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Anthropic frenó cinco intentos de usar Claude para armas biológicas y admite que no puede saber si eran ciencia o amenaza

🕒 Publicado en Zendoric: 11 de septiembre de 2026 · 03:15

✨ Generado con IA · cómo se hace

Anthropic dice haber bloqueado cinco casos de investigadores que usaban Claude para fines que podrían derivar en armas biológicas, entre ellos un intento de hacer más letal el virus del chikunguña. La empresa admite que no siempre puede distinguir ciencia legítima de amenaza real.

Por Zendoric · 10 de septiembre de 2026.

Anthropic aseguró el jueves que ha detectado y bloqueado este año cinco casos de científicos que utilizaban sus modelos de IA —de la familia Claude— de forma que podría contribuir al desarrollo de armas biológicas. La compañía lo detalla en un nuevo informe sobre usos indebidos de sus sistemas que, según la propia empresa, no son representativos del uso habitual pero sí lo bastante graves como para publicarlos.

Según Anthropic, los responsables sortearon los controles que impiden el acceso desde regiones no autorizadas y recurrieron a otras tácticas para disimular el propósito real de su investigación. La compañía dice haber suspendido las cuentas implicadas y haber incorporado lo aprendido a sus sistemas de seguridad, cumplimiento y detección de amenazas «para prevenir, detectar e interrumpir mejor este tipo de actividades en el futuro», recoge el informe.

Uno de los casos, fechado en mayo, describe a un científico que pidió ayuda a Claude para redactar una solicitud de subvención destinada a investigar el virus del chikunguña, transmitido por mosquitos. La investigación legítima sobre este patógeno puede derivar en vacunas; en este caso, según Anthropic, el objetivo era diseñar mutaciones que hicieran el virus más dañino tras infecciones repetidas en animales vivos. Un detalle elevó las sospechas: aunque la solicitud aparentaba estar firmada por investigadores civiles, la investigación iba a realizarse en un instituto militar. Anthropic no ha revelado el país, la institución ni el patógeno concreto en ninguno de los cinco casos.

El informe recoge también intentos de uso indebido en operaciones de ciberataques, vigilancia masiva y desarrollo de armamento convencional; otros medios que han tenido acceso al documento mencionan además casos vinculados a la gripe aviar y a sistemas de enjambres de drones. Con todo, la compañía admite algo incómodo: no siempre puede determinar si estaba ante ciencia legítima o ante una amenaza real, porque la biología es, por naturaleza, de doble uso.

«Los actores sofisticados son conscientes de que intentamos detectar usos peligrosos de nuestros modelos, y aprovechan esa naturaleza de doble uso de la biología para mantener una suerte de negación plausible sobre su investigación», señala el informe. «La intención maliciosa manifiesta es, de hecho, a menudo prueba de que un actor no es demasiado sofisticado. Los actores más sofisticados pueden ocultar su intención.»

Andrew Weber, del Council on Strategic Risks, calificó los casos como ejemplos «escalofriantes» de actores respaldados por estados que explotan las capacidades de los modelos de IA más avanzados, según declaró a The New York Times. El informe llega, además, en un momento en que varios empleados de Anthropic alertan públicamente sobre los riesgos de seguridad y existenciales de la IA, después de que un antiguo investigador de la empresa advirtiera de que las compañías de IA van «directas a la superinteligencia autosuperable, jugándose nuestras vidas», según recogió HuffPost.

Nuestra lectura: este informe expone con más claridad que ningún otro hasta ahora la tensión que define el riesgo biológico de la IA a corto plazo. La misma capacidad que permite a un modelo ayudar a diseñar una vacuna sirve, en las manos equivocadas, para hacer un virus más letal; el modelo no distingue intención, solo ejecuta instrucciones plausibles. Eso obliga a Anthropic —y previsiblemente al resto de laboratorios frontera, que enfrentan el mismo dilema— a vigilar patrones de comportamiento (afiliación institucional, geografía de acceso, incoherencias entre lo declarado y lo real) en lugar de intentar leer intenciones, porque la intención, cuando el actor es competente, es precisamente lo que se oculta.

Conviene también ser honestos sobre los límites de este ejercicio de transparencia: es la propia Anthropic quien decide qué casos publicar, cómo los describe y qué omite, sin verificación independiente. Eso no invalida el informe, pero sí recuerda que la autorregulación de las empresas de IA no sustituye a una supervisión externa; es, en el mejor de los casos, un complemento necesario mientras esa supervisión se construye.

A largo plazo, esta misma tecnología sostiene la tesis de que la IA puede ayudar a erradicar enfermedades y alargar la vida sana: el chikunguña, la gripe aviar y decenas de patógenos de doble uso son también objetivo de vacunas e investigación biomédica acelerada por estos mismos modelos. Lo que este informe deja abierto no es si la IA acelerará la biología —ya lo hace, en ambas direcciones—, sino si la gobernanza que se construye hoy será lo bastante rápida y precisa para inclinar esa balanza hacia la cura antes que hacia el arma.

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Fuentes y referencias