Cómo las baterías pequeñas y distribuidas podrían ayudar a la red eléctrica

🕒 Publicado en Zendoric: 2 de octubre de 2026 · 00:19
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Instalar una batería grande de almacenamiento energético en una ciudad como Nueva York se ha convertido en un vía crucis regulatorio. La densidad de población, el entramado normativo y, sobre todo, el temor —relativamente infrecuente pero muy mediático— a los incendios de baterías han generado resistencia vecinal…
Instalar una batería grande de almacenamiento energético en una ciudad como Nueva York se ha convertido en un vía crucis regulatorio. La densidad de población, el entramado normativo y, sobre todo, el temor —relativamente infrecuente pero muy mediático— a los incendios de baterías han generado resistencia vecinal hacia los proyectos de almacenamiento a gran escala, incluso mientras estas instalaciones de nivel "utility" se multiplican con rapidez en el resto del mundo. Ese choque entre la necesidad de más almacenamiento y el rechazo local es el punto de partida de una tendencia que empieza a tomar forma: en lugar de pelear por megaproyectos centralizados, varias startups están metiendo baterías mucho más pequeñas en lugares cotidianos e inesperados, desde cocinas de inducción hasta puestos de comida callejera.
La idea de fondo, expresada por David Hammer, cofundador de PopWheels, en un evento de la Semana del Clima de Nueva York celebrado el 24 de septiembre, es que el mayor obstáculo del almacenamiento centralizado es que sus beneficios son abstractos para la gente, mientras que sus costes son muy concretos. La respuesta de estas empresas es repartir la capacidad de almacenamiento en unidades pequeñas, asociadas a un uso directo y tangible para el usuario: ahorro en la factura, resiliencia ante apagones o menos contaminación.
PopWheels es el ejemplo más desarrollado de este enfoque. La compañía opera un sistema de intercambio de baterías para repartidores que se mueven por la ciudad en bicicletas eléctricas: en vez de parar a cargar, los conductores cambian su batería agotada por una cargada en uno de los armarios distribuidos por la ciudad. Según Hammer, existen ya unos 50 de esos armarios y alrededor de 2.500 baterías en circulación. Recientemente, la empresa ha empezado a ofrecer sus baterías también a operadores de puestos de comida, que tradicionalmente dependen de generadores a gasolina. Cuatro de sus baterías combinadas suministran unos 5 kilovatios-hora, suficiente para cubrir aproximadamente un día de operación de muchos de estos negocios, lo que permite sustituir un generador contaminante por energía almacenada.
Otras compañías están llevando la batería directamente al interior de los hogares. Copper fabrica cocinas de inducción con baterías integradas: el electrodoméstico permite seguir cocinando durante un corte de luz y, al aportar parte de la energía necesaria en el momento del uso, puede evitar que el propietario tenga que afrontar una costosa actualización de la instalación eléctrica de la vivienda. Como resume Sam Calisch, cofundador y director ejecutivo de Copper, no se trata solo de vender resiliencia ante apagones, sino directamente ahorro de costes.
En un terreno próximo, empresas como Every Electric y David Energy comercializan baterías enchufables para hogares y negocios. La propuesta de Every consiste en una batería pensada para conectarse a un aparato de aire acondicionado: la empresa suministra el equipo y paga a los clientes por reducir su consumo en los momentos de mayor tensión para la red. David Energy sigue un modelo similar, pero orientado a negocios como lavanderías, garajes y gimnasios. James McGinniss, cofundador y director ejecutivo de David Energy, llega a calificar este movimiento como lo más importante que le ha pasado al sector de la red eléctrica en los últimos veinte años.
Un rasgo común a todas estas soluciones es que, al ser pequeñas o estar integradas en otro aparato, normalmente no requieren actualizaciones de la red ni procesos de permisos extensos: basta con enchufarlas. El artículo compara este modelo con el auge de la llamada "energía solar de balcón", módulos solares pequeños que se enchufan directamente y ayudan a compensar la demanda energética de una vivienda o negocio sin trámites complejos.
La suma de todas estas unidades individuales, aunque modestas por separado, podría representar un cambio relevante para la red eléctrica en su conjunto. Calisch calcula que si cada cocina vendida en Estados Unidos incorporara una batería, la capacidad agregada alcanzaría decenas de gigavatios: una reserva que podría agregarse y activarse precisamente cuando la red está bajo estrés.
El texto es claro, no obstante, en que esta tendencia no sustituye la necesidad de almacenamiento a gran escala: las instalaciones de baterías más grandes seguirán siendo imprescindibles para respaldar fuentes renovables intermitentes como la eólica y la solar, en un contexto de demanda eléctrica que crece con rapidez. Lo que plantea el artículo es más bien una pregunta abierta: hasta qué punto una suma masiva y descentralizada de baterías en bicicletas, cocinas y aparatos de aire acondicionado puede aliviar la presión sobre redes cada vez más congestionadas, especialmente en ciudades densas como Nueva York, donde cualquier recurso que ayude a evitar apagones en verano es bienvenido.
En conjunto, la pieza —firmada por Casey Crownhart y publicada como parte del boletín climático semanal The Spark de MIT Technology Review— retrata un cambio de estrategia: en lugar de intentar vencer la resistencia social y regulatoria a las grandes baterías, varias empresas optan por rodear el obstáculo, distribuyendo el almacenamiento en miles de puntos pequeños, cada uno justificado por un beneficio inmediato y personal para quien lo usa, y confiando en que la suma de esas piezas pequeñas acabe teniendo un efecto grande sobre la estabilidad de la red.
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