Uruguay: el 86,7% de los adolescentes usa IA mientras caen lectura y matemática; correlación no es causa

🕒 Publicado en Zendoric: 22 de octubre de 2026 · 00:19
✨ Generado con IA · cómo se hace
La evaluación Aristas Media 2025 muestra que los alumnos de noveno grado uruguayos no alcanzan las metas de la ANEP, usan IA y celular masivamente y leen mucho menos. El dato alarma, pero no prueba que la tecnología sea la causa del retroceso.
Por Cadena del Mar · 21 de octubre de 2026.
Los estudiantes uruguayos de noveno grado rindieron por debajo de las metas fijadas por la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP). Lo indica Aristas Media 2025, la evaluación nacional del Instituto Nacional de Evaluación Educativa (INEEd), presentada este miércoles. Según el informe, el 86,7% de los adolescentes dice usar herramientas de inteligencia artificial.
La muestra incluye 9.508 alumnos, en 564 grupos de 306 centros. Las pruebas se hicieron entre el 6 y el 24 de octubre de 2025.
En lectura, la ANEP aspiraba a que al menos el 77% superara el segundo nivel de desempeño, y lo logró el 72%. En matemática la meta era el 36% y se llegó al 30,6%. Según el informe, la tendencia frente a 2018 y 2022 es descendente en ambas áreas, con más estudiantes en los niveles bajos.
Sobre la tecnología, el 66% de los alumnos reconoce usar IA para resolver actividades durante las clases. El 83,3% afirma que varios compañeros están conectados al celular en clase, aunque el 72,9% señala que su uso está prohibido. Entre los docentes, el 68,4% de los de lengua y el 61,7% de los de matemática dicen haber incorporado IA a su práctica. Seis de cada diez profesores de ambas materias señalan el celular como la principal distracción. Entre los adscriptos (personal que acompaña a los alumnos en el centro), el porcentaje sube al 79,6%.
La brecha social sigue pesando mucho. En matemática, el 60,6% de los alumnos de contextos muy favorables superó el nivel dos, frente al 12,5% de los de entornos muy desfavorables. El informe aclara que, al descontar el contexto sociocultural, no hay diferencias en lectura entre liceos públicos y privados.
La lectura por placer también cae. En 2022 al 71,7% le gustaba leer. En 2025 es el 47,2%. El 66,6% no leyó el día anterior a la encuesta (en la medición previa era el 54,8%) y solo el 7,4% dedicó más de una hora.
**Nuestra lectura.** La tentación es unir los puntos: más IA y más celular, peores notas. Pero el material disponible no demuestra esa causalidad. El informe muestra una tendencia descendente frente a 2018 y 2022, pero no aísla el efecto de la IA generativa, que se popularizó a partir de finales de 2022. En general, los sistemas educativos de muchos países arrastran un deterioro de aprendizajes anterior a los chatbots, con la pandemia y la desigualdad como factores. El dato de la IA es una alarma legítima, no un veredicto.
Lo que sí dice el informe, y merece atención, es que dos tercios de los alumnos usan IA para resolver tareas en clase. Si la herramienta hace el esfuerzo cognitivo, el alumno no lo entrena. Es una hipótesis razonable, pero hace falta evidencia que la mida. También es llamativo que docentes y alumnos usen IA a la vez, sin que los datos reflejen una pauta común sobre cómo hacerlo. La prohibición del celular existe y, según los propios estudiantes, no se cumple.
La desigualdad es el dato más duro. Una diferencia de 60,6% frente a 12,5% en matemática importa más que cualquier gadget. Si la IA llega a todos pero solo algunos saben usarla como tutor y no como atajo, puede ampliar esa brecha. Ese es el riesgo de corto plazo, y hay que decirlo sin rodeos: una generación puede quedar peor formada en una transición mal gestionada.
A largo plazo, la misma tecnología puede ser un tutor personalizado y paciente, algo que hoy solo pueden pagar las familias con recursos. Eso apunta a una sociedad con más oportunidades. Pero ese potencial no se cumple solo. Requiere enseñar a leer, razonar y pedir ayuda a la IA sin delegar el pensamiento. El desplome del gusto por la lectura, de 71,7% a 47,2%, es justo el tipo de hábito que ninguna herramienta puede suplir.
Nuestra tesis: la respuesta no es prohibir ni abrazar sin criterio, sino medir el efecto de cada uso y rediseñar las tareas para que el esfuerzo no se pueda externalizar. Regular el pánico es fácil; gobernar con evidencia es lo que falta.
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