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Anthropic pagará hasta 84.500 millones a la SpaceX de Musk: el cómputo pesa más que la ideología

🕒 Publicado en Zendoric: 3 de octubre de 2026 · 02:03

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En febrero Elon Musk llamó «evil» a Anthropic. Ocho meses después, el folleto de salida a bolsa de Anthropic revela que podría pagar hasta 84.500 millones de dólares a SpaceXAI por capacidad de cálculo hasta 2029, casi el doble de lo estimado en mayo. La lección no es que la enemistad se cure con dinero: es que el cómputo se ha convertido en una materia prima tan escasa que nadie puede permitirse elegir proveedor por afinidad.

El folleto de salida a bolsa de Anthropic revela que la compañía podría gastar hasta 84.500 millones de dólares hasta 2029 en capacidad de cálculo contratada a SpaceXAI, según informó Reuters. Es casi el doble de los aproximadamente 45.000 millones que se estimaban en mayo, cuando el propio folleto de SpaceX destapó un acuerdo de 1.250 millones de dólares mensuales hasta mayo de 2029 por el acceso a 325.000 GPUs de Nvidia —los chips especializados donde se entrenan y ejecutan los modelos— alojadas en los servidores Colossus. SpaceXAI es el nuevo nombre de xAI, la empresa de IA fundada por Elon Musk que pasó a ser filial de SpaceX en febrero de 2026. Ni SpaceX ni Anthropic respondieron a la petición de comentarios de Moneywise.

El detalle que convierte la noticia en algo más que una cifra es el calendario. En febrero de 2026, cuando Anthropic presumió en redes de una valoración de 380.000 millones de dólares, Musk respondió llamando a la compañía «evil» y añadiendo que no veía forma de que Anthropic escapara a «la inevitable ironía de acabar siendo Misanthropic». Tres meses después, su empresa le estaba facturando. Axios apunta a la explicación más prosaica: a Musk el contrato le engorda los ingresos de SpaceX justo antes de su salida a bolsa, y a Anthropic le resuelve el cuello de botella que más le aprieta. Un acuerdo en el que ambos ganan tiende a desactivar la animadversión con notable eficacia.

El contrato con SpaceX, además, es una pieza pequeña de algo mucho mayor. Según Reuters, el folleto de Anthropic describe un plan de gasto de 518.000 millones de dólares a lo largo de la próxima década: 161.200 millones a Broadcom en arrendamiento de equipos, 111.100 millones a Google, 110.000 millones a Amazon y 31.400 millones a Microsoft. La justificación es una tesis explícita: que la IA transformará la economía global más profundamente que la industrialización, la electricidad e internet, y que la demanda futura de sistemas avanzados superará a la oferta disponible. El dato más incómodo del folleto es otro: el 80% de ese gasto comprometido es no cancelable o exige pago aunque no se use la capacidad. El acuerdo con SpaceX, curiosamente, sí tiene cláusula de salida.

Conviene manejar las comparaciones con cuidado. El artículo contrasta esos 518.000 millones con la previsión de Goldman Sachs de agosto —un billón de dólares de inversión mundial en IA en 2026, de los cuales 581.000 millones en Estados Unidos— para concluir que Anthropic sola representaría más de la mitad del total global. No es así: una cifra es gasto acumulado a diez años y la otra es inversión de un solo ejercicio. La magnitud sigue siendo extraordinaria, pero el titular aritmético no aguanta. Lo que sí aguanta, y es más relevante, es el 80% no cancelable: eso convierte una previsión de demanda en una obligación contractual. Si la demanda llega, es una ganga; si se retrasa, es una losa en el balance.

Nuestra lectura: el cómputo se ha vuelto tan escaso y tan estratégico que ha dejado de ser ideológicamente negociable. Un laboratorio que ha construido su identidad sobre la seguridad de la IA paga miles de millones a la infraestructura de quien lo llamó «malvado» en público, porque la alternativa —no entrenar— no existe. Es la versión extrema de un patrón que venimos siguiendo: el capex de la IA se está financiando mediante acoplamientos cruzados entre laboratorios, proveedores y mercados de capitales, de modo que la salud de cada actor depende cada vez más de la de sus rivales. Eso reduce la fricción competitiva a corto plazo y aumenta el riesgo sistémico si la corrección llega.

Y aquí es donde pedimos perspectiva en lugar de pánico. La vara de medir sigue siendo la misma: para justificar esta inversión hacen falta ingresos reales de infraestructura en el entorno de 1,3 billones de dólares anuales en 2030. Es una cifra que todavía nadie ha demostrado que vaya a materializarse, y por eso el escepticismo financiero es legítimo. Pero lo que se está construyendo con ese dinero —centros de datos, capacidad de entrenamiento, modelos cada vez más capaces— es también la base material de los avances que de verdad importan: diagnóstico, descubrimiento de fármacos, automatización de lo tedioso. Que la factura la pague una burbuja o un plan de negocio sólido es una pregunta abierta. Que la infraestructura quedará, no tanto.

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Fuentes y referencias