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LeCun llama «delirante» a Amodei: la pelea por el relato del riesgo de la IA ya es una guerra de marketing

🕒 Publicado en Zendoric: 4 de octubre de 2026 · 09:58

✨ Generado con IA · cómo se hace

Yann LeCun, premio Turing y uno de los «padrinos de la IA», dice a Fortune que no le preocupa «en absoluto» que la IA extermine a la humanidad y califica de «delirante» y «loco» a Dario Amodei por pedir frenar el desarrollo. Nuestra tesis: ninguno de los dos discute datos; discuten sobre qué historia debe creerse el público, y esa es exactamente la discusión que peor se arbitra con declaraciones.

Yann LeCun, que en 2018 ganó el Premio Turing —el equivalente al Nobel en informática— junto a otros dos investigadores por su trabajo en aprendizaje profundo, la tecnología que sostiene el boom actual, ha vuelto a romper con sus colegas. En declaraciones a Fortune recogidas por Yahoo Finance, LeCun afirma que no le preocupa «en absoluto» que la IA acabe con la humanidad y que tiene «cero preocupaciones» sobre incidentes de IA descontrolada. De los tres «padrinos de la IA» bautizados tras aquel premio, es el único que mantiene esa posición casi una década después.

El ataque es personal y explícito. Según Fortune, LeCun considera «delirante» y «loco» a Dario Amodei, consejero delegado de Anthropic, por la carta que este publicó en septiembre pidiendo una ralentización deliberada del desarrollo de la IA. Y amplía el tiro a Sam Altman: que Amodei y el CEO de OpenAI digan «la IA puede matarnos a todos» es, en palabras de LeCun, «increíblemente destructivo para todo el mundo, incluido el público que está asustado». Su remate es el de un ejecutivo, no el de un académico: lo llama «la peor campaña de marketing que puedas imaginar».

El artículo añade el contexto que explica la temperatura del choque. Fortune señala que Amodei y buena parte del equipo fundador de Anthropic están asociados al altruismo eficaz (EA), la corriente que dice usar evidencia y razón para maximizar el bien y que lleva años obsesionada con el riesgo existencial de la IA. El movimiento volvió a los titulares en septiembre cuando un exinvestigador de Anthropic y OpenAI afirmó que empleados de ambas compañías «creen sinceramente que [la IA] podría matarnos a todos antes de que acabe la década». Amodei ha negado ser adherente del EA; LeCun replica señalando que la hermana de Amodei está casada con el cofundador de dos entidades filantrópicas alineadas con el EA, entre ellas Open Philanthropy, hoy renombrada Coefficient Giving. Conviene subrayarlo: son acusaciones cruzadas entre partes interesadas, no hechos verificados sobre las capacidades de los modelos.

Y ahí está el problema de fondo. Nadie en esta discusión aporta un benchmark, un experimento ni una tasa de fallo. Se discuten genealogías ideológicas y vínculos familiares. Es la versión tecnológica del argumento ad hominem: en lugar de refutar la tesis, se reconstruye el árbol de incentivos de quien la sostiene. Y funciona en ambas direcciones, porque también LeCun tiene incentivos —ha construido su carrera defendiendo que los modelos de lenguaje actuales son un callejón sin salida hacia la inteligencia real, lo que hace cómodamente consistente decir que no pueden ser peligrosos.

Nuestra lectura: aquí hay dos debates superpuestos y hay que separarlos para no perder el tiempo. El primero —¿puede una IA actual exterminar a la humanidad?— es especulativo, no está resuelto y no se resuelve a gritos. El segundo —¿qué daños reales está causando ya la IA?— sí tiene datos y es el que importa esta década: automatización del fraude y el espionaje, agentes con inventarios de permisos que nadie audita, destrucción de empleo administrativo, concentración de poder en pocas manos. Ese segundo debate es el que pierde oxígeno cada vez que la conversación se convierte en un duelo sobre si el apocalipsis llega en 2030. LeCun tiene razón en una cosa: el discurso apocalíptico sin métricas asusta al público sin protegerlo. Pero su conclusión —cero preocupaciones— es el error simétrico. Nuestra posición es la de siempre: distinguir capacidad demostrada de aspiración y de miedo, exigir evidencia a ambos bandos, y gobernar lo que ya está pasando. El horizonte largo sigue siendo bueno: una IA que acelere la medicina, alargue la vida sana y genere abundancia real. Llegar bien a ese horizonte exige una transición vigilada con instrumentos, no dos premios Turing llamándose locos en la prensa económica.

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Fuentes y referencias