Nueva York: los jóvenes graduados ya sufren más paro que los que no fueron a la universidad, y la IA es la sospechosa

🕒 Publicado en Zendoric: 13 de octubre de 2026 · 00:19
✨ Generado con IA · cómo se hace
En marzo de 2026, el paro de los neoyorquinos de 22 a 27 años con título (7,3%) superó al de los que no lo tienen (7,1%), algo no visto desde 2011. El interventor de la ciudad señala a la IA; es una pista, no una prueba.
Por New York Post · 12 de octubre de 2026.
Los jóvenes de Nueva York con título universitario tienen ahora más paro que los que no lo tienen. Según los datos de la Oficina de Estadísticas Laborales de EE.UU. (BLS) que difundió el interventor municipal Mark Levine, los neoyorquinos de 22 a 27 años con carrera llegaron al 7,3% de paro en marzo de 2026. Los de la misma edad sin estudios superiores se quedaron en el 7,1%.
Es la primera vez desde enero de 2011 que ocurre, según el gráfico de Levine. Entonces la brecha era enorme y de signo contrario: 13,6% de paro para quienes no tenían título, frente a 7,3% para quienes sí. Según esos datos, el paro de los graduados sube de forma sostenida desde la primavera de 2024. El de los no graduados cae desde el otoño de ese mismo año.
Levine atribuye el cambio, con cautela, a la IA. En X lo llamó «una señal más de que la IA ya está afectando al empleo en Nueva York» y preguntó cuánto hay que esperar para tratarlo como algo real. Su oficina se apoya en un informe de mayo que advertía de que la ciudad «camina dormida hacia la era de la IA». Según ese informe, la IA podría costar unos 300.000 empleos y 14.000 millones de dólares en ingresos fiscales. Para llegar a esa conclusión cita datos de Anthropic sobre la alta concentración de uso de IA en profesiones informáticas y matemáticas. La oficina también estima que la IA podría crear unos 52.000 empleos nuevos hasta 2030 si se toman las medidas adecuadas.
El dato nacional apunta en la misma dirección. Según el BLS, en junio el paro de los jóvenes graduados en EE.UU. fue del 5,7%, frente al 4,1% del conjunto de trabajadores. Según la Fed de Nueva York, en 2010 los recién graduados tenían un 5,9% de paro y el total de trabajadores un 9,3%. Hoy la situación se ha invertido.
**Nuestra lectura.** La tesis que defendemos es esta: el título universitario ha dejado de proteger de entrada y la IA es una explicación plausible, pero no la única demostrada. Una diferencia de dos décimas (7,3% frente a 7,1%) sobre una muestra de una sola ciudad y un solo mes es muy pequeña. Se mueve dentro del ruido estadístico habitual y no prueba por sí sola una causa. Además, el artículo no aporta un análisis que separe el efecto de la IA del de otros factores. En general, los tipos de interés, el enfriamiento de la contratación en el sector financiero y tecnológico y la sobreoferta de graduados también presionan el empleo juvenil. Lo que sí tiene peso es la tendencia: dos años de divergencia entre los dos grupos y un patrón similar en el conjunto del país.
Lo que encaja con lo que venimos viendo es el mecanismo. La IA devora primero las tareas de entrada de la oficina: redactar, resumir, programar lo sencillo, preparar informes. Son justo los puestos que servían para que un recién graduado aprendiera el oficio. Nueva York, con su peso en finanzas, derecho, medios y servicios profesionales, es el ejemplo más claro de esa exposición. Por eso Levine la llama «canario en la mina». Los sectores presenciales y manuales, que la IA toca menos, absorben mejor a quienes no tienen título.
El riesgo a corto plazo es real y conviene decirlo sin rodeos. Una generación con deuda universitaria y un primer escalón laboral que se estrecha puede quedar marcada durante años. La respuesta que propone Levine, reservar el 16% de los ingresos fiscales anuales en el fondo de reserva de la ciudad, es prudente, pero solo amortigua el golpe. Lo que falta es reformar la formación: menos título como filtro y más práctica supervisada, con la IA como herramienta en la que se entrena a los jóvenes y no como sustituto de su primer empleo.
A largo plazo, nuestra apuesta sigue siendo optimista. Si la IA abarata de verdad la producción de bienes y servicios, la abundancia resultante hará posible que el trabajo deje de ser una obligación de entrada y sea una elección. Pero esa transición no es automática ni indolora. Los datos de Nueva York no demuestran todavía que la IA sea la causa, pero sí nos dicen que ya es hora de medirla en serio, antes de que la brecha se convierta en un problema estructural.
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