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Tres principios de diseño en la era de la IA: iterar, recibir feedback y conectar los puntos

🕒 Publicado en Zendoric: 29 de octubre de 2026 · 00:15

✨ Generado con IA · cómo se hace

El artículo, publicado en Fast Company dentro de su Impact Council (una comunidad de pago, solo por invitación, de líderes y expertos), está firmado por Saad Rajan, CEO y cofundador de Naya Studio.

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El artículo, publicado en Fast Company dentro de su Impact Council (una comunidad de pago, solo por invitación, de líderes y expertos), está firmado por Saad Rajan, CEO y cofundador de Naya Studio. Su tesis es que, aunque la tecnología cambia a una velocidad vertiginosa y las herramientas que parecen sustituir a los diseñadores aparecen cada semana, hay tres principios del buen diseño que se han mantenido válidos en cada cambio tecnológico.

Rajan define el buen diseño como algo refinado, meditado y que conecta emocional y prácticamente con su usuario. Lo describe como una salida o solución sencilla, creada y sintetizada a partir de entradas diversas y complejas. Esa salida puede ser un producto físico, una experiencia, una aplicación o incluso una narrativa. Plantea las preguntas que, según él, inquietan a diseñadores, ingenieros, investigadores y gente de producto: qué significa ser diseñador hoy, qué es buen diseño y cómo se sigue produciendo.

Principio 1: el poder de la iteración. Según el autor, el gran trabajo pasa por numerosas iteraciones, en un proceso experimental de prueba y error con ocasionales estallidos de creatividad. Cita a James Dyson, quien habría hecho 5.127 prototipos de su aspiradora, con 5.126 fracasos de los que aprendió. Pide celebrar los borradores tanto como los productos terminados, porque un diseño puede no estar nunca completo. La IA puede hacer las iteraciones más rápidas y baratas, pero no elimina la necesidad de ellas: es raro que la primera salida de una IA funcione perfectamente y, si lo hace, conviene sospechar que sea demasiado genérica. Con iteraciones más veloces hay que reflexionar sobre qué importa y qué no, y recurre a la cita de Saint-Exupéry sobre la perfección como ausencia de nada más que quitar. Rajan cuenta que, en su experiencia, suelen hacer falta unas 100 iteraciones antes de que algo se sienta bien, ya sea una presentación, una funcionalidad o un producto físico, y advierte de que no deben hacerse «en una burbuja».

Principio 2: el poder del feedback. La co-creación mejora la calidad y la profundidad del trabajo. El feedback puede venir de diseñadores del pasado, de los usuarios finales, de observar a personas lidiando con productos reales, y también de ingenieros, equipos de marketing, finanzas y otros actores, en un enfoque interdisciplinar. La IA aporta un mecanismo adicional: puede apoyarse en una gran cantidad de conocimiento y se le puede pedir feedback desde distintas perspectivas. Pero el autor avisa de que no debe ser la única fuente, y de que es aún más importante aprender qué feedback priorizar y cuándo incorporarlo, citando un dicho gujarati: «La persona sabia escucha a todos pero toma su propia decisión». También pide mirar la propia lente: somos la suma de muchas experiencias e historias, y es fácil asumir que la IA lo entiende y confiar ciegamente, cuando no es así. Hay que asegurarse de que la propia voz se haga oír.

Principio 3: el poder de conectar los puntos. Rajan usa la metáfora culinaria de marinar la comida o dejar que un curry hierva a fuego lento: al dar tiempo al diseño, los puntos empiezan a conectarse. Dar un paso atrás permite ver el panorama general y la coherencia de la historia, y preguntarse si el trabajo sigue conectado con su origen o se ha desviado. La IA puede ayudar a establecer conexiones más fuertes, pero solo si se la deja. Recordar la narrativa —el conocimiento, los pasos y los activos «intermedios» acumulados durante el proceso— ha sido históricamente difícil; la IA puede ayudar a conservar ese recorrido y crear un plano de cómo tomó forma el diseño, resaltando los puntos de decisión clave y ofreciendo un marco para futuras evoluciones. Así se puede ver qué iteraciones importaron más, dónde hubo desvíos y de dónde extraer inspiración de otros trabajos. El riesgo es que esa velocidad supere lo que podemos procesar, por lo que recomienda alejarse de las pantallas, pasear, ver a amigos y familia o ir a cafeterías antes de volver al trabajo.

El cierre sitúa el momento actual en una larga serie de revoluciones tecnológicas, de los lápices y las imprentas a las máquinas de vapor, la electricidad y ahora la automatización, y sugiere que cada generación afrontó miedos parecidos: si se adaptará, si será reemplazada, si lo aprendido seguirá siendo relevante. Su conclusión es que ciertos principios humanos han perdurado: iteración constante, feedback intencional y alejarse para ver el panorama antes de volver al detalle. Afirma que los diseñadores sobrevivirán a esta era y ayudarán a darle forma, y que su adaptabilidad puede ser una de sus cualidades más importantes.

Se trata de un artículo de opinión, sin datos empíricos propios ni estudios: las afirmaciones descansan en la experiencia del autor y en citas conocidas.

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Fuentes y referencias