El Pentágono ficha a Elon Musk, Palmer Luckey y Newt Gingrich para diseñar la guerra del futuro

🕒 Publicado en Zendoric: 2 de octubre de 2026 · 00:19
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El secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, anunció la creación de "Project Meridian", una iniciativa del Pentágono cuyo objetivo es identificar las capacidades militares, tecnologías y armas que Estados Unidos necesitará en guerras futuras.
El secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, anunció la creación de "Project Meridian", una iniciativa del Pentágono cuyo objetivo es identificar las capacidades militares, tecnologías y armas que Estados Unidos necesitará en guerras futuras. El anuncio se produjo durante un discurso sobre el "estado de la fuerza" dirigido a oficiales jóvenes y mandos de tropa en la Base del Cuerpo de Marines de Quantico, en Virginia. Según Hegseth, el proyecto dispondrá de 120 días para analizar cómo podría cambiar la guerra en los próximos años y décadas, y qué capacidades debe dominar el Ejército estadounidense para mantener una ventaja tecnológica.
Para liderar este esfuerzo, el Pentágono ha recurrido a tres figuras ajenas por completo al mundo militar institucional: Elon Musk, consejero delegado de Tesla y SpaceX; Palmer Luckey, empresario tecnológico y cofundador de la compañía de defensa Anduril; y Newt Gingrich, expresidente de la Cámara de Representantes. Los tres actuarán como colíderes de Project Meridian, bajo la supervisión del responsable de tecnología del Pentágono, Emil Michael, y junto a un equipo más amplio procedente del gobierno, la industria, el mundo académico y el ámbito de las políticas públicas. Hegseth enmarcó la misión del proyecto no como el diseño de nuevas estrategias o políticas, sino como la tarea de "identificar los dominios que debemos conquistar y las capacidades que debemos dominar", centrándose en "descubrir, desarrollar y desplegar" sistemas de armamento para escenarios de combate que, en sus propias palabras, van "desde debajo de la Tierra hasta más allá de la Luna".
Un detalle llamativo, señalado en el propio artículo, es que ninguno de los tres colíderes ha prestado servicio militar. En el caso de Musk, el artículo recuerda que se trasladó a Canadá cuando era adolescente, en parte para evitar el servicio militar obligatorio en Sudáfrica, un antecedente biográfico que contrasta con el papel que ahora se le encomienda a la hora de definir las prioridades bélicas de Estados Unidos.
La elección de Musk y Luckey resulta especialmente delicada porque sitúa a ambos en una posición privilegiada para influir en las necesidades tecnológicas futuras del Pentágono mientras sus propias empresas compiten activamente por contratos multimillonarios con ese mismo departamento. SpaceX mantiene una amplia cartera de contratos de defensa: en mayo, la Fuerza Espacial le adjudicó un contrato de 4.160 millones de dólares para construir satélites destinados a rastrear y apuntar a amenazas aéreas, apenas días después de concederle otro contrato de 2.290 millones de dólares para una red de comunicaciones satelitales militares. Por su parte, Anduril, la empresa de Luckey dedicada a armamento autónomo y otras tecnologías militares, recibió en 2025 un contrato del Cuerpo de Marines de hasta 642 millones de dólares para sistemas de contra-drones.
El anuncio de Project Meridian se enmarca, además, en un impulso más amplio del Pentágono hacia la guerra autónoma: el mismo miércoles se presentaron planes para crear un nuevo Mando de Guerra Autónoma de cuatro estrellas, orientado a escalar el uso de sistemas autónomos y robóticos en todas las ramas de las fuerzas armadas. Este movimiento refuerza la lectura de que la nueva iniciativa está estrechamente ligada al desarrollo de sistemas autónomos y robótica militar, un terreno en el que Anduril, según la fuente, ya desarrolla armamento autónomo y otras tecnologías militares.
Ni Anduril, ni SpaceX, ni Tesla, ni Gingrich respondieron de inmediato a las solicitudes de comentarios sobre su participación en el proyecto, por lo que de momento no hay una versión de los propios implicados sobre cómo se gestionará el evidente solapamiento entre su papel asesor y sus intereses comerciales directos con el Departamento de Defensa.
En conjunto, la noticia ilustra una tendencia que probablemente seguirá dando que hablar: la creciente integración entre figuras del sector tecnológico privado —muy en particular del ámbito de la inteligencia artificial, la automatización y los sistemas autónomos— y los órganos que definen la política de defensa de Estados Unidos. Que el propio Pentágono convoque a actores con contratos activos y futuros en juego para que ayuden a trazar el mapa de capacidades que luego podrían beneficiar a sus propias empresas plantea, de forma objetiva, una cuestión de conflicto de interés que el artículo original deja constancia pero sin resolver, ya que ninguno de los implicados se ha pronunciado todavía al respecto.
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