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La IA puede cuidar a los mayores, pero no ocupar su lado: el límite entre cuidado indirecto y directo

🕒 Publicado en Zendoric: 1 de noviembre de 2026 · 00:10

✨ Generado con IA · cómo se hace

Una filósofa chilena distingue entre lo que la IA puede hacer por un adulto mayor (recordar, monitorizar, avisar) y lo que no debería sustituir: el cuidado cara a cara. Con una población que envejece deprisa, el límite importa.

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Por El Dínamo · 31 de octubre de 2026.

Daniela Alegría, directora de la Licenciatura en Filosofía de la Universidad Alberto Hurtado, planteó en la II Semana de la Inteligencia Artificial de esa universidad si la IA generativa puede cuidar a personas mayores, incluidas las que tienen demencia. Su respuesta, según recoge El Dínamo: puede facilitar el cuidado indirecto, pero no ocupar el lugar del cuidado directo.

El contexto demográfico que dio es contundente. Según los datos que citó, la proporción de personas mayores de 60 años pasará del 12 % actual al 22 % en 2050. El artículo no precisa a qué ámbito se refiere esta cifra. En Chile, según dijo, el 32,1 % de la población tendrá más de 60 años para esa fecha. Alegría añadió que las mujeres tienen 0,9 hijos de media y que los casos de demencia en el mundo podrían pasar de 55 a 139 millones en 2050.

La académica distinguió tres papeles posibles para la IA. El primero es el de asistente virtual, que ejecuta tareas que pide la persona. El segundo es el de extensión cognitiva, con dispositivos que ayudan a recordar acciones. El tercero es el de acompañante, que ofrece interacción. Sobre este último advirtió que puede generar dependencia, algo «muy problemático».

También separó dos tipos de cuidado. El indirecto incluye organizar medicamentos o comprar alimentos. El directo abarca la atención cara a cara, el apoyo emocional y el contacto corporal. Según Alegría, la IA puede monitorizar, recordar y avisar al cuidador de posibles accidentes, pero no sustituir lo segundo.

Planteó además dilemas éticos concretos. Si una persona está de duelo, quizá necesite pasar por ese malestar, pero un sistema que la monitoriza podría optar por poner música que la anime. También preguntó qué pasa si el adulto mayor no sabe que está interactuando con un robot. Y avisó de que delegar demasiadas decisiones en estos sistemas puede reducir la autonomía de las personas mayores.

Por último, recordó que en Chile el 85 % del trabajo de cuidados recae en mujeres, y reclamó corresponsabilidad entre familias, comunidades y Estado.

**Nuestra lectura.** La distinción entre cuidado indirecto y directo es útil porque desactiva un debate mal planteado. La pregunta no es si la IA «sustituye» al cuidador, sino qué parte de la carga puede absorber para que el humano dedique su tiempo a lo que sí es insustituible. Un sistema que gestiona pastillas, detecta una caída y avisa libera horas de tareas rutinarias. Esas horas pueden volver a la conversación, la caricia y la presencia.

Aquí encaja una tesis que defendemos en empleo: los cuidados de larga duración son de lo más resistente a la automatización, precisamente por su componente relacional. Pero resistente no significa inmune. El riesgo a corto plazo no es que un robot reemplace a una cuidadora, sino que la tecnología se use como excusa para recortar presencia humana donde ya escasea. Un acompañante conversacional barato es tentador para un sistema con pocos recursos, y ahí la dependencia y el engaño sobre la naturaleza del interlocutor dejan de ser un dilema académico.

El dato del 85 % de cuidados a cargo de mujeres es, en este sentido, la clave. En general, una parte enorme del trabajo de cuidados es hoy gratuito e invisible. Si la IA lo alivia de verdad, el beneficio social sería enorme, siempre que ese alivio llegue a quienes hoy cargan con él y no solo a quienes pueden pagar el dispositivo.

A largo plazo, el horizonte es esperanzador: una sociedad longeva donde la tecnología cubra lo rutinario y la medicina retrase el deterioro cognitivo, y donde las personas cuiden por vínculo y no por obligación. Para llegar ahí hace falta diseñar con los usuarios, como pidió la ponente, y fijar desde ya reglas básicas: transparencia sobre cuándo se habla con una máquina, límites a la toma de decisiones por el anciano y supervisión humana verificable.

Conviene matizar que se trata de una charla académica y que el artículo no aporta estudios ni datos de despliegues reales. Es un marco conceptual sólido, no una evidencia empírica sobre lo que la IA hace hoy en residencias o domicilios.

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Fuentes y referencias