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Un máster en IA cancelado en secreto: 12 alumnos demandan a Troy University por fraude

🕒 Publicado en Zendoric: 2 de octubre de 2026 · 00:19

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Doce exalumnos de Troy University (Alabama) denuncian que la universidad canceló su máster en Inteligencia Artificial en diciembre de 2025 y lo ocultó casi cuatro meses mientras ellos seguían pagando matrícula y asistiendo a clase, según la demanda presentada el 1 de octubre.

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Por Zendoric · 2 de octubre de 2026.

Doce estudiantes de Troy University, en Alabama, han demandado a la institución por el cierre no anunciado de su Master of Science in Artificial Intelligence (MSAI), el máster en inteligencia artificial en el que estaban matriculados. Según la demanda presentada el 1 de octubre y recogida por el Montgomery Advertiser, los estudiantes se inscribieron en 2025 en lo que la universidad les había presentado como un programa presencial, en el propio campus. La denuncia alega que Troy decidió terminar el programa el 16 de diciembre de 2025, pero no lo comunicó a los afectados hasta el 7 de abril siguiente: casi cuatro meses en los que, según los demandantes, siguieron yendo a clase, pagando matrícula y organizando su vida profesional alrededor de un título que la universidad ya no pensaba conceder.

"Cada uno de nuestros clientes fue reclutado por Troy porque había logrado éxito y estatus en su vida, en su trabajo y en su carrera", declaró Rick Morrison, del Morrison Law Firm, que representa a los demandantes, según recoge el propio medio. "Cada uno asumió compromisos importantes de tiempo y dinero basados en promesas que la universidad nunca tuvo intención de cumplir". Los estudiantes sostienen que Troy les ofreció después continuar sus estudios online a través de otros programas, una vía que ninguno de ellos había buscado; uno de los demandantes llega a afirmar que, de no ser por ese máster concreto, no habría tenido motivo para vincularse con la universidad. La demanda reclama daños compensatorios y punitivos. Troy University no ha respondido a la solicitud de comentarios del Montgomery Advertiser, así que de momento solo tenemos la versión de los demandantes; conviene tratar el relato como acusación, no como hecho probado, hasta que haya respuesta de la universidad o resolución judicial.

Como contexto del sector, este episodio no ocurre en el vacío. La demanda de credenciales en inteligencia artificial se ha disparado en los últimos dos años, alimentada por profesionales que buscan reconvertirse hacia los perfiles que de verdad están ganando peso en el mercado laboral: arquitectura de sistemas de IA, gobierno de seguridad e integración de estas herramientas en procesos existentes, frente al trabajo administrativo y rutinario que la propia IA va sustituyendo. Universidades de todo Estados Unidos han respondido lanzando másteres y certificaciones con la etiqueta "IA" a un ritmo que no siempre va acompañado de la infraestructura docente, el profesorado o el compromiso institucional necesarios para sostenerlos varios años.

Nuestra lectura es que este caso, resuelva lo que resuelva un tribunal, es síntoma de una dinámica más amplia que ya hemos señalado en otros contextos: la etiqueta "IA" atrae matrícula, inversión y atención más rápido de lo que se construye la sustancia detrás de ella. Ahí donde antes hablábamos de startups que capturaban capital por el mero hecho de llamarse "de IA" sin tener gran cosa de IA dentro, aquí el patrón se repite con otro tipo de "inversor": estudiantes que apostaron tiempo, dinero y, según alegan, su reputación profesional por un título que la institución habría dejado de sostener en silencio. Si las alegaciones se confirman, el daño no es solo económico: es la confianza en que las instituciones académicas puedan servir de puente fiable hacia la reconversión profesional que la propia transición hacia la IA exige.

A largo plazo, nuestra tesis de fondo no cambia: la economía necesitará cada vez más gente capaz de diseñar, gobernar e integrar sistemas de IA, y la formación seria en este campo seguirá siendo una de las mejores apuestas de carrera de la próxima década. Pero el boom también tiene un lado de corto plazo más incómodo, y este caso lo retrata bien: una criba inevitable entre programas con sustancia real y otros lanzados a toda prisa para surfear la ola de matrículas, con el riesgo de que sean los estudiantes quienes paguen los platos rotos del desajuste entre promesa institucional y capacidad de ejecución. Quien hoy valore invertir años y ahorros en un máster de IA hará bien en pedir algo más que un folleto atractivo: continuidad presupuestaria, acreditación sólida y, a la vista de lo ocurrido en Troy, algo de letra pequeña sobre qué pasa si el programa no sobrevive al curso.

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Fuentes y referencias