000 millones de dólares cada una por parte de Nvidia en marzo. Sin embargo, los analistas advierten de que escalar la manufactura para cubrir la nueva demanda no será sencillo. Neil Shah, vicepresidente de investigación en Counterpoint, señaló en un informe de agosto que competidores occidentales como Coherent y Lumentum cuentan con diseños fotónicos avanzados, pero actualmente carecen de la capacidad de salas limpias, la infraestructura de empaquetado automatizado y la escala de rendimiento necesarias para absorber el volumen de Innolight y Eoptolink en un horizonte de 12 a 24 meses.
El riesgo de que las restricciones generen escasez y encarecimiento ya se está manifestando en cifras concretas: según investigación de Wood Mackenzie, los transformadores de potencia y las subestaciones ya presentan en 2026 una escasez de mercado estimada del 15% y el 8%, respectivamente, y las restricciones al uso de unidades fabricadas en China no harán sino agravar estos problemas de cadena de suministro. Boucher, de Wood Mackenzie, explicó en un blog de agosto que buena parte del impacto recaerá sobre los centros de datos que han venido utilizando unidades chinas precisamente para minimizar los plazos de entrega, y que el segmento de más de 100 MVA es donde la escasez ya es más aguda, justo el segmento en el que los centros de datos han recurrido a fabricantes chinos para gestionar esos plazos.
A pesar de estos riesgos de coste y suministro, la voluntad política en Washington para reducir la dependencia de China en el stack de energía sigue en aumento, según Iyer. La analista traza un paralelismo revelador con el despliegue del 5G: la administración estadounidense parece decidida a 'desriesgar' su infraestructura de IA antes de que la tecnología china quede plenamente integrada en ella, un poco como ocurrió con el 5G, donde la retirada posterior de equipos de telecomunicaciones chinos provocó retrasos en el despliegue de redes y un aumento de costes para las compañías de telecomunicaciones.
Desde Pekín, un portavoz de la embajada china en el Reino Unido respondió a CNBC que 'nos oponemos a estirar excesivamente el concepto de seguridad nacional para atacar a empresas extranjeras' y expresó la esperanza de que 'los países relevantes proporcionen un entorno empresarial justo, equitativo y no discriminatorio para las empresas chinas'. Por su parte, un portavoz de la Casa Blanca defendió la agenda de la administración, señalando que 'relocalizar la manufactura crítica para nuestra seguridad nacional y económica ha sido una prioridad principal del presidente Trump' y que la estrategia de recortes fiscales, aranceles y desregulación 'está dando resultado', citando billones de dólares en inversiones en sectores clave que van del acero a los semiconductores y la industria automotriz.
El trasfondo de todo este debate es la escala del crecimiento previsto: según S&P Global, la capacidad de centros de datos en Estados Unidos pasará de 62 GW en marzo de 2026 a 152 GW en 2030, impulsada por las cargas de trabajo de IA de alta densidad. Esa expansión acelerada es precisamente lo que, según los analistas citados, ha llevado a los operadores a apoyarse en proveedores chinos capaces de entregar equipos con rapidez, y lo que ahora convierte cualquier intento de desconexión de esa cadena de suministro en un ejercicio delicado: reducir el riesgo geopolítico sin frenar, ni encarecer excesivamente, la propia carrera por construir la infraestructura de IA que Washington considera estratégica.
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