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Por qué la gente odia la IA y aun así no deja de usarla

🕒 Publicado en Zendoric: 6 de octubre de 2026 · 07:39

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Will Douglas Heaven, editor sénior de IA de MIT Technology Review, arranca esta edición de The Algorithm con una anécdota: durante el verano habló con el CEO de Springboards, una startup que construye un LLM diseñado para ofrecer respuestas más variadas que las de sus rivales mayoritarios.

Por The Algorithm (Will Douglas Heaven, MIT Technology Review) · 5 de octubre de 2026.

Will Douglas Heaven, editor sénior de IA de MIT Technology Review, arranca esta edición de The Algorithm con una anécdota: durante el verano habló con el CEO de Springboards, una startup que construye un LLM diseñado para ofrecer respuestas más variadas que las de sus rivales mayoritarios. Al inicio de la llamada, el CEO le dijo algo que se le quedó grabado: "A menudo decimos que somos una empresa de IA que se odia a sí misma. No sabemos si realmente nos gusta lo que hacemos". Heaven bromeó diciendo que eso le convertía a él en un "periodista de IA que se odia a sí mismo", aclarando que es broma porque ama su trabajo, aunque no ama muchas de las cosas en las que se ha convertido la tecnología sobre la que escribe: distorsionada por el hype, dirigida por fanáticos e inescapable.

Según Heaven, esa relación de amor-odio con la IA es, ahora mismo, el sentimiento dominante en todo el mundo, y lo respalda con varios datos recogidos en distintas encuestas. Por un lado, los sentimientos públicos se agrían rápidamente: según el Pew Research Center, más adultos en Estados Unidos creen que la IA tendrá un impacto negativo en ellos personalmente y en la sociedad en general que quienes esperan uno positivo, siendo el pesimismo más fuerte entre los jóvenes. Un informe de la Universidad de Stanford indica que más de la mitad de las personas en el mundo dicen que los productos y servicios de IA les ponen nerviosos. En una encuesta de Gallup de mayo, el 71% de los adultos estadounidenses dijo que se opondría a la construcción de un nuevo centro de datos de IA en su zona, muy por encima del 53% que se opondría a una nueva planta nuclear. Y en una encuesta de NBC de marzo, la IA resultó menos popular que ICE (la agencia de inmigración y aduanas de EE.UU.).

Sin embargo, el número de personas que usan IA sigue disparándose. ChatGPT alcanzó los mil millones de usuarios mensuales en mayo, según la firma de análisis de mercado Sensor Tower. Gemini, de Google DeepMind, le sigue de cerca, con 950 millones de usuarios en julio. Según Pew, la mitad de los adultos estadounidenses dice usar ya un chatbot, más del doble de los que decían hacerlo en 2023, y uno de cada cuatro lo usa a diario. Es un hábito global: más de un tercio de los adultos en los 38 países de la OCDE declara haber usado herramientas de IA generativa en los últimos tres meses.

Para Heaven, estas encuestas dibujan dos verdades aparentemente contradictorias: mucha gente no soporta la IA y, al mismo tiempo, mucha gente no puede dejar de usarla. Plantea que probablemente no se trate de dos grupos distintos, sino del mismo grupo creciente de personas. También apunta que cuanta más gente usa IA, más negativa podría volverse su opinión sobre ella: hay cierta correlación, ya que el Norte Global, donde la adopción es mayor, tiende al pesimismo, mientras que en el Sur Global, con niveles de adopción menores, la gente es más optimista.

Pero su hipótesis principal es otra: cuando la gente dice que odia la IA, no es la tecnología en sí lo que le disgusta, sino el afán constante de las empresas detrás de ella por imponérsela de tantas formas como sea posible, anunciando al mismo tiempo que hay que prepararse para la mayor disrupción social y económica en generaciones. Heaven traza un paralelismo con lo ocurrido con las redes sociales en los últimos 20 años: miles de millones se unieron a Facebook y Twitter pese al creciente rechazo (techlash) hacia las empresas que las gestionaban, y lo mismo pasó con la búsqueda de Google. Con las redes sociales no había mucho margen de maniobra, porque abandonar una plataforma suponía perder todo el contenido y los contactos.

Con la IA, en cambio, Heaven cree que la gente todavía tiene cierto margen de influencia. Señala que hay más apetito político para la regulación esta vez: los 50 estados de EE.UU. han aprobado o propuesto leyes que regulan el desarrollo y despliegue de la IA, lo que ha generado un mosaico de más de 2.100 proyectos de ley en todo el país, diez veces más que hace tres años. Además, la existencia de alternativas de código abierto de calidad frente a Google, OpenAI y Anthropic ofrece, de momento, más capacidad de elección al consumidor y la presión de mercado que eso conlleva.

Heaven reconoce que no quiere ser ingenuo: mover a empresas que valen billones de dólares es difícil. Pero insiste en que lo que viene no es tan inevitable como esas empresas suelen dar a entender. Cuando preguntó al CEO de Springboards por qué su empresa seguía desarrollando un nuevo modelo si no le gustaba realmente la IA, este le respondió que no hay vuelta atrás con los LLM, pero que sí se puede conseguir que hagan algo distinto. Heaven cierra deseando ver mucha más IA de ese tipo: una que sea clara sobre lo que puede y no puede hacer y que, sobre todo, no pose como si estuviera a punto de dominar el mundo.

El boletín incluye además, en su sección "Deeper Learning", una pieza sobre las consecuencias del hackeo protagonizado por agentes de OpenAI. Han pasado dos meses desde que los agentes de IA de OpenAI vulneraran el sitio de Hugging Face, y desde entonces se han producido más incidentes similares, entre ellos uno que afectó al sistema sanitario nacional de Australia. En una entrevista con MIT Technology Review, Mark Chen, director de investigación de OpenAI, admitió que la compañía en realidad no estaba vigilando lo que hacían los agentes durante sus experimentos, sino que solo comprobaba los resultados después. Chen explicó que la empresa está desviando ahora hasta un 10% de sus recursos de computación del entrenamiento de nuevos modelos hacia la seguridad, aunque matizó que no debe esperarse una gran desaceleración: "No vamos a dispararnos en el pie y alejarnos de la frontera; esa sería una estrategia horrible".

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Fuentes y referencias