OpenAI prueba agentes de venta patrocinados en ChatGPT mientras su negocio publicitario ya roza los 1.000 millones al año

🕒 Publicado en Zendoric: 17 de septiembre de 2026 · 08:28
✨ Generado con IA · cómo se hace
OpenAI ha empezado a testar 'Agentes Patrocinados': chatbots de marca que conversan contigo dentro de ChatGPT en cuanto haces clic en un anuncio, según ha anunciado la propia compañía. Llega cuando su negocio publicitario ya roza los 1.000 millones de dólares anuales, apenas ocho meses después de arrancar.
Por Zendoric · 17 de septiembre de 2026.
OpenAI ha empezado a probar los "Agentes Patrocinados": agentes de inteligencia artificial pagados por una empresa que mantienen una conversación con el usuario que hace clic en un anuncio dentro de ChatGPT, según ha anunciado la propia compañía en su blog el miércoles. La prueba, por ahora, se limita a un grupo selecto de anunciantes en Estados Unidos.
El mecanismo, tal como lo describe OpenAI, funciona así: el usuario ve un anuncio relevante y puede optar por abrir una conversación, claramente etiquetada como patrocinada, con el agente de esa empresa. Ahí puede explicar qué necesita, hacer preguntas de seguimiento y, si le convence, seguir un enlace a la web del anunciante. OpenAI insiste en que esa conversación queda separada tanto del hilo original con ChatGPT como de las respuestas "independientes" del asistente, para no mezclar ambas cosas.
La novedad llega acompañada de más piezas para el mismo negocio: ChatGPT Work, que permite crear anuncios escribiendo instrucciones en lenguaje natural; nuevas herramientas de generación creativa dentro de Ads Manager, su plataforma de gestión publicitaria; e integraciones con HubSpot y Shopify para llevar ChatGPT a otras herramientas que las empresas ya utilizan. OpenAI lo resume así: "reimaginar ambos lados de la publicidad", cómo la gente interactúa con las marcas en un entorno nativo de IA y cómo las marcas crean y gestionan sus anuncios con IA.
El contexto temporal es revelador. OpenAI anunció en enero de 2026 que llevaría publicidad a ChatGPT en Estados Unidos y que empezaría las pruebas "en semanas". Según cifras que la propia compañía hizo públicas, para el 31 de agosto ese negocio ya había alcanzado una tasa de ingresos anualizada de 1.000 millones de dólares: una proyección anualizada a partir del ritmo de ingresos de ese momento, no una facturación ya cerrada de un año completo, pero que da idea de la velocidad de despegue. OpenAI dice tener ya "decenas de miles" de anunciantes y, desde esa misma fecha, permite comprar anuncios directamente vía Ads Manager en India, Europa, Oriente Medio y el norte de África.
Nuestra lectura es que OpenAI está ejecutando, con una velocidad inusual, el manual clásico de monetización de internet: identificar una base de usuarios masiva, convertir su atención en ingresos publicitarios y después construir herramientas de autoservicio para que cualquier anunciante entre solo. Lo que cambia es la unidad básica del anuncio. Ya no es un enlace o un banner que el usuario mira y descarta: es un agente conversacional, con la misma fluidez y aparente cercanía que el propio ChatGPT, diseñado explícitamente para persuadir. El etiquetado y la separación del hilo principal que promete OpenAI son necesarios, pero no eliminan el problema de fondo: la frontera entre "el asistente te ayuda a decidir" y "una marca te está vendiendo" se vuelve mucho más difusa cuando ambas cosas hablan con el mismo tono y dentro de la misma ventana.
A corto plazo, esto abre riesgos concretos que conviene nombrar sin rodeos: presión regulatoria sobre normas de divulgación publicitaria, posibilidad de diseños que alarguen la conversación para maximizar conversión más que utilidad real para el usuario, y un conflicto de incentivos de fondo para OpenAI, que necesita presentarse como asistente neutral mientras depende cada vez más de ingresos por publicidad para financiar el coste de sus modelos. Que la velocidad de crecimiento del negocio (de cero a 1.000 millones anualizados en ocho meses) haya sido tan alta demuestra, sobre todo, hasta qué punto los anunciantes ya ven la conversación con IA como un canal de descubrimiento de producto tan valioso como el buscador de Google en su día.
Como contexto del sector, OpenAI no está sola en esta carrera: Google, Meta y Perplexity compiten por convertir sus asistentes en el nuevo punto de entrada al comercio, y las integraciones con Shopify y HubSpot apuntan al verdadero premio, que no es la impresión publicitaria sino controlar el momento de la transacción. Quien gane esa capa de "fontanería" comercial dentro de la conversación con IA tendrá una palanca de negocio mucho mayor que quien simplemente venda el modelo más listo.
A largo plazo, un negocio publicitario sólido es también, para OpenAI, una vía para abaratar o incluso gratuitizar el acceso a IA de frontera para cientos de millones de personas que no pagarían una suscripción, lo cual encaja con la abundancia que defendemos como horizonte: más gente con herramientas potentes, sin barrera de precio. Pero esa promesa solo se sostiene si la conversación patrocinada se gobierna con el mismo rigor que un anuncio de televisión regulado, y no con la laxitud de un banner cualquiera; de lo contrario, el coste de confianza a corto plazo puede acabar pesando más que el ingreso que genera.
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