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Los obispos de EE.UU. presionan en el Capitolio por la ley de seguridad infantil frente a la IA, y el Congreso se va sin votarla

🕒 Publicado en Zendoric: 18 de septiembre de 2026 · 08:38

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Más de una docena de obispos católicos se reunieron el 16 de septiembre con legisladores de EE.UU. para pedir guardarrailes de IA y respaldo al Kids Online Safety Act. Lo hicieron el mismo día en que el Congreso cerró sesión sin votarlo y sin previsión de volver hasta después de las elecciones de noviembre.

Por Zendoric · 18 de septiembre de 2026.

Más de una docena de obispos estadounidenses se reunieron el 16 de septiembre con senadores y representantes en el Capitolio para pedir «guardarrailes» efectivos sobre la inteligencia artificial y reclamar la aprobación del Kids Online Safety Act (KOSA, S.1748), la ley federal que busca proteger a los menores en internet. Según relató a OSV News el arzobispo Alexander K. Sample, de Portland (Oregón) y presidente del comité de libertad religiosa de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB), las visitas se produjeron el mismo día en que la USCCB anunció un nuevo grupo de trabajo para dialogar con líderes tecnológicos y legisladores sobre IA, dignidad humana y seguridad infantil online.

El encuentro llegó en un día especialmente cargado en Washington: el Congreso se preparaba para cerrar sesión sin previsión de regresar hasta después de las elecciones de noviembre, según recoge el propio artículo. KOSA arrastra un desacuerdo concreto entre cámaras: la Cámara de Representantes aprobó antes este año una versión de la ley, pero la del Senado incluye una cláusula de «duty of care» («deber de cuidado») que no está en el texto de la Cámara baja, y sobre la que la Casa Blanca ha negociado con senadores. Esa cláusula, explicó Sample, situaría en los desarrolladores la responsabilidad de garantizar que existan protecciones para los menores.

El telón de fondo es la disputa, ya instalada en el Capitolio, sobre cómo responder a las advertencias de varios líderes tecnológicos que han pedido ralentizar el desarrollo de IA para fijar salvaguardas. El presidente Donald Trump ha rechazado en general esa preocupación y mantiene una postura favorable a acelerar el desarrollo, con el argumento —según el artículo— de que frenar dejaría a Estados Unidos por detrás de China. Parte de los republicanos respalda esa línea de autorregulación del sector; parte de los demócratas pide regulación. El propio papa León XIV había reclamado antes este año, en su encíclica «Magnifica Humanitas», «herramientas regulatorias adecuadas capaces de sostener la justicia y frenar los efectos distorsionadores del poder tecnológico».

Nuestra lectura: lo relevante aquí no es que la Iglesia opine sobre IA —lleva meses haciéndolo, con encíclica incluida—, sino la brecha de calendario que expone este episodio. Los propios expertos tecnológicos, según contó Sample, les advirtieron esa misma mañana de que «los próximos 12-18 meses van a ver avances tremendos». Y el Congreso, en la práctica, se va de vacaciones sin haber resuelto ni siquiera una ley acotada y de consenso relativamente amplio como KOSA, centrada en menores y no en la IA de frontera. Si la legislación específica y ya madura avanza a este ritmo, cualquier marco regulatorio más ambicioso sobre modelos frontera queda, de facto, aplazado indefinidamente.

El otro punto que merece atención es dónde se libra realmente la batalla regulatoria: no en si debe haber reglas, sino en quién carga con la responsabilidad. El «duty of care» del Senado es, en esencia, el mismo debate que ya vemos en otras geografías —en la Unión Europea, el AI Act empieza a construir un régimen de responsabilidad e incidentes que recae sobre quien despliega el sistema—: mover el coste del riesgo desde el usuario (o sus padres) hacia quien diseña y comercializa la tecnología. Es un mecanismo de gobernanza, no una prohibición, y por eso genera menos fricción política que frenar el desarrollo de modelos. También explica por qué la Casa Blanca negocia ese punto en concreto: ahí está el verdadero coste de cumplimiento para las empresas.

El argumento de la «carrera con China» que usa la Administración Trump para resistir la regulación —tema que hemos seguido en la comparativa de capacidades entre ambos países— vuelve a aparecer aquí, pero aplicado esta vez a un terreno donde no compite: proteger a menores de contenido y diseño adictivo no ralentiza la I+D de modelos fundacionales frente a Pekín. Confundir ambos debates, como hace parte del discurso político actual, sirve más para bloquear cualquier ley que para defender una ventaja tecnológica real.

Los obispos, por su parte, eligen deliberadamente no hablar como técnicos: Sample fue explícito en que se dirigen a los legisladores «no como expertos, sino como pastores», centrados en la dignidad de la persona y —de forma más breve pero presente en el encuentro— en el impacto de la IA sobre los trabajadores. Es una estrategia coherente con la tesis que manejamos en Zendoric: el problema de fondo no es si la IA avanza —lo hará, y a largo plazo esa capacidad puede traducirse en salud, prosperidad y tiempo liberado para las personas—, sino si construimos a tiempo las salvaguardas mínimas para que la transición no deje a los más vulnerables, empezando por los menores, pagando el precio de un experimento sin red de seguridad. Que ese mensaje llegue desde una institución religiosa y no desde un regulador técnico dice tanto sobre el vacío actual como sobre la propia urgencia del problema.

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Fuentes y referencias