Vietnam lleva la IA al aula de secundaria por decreto: currículo obligatorio y expedientes 100% digitales

🕒 Publicado en Zendoric: 17 de septiembre de 2026 · 08:28
✨ Generado con IA · cómo se hace
Can Tho, en el sur de Vietnam, aplica ya dos normas ministeriales que obligan a los institutos a enseñar IA: 12 lecciones por curso y clase en uno de sus centros, y el 100% de los institutos con expediente académico digitalizado. Un caso temprano —y con luces y sombras— de meter la alfabetización en IA en el plan de estudios obligatorio.
Por Zendoric · 17 de septiembre de 2026.
En Can Tho, ciudad del delta del Mekong al sur de Vietnam, los institutos de secundaria han arrancado el curso aplicando dos normas nuevas del Ministerio de Educación y Formación vietnamita: la Circular 02/2025/TT-BGDĐT, que fija un marco de competencias digitales para el alumnado, y la Decisión 2422/QĐ-BGDĐT, que establece qué contenidos de inteligencia artificial (IA) deben enseñarse en secundaria. Según Tran Hien Hoa, responsable de Educación Secundaria del Departamento de Educación y Formación de la ciudad, el 100% de los institutos, centros de secundaria y de formación profesional de Can Tho tienen ya expedientes académicos digitalizados. Y al menos uno de esos centros, la escuela secundaria y preparatoria étnica con internado de la ciudad, ha fijado ya en 12 el número de lecciones de IA por curso y clase cada año escolar, según su director, Nguyen Huu Dinh.
El enfoque no es enseñar informática de forma teórica, sino incrustar herramientas de IA en asignaturas ya existentes. Según el profesor Lieu Tan Son, del instituto internado étnico Tan Thanh, en clases de Literatura, Historia o Geografía el alumnado usa ya software de mapas mentales, aplicaciones de búsqueda o herramientas de visualización de datos para resolver tareas y presentarlas en plataformas online. Una estudiante de ese centro, Thach Ly Bao Tran, lo resume así: la IA "es como un asistente inteligente, siempre listo para responder a mis preguntas en cualquier momento".
El instituto Chau Van Liem, por su parte, ha puesto el acento en el uso seguro: formación específica para todo el alumnado sobre cómo formular peticiones a la IA —lo que se conoce como prompting—, verificar lo que responde y proteger sus datos personales. Su directora, Tran Thi Lua, lo plantea como una forma de evitar la dependencia o el mal uso de la herramienta, no solo de enseñar a manejarla. En paralelo, los centros están formando a su profesorado para digitalizar tareas administrativas —asistencia, horarios, expedientes, planes de clase— y liberar tiempo de gestión en favor de la docencia.
Como contexto del sector, Vietnam no es un caso aislado: son ya varios los países que están metiendo la alfabetización en IA en el currículo obligatorio de secundaria, ante la certeza de que esta generación va a convivir con estas herramientas en cualquier trabajo que ejerza. Lo distintivo aquí es el grado de concreción normativa: no es una recomendación genérica, sino un marco con cifras de lecciones por año y una exigencia de digitalización total de expedientes, con un departamento de educación que rinde cuentas de cumplimiento.
Esto conecta con algo que ya venimos señalando sobre el impacto de la IA en la educación: gana el profesor que aprende a orquestar la herramienta —a guiar al alumno hacia el autodescubrimiento, según describe la fuente— y pierde el que se limita a transmitir contenido de forma pasiva. Ver esa idea convertida en política pública, con formación de docentes en varios institutos y, en al menos un centro, un temario reglado de doce clases de IA por curso, es una señal de que ese tránsito ya no depende solo de la voluntad de cada colegio.
La pieza que falta, y el propio reportaje lo admite, es la infraestructura: el Departamento de Educación de Can Tho reconoce que todavía debe "superar las limitaciones en instalaciones, equipamiento didáctico e infraestructura digital" para que la digitalización de expedientes sea coherente en todos los centros. Ahí está el problema de corto plazo que no conviene minimizar: un marco normativo ambicioso sirve de poco si las escuelas con menos recursos no tienen los ordenadores o la conectividad para aplicarlo, y eso puede abrir una brecha entre quienes llegan a la universidad o al mercado laboral con fluidez real en IA y quienes solo la han visto en el papel. A largo plazo, sin embargo, la apuesta tiene sentido: una generación que aprende desde la secundaria a pensar de forma crítica sobre lo que la IA le responde, en lugar de solo consumirlo, es la que mejor va a aprovechar la abundancia de herramientas —y de tiempo— que promete esta tecnología más adelante.
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