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← Volver al día · 11 de septiembre de 2026

Empleados de Anthropic alertan de riesgo de extinción por IA; Musk lo llama montaje, y la grieta ya es interna

🕒 Publicado en Zendoric: 11 de septiembre de 2026 · 03:15

✨ Generado con IA · cómo se hace

Un exinvestigador de Anthropic dimite acusando a su empresa y a OpenAI de "jugar con nuestras vidas"; varios colegas en activo salen a respaldarle. Musk y voces conservadoras lo tachan de "psyop" el mismo día en que Anthropic admite haber frustrado un intento de arma biológica con sus propios modelos.

Por The Guardian · 10 de septiembre de 2026.

Jacob Coxon, hasta ahora investigador en Anthropic y antes en OpenAI, anunció su dimisión con un hilo viral en el que acusa a ambas compañías de no construir IA de forma responsable y de "apostar con nuestras vidas". No fue un caso aislado: en las horas siguientes, varios empleados en activo de Anthropic salieron a respaldarle públicamente, algo inusual en una industria donde estas discrepancias suelen quedarse puertas adentro.

Anna Wang, que trabaja en seguridad de AGI (inteligencia artificial general) en Anthropic y antes pasó por Google DeepMind, escribió que "no existe todavía un plan científico viable para resolver los riesgos de una IA que se automejora de forma recursiva", y que muchos en la empresa querrían frenar el desarrollo hasta tenerlo. Drake Thomas, otro empleado, admitió que "las cosas se mueven demasiado rápido" para el nivel de garantías que querríamos tener antes de acercarnos a una ASI (superinteligencia artificial). Samuel Marks, investigador de seguridad, fue más allá: sostiene que cuanto más senior es un empleado en estas empresas, más preocupado está por un desenlace catastrófico. Y Evan Hubinger, que se describe como responsable en la división de alineamiento de Anthropic (el equipo que trabaja para que los modelos actúen conforme a objetivos humanos), cifró en "más del 10% en la próxima década" su estimación personal de que la IA acabe con la humanidad.

La respuesta desde el otro extremo del espectro llegó rápido. Elon Musk calificó todo el episodio de "montaje" y sugirió que el terreno para este "psyop" (operación de manipulación psicológica de la opinión pública) llevaba tiempo preparándose. Se apoyaba en una publicación de Parker Thayer, investigador del think tank conservador Capital Research, que planteó —sin aportar pruebas, conviene subrayarlo— que el hilo de Coxon podría ser el arranque de una campaña de relaciones públicas orquestada para allanar una regulación demócrata severa de la IA. Bill Ackman, el gestor de fondos, amplificó la tesis con un lacónico "interesante". Anthropic, por su parte, se limitó a reivindicar en un comunicado que siempre ha sido transparente sobre los riesgos y que aplica "algunas de las salvaguardas más sólidas del sector".

Hay un dato que la discusión sobre extinción y "psyops" corre el riesgo de tapar: ese mismo día, Anthropic publicó un informe describiendo cómo había desmantelado una operación que intentaba usar sus modelos para desarrollar un arma biológica. El científico Gary Marcus, crítico habitual del sector, señaló justo eso: más que la extinción a largo plazo, lo que ya está sin controlar son los patógenos generados con ayuda de IA, la desinformación que escala conflictos o los ciberataques contra infraestructura crítica.

Nuestra lectura es que aquí se están librando dos discusiones distintas y conviene no mezclarlas. Una es especulativa: la probabilidad de que una IA que se automejora a sí misma escape a todo control humano en la próxima década. Ninguna de las cifras que circulan —el "10%" de Hubinger incluido— es un dato medido; son estimaciones personales de gente con muy buena información pero también con incentivos y sesgos propios, y hay que tratarlas como lo que son. La otra discusión es empírica y ya tiene pruebas sobre la mesa: modelos actuales facilitando intentos reales de causar daño biológico, algo que Anthropic mismo documenta y frustra. Que las empresas líderes ya estén cazando estos intentos es una buena noticia relativa, pero confirma que el riesgo de mal uso no es hipotético, y es el que debería marcar la agenda regulatoria inmediata, no el debate sobre si la superinteligencia llegará en 2030 o en 2040.

Lo más significativo del episodio, en todo caso, no es la propia advertencia de Coxon —los avisos de investigadores de seguridad son constantes desde hace años— sino que la fractura ya no enfrenta a la industria con sus críticos externos, sino que atraviesa a la propia Anthropic, una empresa que se vende como la más cautelosa del sector. Y que la respuesta pública no haya sido un debate técnico sobre planes de mitigación, sino una acusación de conspiración política, anticipa lo que probablemente viene: en Estados Unidos, la seguridad de la IA se está convirtiendo en un asunto de bando antes que de evidencia, justo cuando más falta hace lo contrario. Esa polarización es, en sí misma, uno de los problemas de corto plazo que esta redacción lleva tiempo señalando: no hacen falta escenarios de extinción para que la falta de gobernanza compartida sea ya un coste real. El horizonte de la abundancia y la erradicación de enfermedades sigue en pie a largo plazo, pero solo si la transición se gestiona con reglas que sobrevivan al ciclo de titulares de esta semana.

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Fuentes y referencias