Demanda de los herederos de Elvis contra Anthropic: un símbolo más que un argumento nuevo en la guerra de los derechos de autor

🕒 Publicado en Zendoric: 24 de octubre de 2026 · 00:20
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Los propietarios de los derechos de Elvis Presley acusan a Anthropic de entrenar sus modelos con 274 canciones del artista sin permiso. En lo jurídico, la demanda repite casos anteriores. Lo nuevo es el nombre: el de la estrella más famosa que ha llevado a una empresa de IA a los tribunales.
Los titulares de los derechos de Elvis Presley han demandado a Anthropic, la empresa que desarrolla Claude. Según la demanda, presentada el viernes 23 de octubre y adelantada por Billboard, Anthropic infringió los derechos de autor de 274 canciones del artista al usarlas para entrenar sus modelos sin permiso. Entre ellas figuran «Can't Help Falling in Love», «Don't Be Cruel», «A Little Less Conversation», «All Shook Up» y «Return to Sender». La presenta una filial de Authentic Brands Group, la empresa de licencias que controla buena parte del catálogo de Elvis, sus marcas y los derechos sobre su nombre, imagen y semejanza. Otras entidades con derechos sobre el artista se han sumado como codemandantes. Cuando Billboard publicó la noticia, Anthropic aún no había respondido a su petición de comentarios.
El texto de la demanda es duro. Richard Busch, abogado principal del caso, sostiene que Anthropic «ha construido todo su modelo de negocio sobre la infracción de derechos de autor a una escala nunca vista». Busch tiene experiencia en casos sonados: representó a Eminem en los litigios por descargas digitales de los años 2000 y a los herederos de Marvin Gaye contra Robin Thicke y Pharrell Williams. En ese caso, el jurado concluyó que «Blurred Lines» infringía «Got to Give It Up», un veredicto que todavía se discute. Son acusaciones de parte. Ningún tribunal se ha pronunciado sobre ellas.
La clave jurídica no es nueva. Según Billboard, la demanda sigue de cerca las que Anthropic ya afronta, entre ellas la de varias editoriales musicales. Todas plantean la misma pregunta. ¿Entrenar un modelo con obras protegidas sin licencia es un uso legítimo? Las empresas de IA se amparan en el *fair use*, la excepción del derecho estadounidense que permite usar obras protegidas sin permiso en ciertos casos, por ejemplo cuando el uso las transforma. Esa cuestión sigue sin resolver en decenas de pleitos con miles de millones de dólares en juego. En la música, el caso de referencia es Suno, el generador de canciones más popular. Las tres grandes discográficas lo demandaron en 2024. Suno llegó a un acuerdo con Warner Music Group el año pasado, pero sigue en litigio con Universal y Sony.
Lo que sí cambia es el peso simbólico. Billboard la describe como la acción legal más mediática presentada en nombre de un solo músico. Hasta ahora, la industria había peleado sobre todo a través de las discográficas, que litigan con catálogos enteros. Ahora el demandante es posiblemente el artista más famoso de la historia de la música grabada. Eso no refuerza los argumentos legales, pero sí la narrativa. Ante la opinión pública, «la IA se ha quedado con Elvis» convence mucho más que «la IA usó millones de obras». Y la demanda no se queda en el entrenamiento: también acusa al sistema de producir «obras derivadas sin licencia».
Nuestra lectura: este caso no va a resolver el debate sobre el *fair use*. Lo que muestra es hacia dónde se mueve. Cada demanda de alto perfil aumenta el coste legal y de reputación de entrenar sin permiso. Así empuja al sector hacia lo que Suno ya ha empezado a hacer: negociar licencias con los titulares de los derechos. A corto plazo habrá incertidumbre, pleitos largos y riesgo de indemnizaciones enormes para los laboratorios, también para los mejor posicionados como Anthropic. Hay otro riesgo: que el reparto acabe en manos de grandes gestores de derechos, como Authentic Brands o las discográficas, y no de los creadores vivos.
A largo plazo somos optimistas. Un mercado de licencias claro es mejor para todos que una guerra de trincheras. Da seguridad jurídica a quien construye modelos y una fuente de ingresos a quien crea la música de la que aprenden. Un modelo que genera abundancia cultural es sostenible si quienes aportaron la materia prima participan en el valor. Lo que hay que vigilar no es si la IA puede aprender de Elvis. Es quién cobra cuando lo hace, y si ese dinero llega también a los músicos que nunca tendrán un catálogo como el de Elvis.
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