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Pruebas de fotónica de silicio a escala: alineación óptica, test eléctrico-óptico y colaboración del ecosistema (Advantest)

🕒 Publicado en Zendoric: 29 de octubre de 2026 · 00:15

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El artículo, publicado en Semiconductor Engineering como blog patrocinado y firmado por Clemens Leichtle, responsable del negocio fotónico de la plataforma V93000 en Advantest, sostiene que llevar la fotónica de silicio a producción en gran volumen exige una infraestructura de test que esté a la altura de los propios…

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El artículo, publicado en Semiconductor Engineering como blog patrocinado y firmado por Clemens Leichtle, responsable del negocio fotónico de la plataforma V93000 en Advantest, sostiene que llevar la fotónica de silicio a producción en gran volumen exige una infraestructura de test que esté a la altura de los propios dispositivos. Conviene tenerlo presente: es un texto de un proveedor de equipos de test que describe su propio ámbito de trabajo, no un análisis independiente.

El punto de partida es la demanda de movimiento de datos que generan la inteligencia artificial y la computación de alto rendimiento. Según el autor, a medida que aumentan los requisitos de ancho de banda, las interconexiones eléctricas convencionales chocan con límites de consumo, latencia y alcance. Por eso la fotónica de silicio, la óptica próxima al encapsulado (NPO) y la óptica co-empaquetada (CPO) ganan importancia para los centros de datos de próxima generación.

La tesis central es que demostrar un circuito integrado fotónico (PIC) de alto rendimiento es solo una parte del reto. Convertirlo en un producto fabricable de forma fiable y económica en volumen requiere un test que escale. La industria de semiconductores se ha beneficiado durante décadas del refinamiento del test eléctrico automatizado, pero la fotónica añade una dimensión óptica con nuevas exigencias: alineación de fibra, eficiencia de acoplamiento, gestión de la polarización e instrumentación óptica, sin dejar de requerir la caracterización eléctrica convencional. Por eso el test deja de ser solo una puerta de calidad y pasa a formar parte de la estrategia de fabricación.

El primer gran desafío es la alineación óptica de precisión. A diferencia del sondeo eléctrico, donde el contacto físico ofrece una interfaz relativamente sencilla, el test óptico depende de acoplar luz dentro y fuera de estructuras muy pequeñas, y ese acoplamiento debe ser repetible entre dispositivos y entre obleas. Pequeñas variaciones en la posición o el ángulo de la fibra pueden alterar la pérdida de inserción y el rendimiento óptico medido, lo que dificulta distinguir la variación real del dispositivo de la introducida por el montaje de test.

Para el alto volumen, el autor plantea que hace falta alineación automatizada capaz de localizar rápidamente la interfaz óptica y optimizar el acoplamiento. Esto puede implicar un posicionamiento visual o basado en imagen para acercar una matriz de fibras (fiber array unit) a los acopladores de rejilla, seguido de barridos de área y técnicas de búsqueda por gradiente con bucles de realimentación, lo que denomina «alineación activa». El proceso puede requerir optimizar seis grados de libertad: posiciones X, Y y Z más tres ejes de rotación, para maximizar la eficiencia de acoplamiento y minimizar la variación entre canales.

La dificultad crece con el número de canales: la alineación no debe maximizar un solo canal, sino lograr un acoplamiento consistente en todos. La alineación rotacional influye en cómo se solapa el haz con varios acopladores de rejilla, y otros ajustes angulares afectan tanto a la pérdida de inserción como a la longitud de onda central. La polarización añade otra variable, porque las estructuras fotónicas pueden responder de forma distinta según el estado de polarización de la luz entrante; debe caracterizarse y controlarse como parte de una metodología de producción repetible. En conjunto, la alineación se convierte en un proceso activo de medida y optimización, y el reto es automatizarlo sin que el tiempo de alineación limite el rendimiento (throughput).

El segundo bloque trata de combinar test eléctrico y óptico sin sacrificar throughput. Un PIC puede incluir fotodetectores, moduladores y otros componentes que requieren medidas ópticas y eléctricas. La caracterización típica abarca pérdida de inserción, uniformidad entre canales, atenuación óptica, responsividad del fotodetector y comportamiento dependiente de la longitud de onda. Hacer estas medidas en secuencia puede aumentar mucho el tiempo de test.

La propuesta es integrar capacidades eléctricas y ópticas para que las operaciones se ejecuten de forma concurrente siempre que sea posible. Por ejemplo, la alineación eléctrica puede hacerse antes de la óptica, y las pruebas de continuidad y otras eléctricas pueden ejecutarse mientras se alinea automáticamente la sonda óptica, en lugar de esperar a que termine. Este paralelismo cobra importancia a medida que crecen la complejidad del dispositivo y la cobertura de test.

El mismo principio se aplica a la instrumentación: en vez de tratar cada instrumento como un recurso aislado, los entornos de alto volumen se benefician del control integrado de láseres, medidores de potencia y otros equipos ópticos, con operación en paralelo de varios instrumentos o canales. La calibración y compensación automáticas también son importantes para mantener la consistencia de las medidas a medida que la celda de test se complica. El autor indica que el trabajo de desarrollo de Advantest en este campo admite varios instrumentos ópticos y operación en paralelo de medidores de potencia dentro de un entorno de test común. El objetivo es el clásico del test de semiconductores, maximizar la cobertura útil minimizando el coste, con la diferencia de que aquí hay que coordinar más dominios físicos y de medida.

El tercer eje es la colaboración del ecosistema. Según el texto, ningún proveedor controla todos los elementos necesarios para el test de PIC en volumen: equipos de test automático, sondeo de obleas, posicionamiento óptico, interfaces de fibra, instrumentación óptica, diseño de dispositivos y procesos de fabricación. Los proveedores de equipos deben trabajar con especialistas en sondas y posicionamiento, desarrolladores de dispositivos fotónicos, fundiciones y fabricantes para que las interfaces funcionen como un sistema de producción integrado y no como instrumentos de laboratorio sueltos.

Como ejemplo, el autor cita que Advantest ha colaborado estrechamente con FormFactor para desarrollar un entorno de test fotónico a nivel de oblea que combina instrumentación de test eléctrico con manejo de obleas, instrumentos ópticos y alineación automática de fibra. Subraya que lo relevante no son los componentes individuales, sino la integración necesaria para lograr un flujo de fabricación repetible.

La conclusión es que la transición de una tecnología fotónica prometedora a productos comerciales de alto volumen dependerá de algo más que de avances en los dispositivos: el test debe evolucionar a la par. Tratar la alineación óptica, la medida eléctrica y óptica, la automatización y la interoperabilidad del ecosistema como partes de un único desafío de fabricación permitiría, a juicio del autor, construir la infraestructura para llevar la fotónica de silicio plenamente a la producción en volumen.

El artículo es cualitativo: no aporta cifras de rendimiento, tiempos de test ni costes, y no incluye datos comparativos. Su valor está en ordenar los requisitos de test (alineación activa con seis grados de libertad, control de polarización, paralelismo eléctrico-óptico, instrumentación integrada y colaboración entre proveedores) que la industria deberá resolver para que NPO y CPO escalen.

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Fuentes y referencias