El Pentágono deja de usar Claude: el precio de negarse a retirar las barreras de seguridad

🕒 Publicado en Zendoric: 5 de octubre de 2026 · 00:06
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El Departamento de Defensa de EE.UU. confirma a la BBC que ha «cesado el uso de productos de Anthropic», ocho meses después de declararla «riesgo para la cadena de suministro». La ruptura llega tras la negativa de la compañía a eliminar sus salvaguardas y dar acceso sin restricciones al Ejército. La tesis: no es un contrato que se pierde, es la primera prueba real de si un laboratorio puede sostener sus líneas rojas frente a su cliente más poderoso.
El Departamento de Defensa de EE.UU. ha dejado de usar las herramientas de Anthropic. Un funcionario del departamento declaró a la BBC que el Pentágono «ha cesado el uso de productos de Anthropic», ocho meses después de que el secretario de Defensa, Pete Hegseth, designara a la empresa como riesgo para la cadena de suministro por motivos de seguridad nacional. La propia compañía declinó comentar. Tampoco está claro, según la BBC, por qué la desconexión se ha materializado justo ahora.
El origen del choque es explícito y conviene no suavizarlo. Según el relato de la BBC, a principios de año el Pentágono presionó a Anthropic para que retirase las salvaguardas de Claude y concediese al Ejército acceso sin restricciones a sus modelos. Anthropic se negó, alegando riesgos de vigilancia masiva y armas autónomas. La respuesta fue la designación de febrero como «riesgo de cadena de suministro de seguridad nacional», una figura legal que, según el artículo, suele reservarse a empresas radicadas en países hostiles a EE.UU. Anthropic calificó la medida de «sin precedentes e ilegal» y demandó a la administración Trump; un juez ya ha dictaminado que hubo represalia ilegal, según recoge el propio medio. Es una acusación de parte resuelta en sede judicial, no una conclusión nuestra.
El detalle más revelador no es la ruptura, sino lo que tardó. Hegseth fijó el plazo de seis meses el 27 de febrero —un día antes del ataque de EE.UU. e Israel contra Irán— y anunció el fin del uso para finales de agosto. Pero varias fuentes familiarizadas con el asunto aseguran a la BBC que hasta la semana pasada Claude seguía utilizándose en investigación, análisis, recopilación de inteligencia y operaciones militares contra Irán, incluidos los modelos Mythos, «durante todo el periodo» de la controversia. Estaba embebido en Maven Smart System, la plataforma principal del Pentágono para organizar inteligencia, operada por Palantir. Lauren Kahn, analista del CSET de Georgetown y ex funcionaria de Defensa, lo resume con precisión: «estas cosas no son plug and play; una vez integradas, sacarlas puede ser doloroso».
Ese es el hecho técnico que más dice sobre la década que viene. Un modelo de lenguaje dentro de una plataforma de inteligencia no es una suscripción que se cancela: es fontanería. Siete meses para desenchufarlo de un sistema operativo de guerra indica que la dependencia se crea mucho antes de que nadie la discuta políticamente. Y mientras tanto el hueco se llena: el Pentágono ha firmado con Google, xAI y OpenAI, y las herramientas de OpenAI se han adoptado más ampliamente en algunos departamentos militares en los últimos meses, según dos personas citadas por la BBC. Un ex alto cargo de Defensa reconoce que hubo «preocupación» por pasar de Anthropic a OpenAI.
Nuestra lectura. Esto conecta directamente con la tesis que venimos sosteniendo desde el caso Mythos: el modelo de frontera ya no es un producto, es un activo estratégico, y quien lo gobierna gobierna algo más que un negocio. Aquí vemos la otra cara de esa moneda. Cuando un laboratorio mantiene sus límites —no vigilancia masiva, no armas autónomas— el Estado no negocia: reclasifica, sanciona y sustituye. La pregunta incómoda no es si Anthropic tenía razón, sino si un competidor con menos convicción o más necesidad aceptará el trato que ella rechazó. La presión no desaparece; se desplaza al siguiente proveedor de la fila.
Y ahí está el matiz optimista, que lo hay. Que este pulso se haya dirimido en un tribunal, con una sentencia sobre represalia ilegal, y no en un despacho cerrado, es exactamente el tipo de fricción institucional que necesitamos. La gobernanza de la IA no la escribirán los manifiestos corporativos: la escribirán casos concretos como este, donde se establece que un Gobierno no puede usar la etiqueta de «amenaza extranjera» contra una empresa nacional por negarse a desactivar sus propias salvaguardas. A corto plazo es un conflicto feo y una relación rota. A largo plazo, que existan modelos que digan que no —y jueces que los amparen— es precisamente la condición para que esta tecnología acabe dedicada a curar enfermedades y no solo a procesar objetivos.
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