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Stallone se rinde a la IA en el cine: acierta en que no se frenará, pero la factura recaerá en los actores que empiezan

🕒 Publicado en Zendoric: 24 de octubre de 2026 · 00:20

✨ Generado con IA · cómo se hace

Stallone quiso rejuvenecer a Rambo con IA y Hollywood se escandalizó. Admite que las quejas son «correctas», pero cree que frenar la tecnología es imposible. Su diagnóstico sobre quién paga el coste es lo más valioso.

Por Infobae · 23 de octubre de 2026.

Sylvester Stallone, de 80 años, defiende el uso de inteligencia artificial en el cine tras la polémica por su idea de una precuela de Rambo «mitad humano, mitad IA». Lo contó en el podcast The Overlap: «Me meteré en problemas por esto, pero la inteligencia artificial vino para quedarse». Según Infobae, también lo detalló antes en Power Players with Brian Sozzi, citado por Yahoo Finance el 15 de octubre.

La propuesta era que Stallone interpretara a John Rambo con 18 años, antes de Vietnam, con su actuación combinada con IA. Según su relato, los productores no la aceptaron. La precuela, dirigida por Jalmari Helander (Sisu), tendrá como protagonista a Noah Centineo, de 30 años, y está prevista para el 4 de junio de 2027. Stallone figura como productor ejecutivo, pero no saldrá ante la cámara.

Su argumento se apoya en antecedentes. Menciona el rejuvenecimiento digital de De Niro, Pacino y Pesci en El irlandés, de Scorsese, y la secuencia inicial de Indiana Jones y el dial del destino, donde Harrison Ford aparece como en los años ochenta. En esta última, según el propio Stallone, el resto del reparto es real y solo se recrea a un personaje.

Lo más llamativo es que no discute a sus críticos: «Sus quejas son correctas. Lo son. Pero no podemos detener esto. Es una avalancha. Si no te subes, te va a pasar por encima». Y añade una advertencia personal: aconsejó a su hija Scarlet Rose, actriz, que se dedique a los videojuegos u otra cosa.

**Nuestra lectura.** Stallone mezcla dos cosas distintas y conviene separarlas. La primera es su caso: un actor vivo, que consiente y se beneficia de recrear su propia imagen. Eso es una decisión legítima, y la más defendible del uso de IA en cine. La segunda es el fatalismo («es una avalancha, está fuera de nuestro control»). Esa parte es discutible. Que una tecnología no se detenga no significa que no se pueda gobernar: el consentimiento, la compensación y los límites a las réplicas digitales son decisiones humanas y contractuales, no leyes naturales. Su ejemplo de «20 avatares de Elvis» describe justo lo que esas reglas deberían impedir.

Lo más honesto de sus declaraciones es su admisión sobre el coste. A corto plazo, lo pagan los actores que empiezan: sin nombre, sin capacidad de negociación y con menos papeles que disputar. Que alguien con su peso en la industria aconseje a su hija no dedicarse a esto es un dato que pesa más que cualquier informe. En general, en la serie de empleo que seguimos, el patrón se repite: lo expuesto es lo rutinario y sustituible, y resiste lo que tiene talento único y presencia. Pero el escalón de entrada, donde se aprende el oficio, es el que más se estrecha.

A largo plazo, la tesis de fondo sigue en pie: herramientas que abaratan la producción pueden abrir el cine a muchos más creadores, y ahí está la promesa de una cultura más abundante. Pero ese futuro no llega solo. Exige que el sector, los sindicatos y los legisladores fijen quién controla y cobra por cada imagen digital. Subirse a la ola, como pide Stallone, es razonable. Decidir quién puede surfearla, también.

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Fuentes y referencias