El juez frena a las editoriales musicales: sin pruebas concretas de las 20.517 obras, la demanda contra Anthropic se tambalea

🕒 Publicado en Zendoric: 5 de noviembre de 2026 · 00:16
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La jueza Eumi Lee dudó en audiencia de que las editoriales musicales hayan fundamentado su acusación de copia por torrent contra Anthropic y pidió más escritos. Lo que se decide va más allá de las letras: ¿basta con sospechar para litigar contra un laboratorio de IA?
Por Courthouse News · 4 de noviembre de 2026.
Una jueza federal de San José (California) mostró este miércoles sus reservas sobre la demanda de varias editoriales musicales contra Anthropic. Eumi Lee había adelantado que rechazaría la moción de Anthropic para desestimar el caso, pero tras escuchar los argumentos orales dudó de que los demandantes hubieran expuesto su reclamación con suficiente detalle y pidió escritos adicionales, según la crónica de Courthouse News.
El núcleo del asunto: las editoriales (entre ellas Concord Music Group, Capitol CMG, entidades de Universal Music y ABKCO) acusan a Anthropic de haber copiado más de 20.000 obras mediante torrents, es decir, descargas por redes de intercambio de archivos. Citan en concreto 20.517 obras. Según la crónica, esas editoriales presentaron la queja este año, en paralelo a un caso de 2024 sobre el entrenamiento de Claude con material protegido. Dicen que supieron de las descargas de libros de partituras por el caso Bartz v. Anthropic, la demanda colectiva de autores de libros de 2025, y por eso no pudieron incluirlas antes.
La defensa, encabezada por Sonal Mehta, sostiene que la segunda demanda enmendada no explica cómo ni por qué se eligieron esas 20.517 obras y que no pasa de lo «posible» a lo «plausible». Añade que Anthropic ha creado «barreras reforzadas» (guardrails) que impiden que Claude reproduzca letras protegidas, y que las de los modelos nuevos no incluyen material de las bibliotecas pirata. El abogado de las editoriales, Nicholas Hailey, replica que no tienen por qué probar cada hecho en esta fase ni conocer el detalle interno de la infracción. Sostiene también que Claude ha memorizado las obras y puede recuperarlas cuando un usuario lo pide.
La jueza fue directa con la cifra: es «curiosamente específica, pero a la vez no», dijo, y recordó que no puede basarse solo en «información y creencia». Además, Lee desestimó parcialmente, con permiso para enmendar, la acción contra Dario Amodei, cofundador y CEO de Anthropic, por infracción directa. Su razonamiento: con ese criterio, «cualquier CEO de una pequeña startup sería responsable». Sigue abierta la vía de la infracción secundaria, que Anthropic no ha impugnado. Ambos casos, el de 2024 y el de 2026, los lleva Lee, que aún no ha resuelto el juicio sumario del primero. En enero de 2025 ordenó mantener las barreras existentes y aplicarlas a modelos futuros, sin frenar en general el entrenamiento con letras.
Nuestra lectura. Esto es un revés procesal, no una absolución. Que una demanda tenga que afinar sus alegaciones es habitual; no dice nada sobre si los torrents existieron. Y esa es la cuestión de fondo: la fase de descubrimiento (la exigencia de documentos) es donde se sabría la verdad, y las editoriales dicen que no tienen acceso al detalle de cómo se produjo la infracción. Es el dilema clásico de los pleitos contra laboratorios opacos: quien acusa no ve los datos, y el juez no deja entrar sin indicios concretos.
También importa la distinción que la jueza parece trazar entre adquisición y salida. Como contexto del sector, la línea que dejó el caso Bartz (liquidado por 1.500 millones de dólares, según la crónica, el mayor acuerdo por derechos de autor en la historia de EE. UU.) es que el riesgo grave no está tanto en entrenar como en cómo se consiguió el material. Si las editoriales no pueden ligar sus obras a descargas concretas, su argumento se debilita; si lo logran, el precedente de Bartz pesa.
Corto plazo: más litigios, más costes legales y más incertidumbre para todos los laboratorios, que tendrán que documentar mejor la procedencia de sus datos. Largo plazo, y aquí está nuestro optimismo matizado: este tipo de fricción es el camino hacia un sistema de licencias claro que dé a los creadores una compensación justa y a los laboratorios seguridad jurídica. Una IA capaz de acelerar la ciencia y la medicina no debería construirse sobre una zona gris permanente. El desenlace de este caso, hoy abierto, ayudará a marcar dónde está la línea.
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