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Robots e IA podrían alcanzar el 80% del trabajo en EE. UU., pero solo son más baratos que una persona en el 0,3% de las tareas

🕒 Publicado en Zendoric: 18 de octubre de 2026 · 11:06

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Un estudio de Anthropic estima que IA y robots juntos podrían abarcar el 81% del trabajo estadounidense. Pero el coste, no la técnica, es el freno real: hoy solo el 0,3% de las tareas sale más barato con robot. Esa brecha marca el ritmo de la transición.

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Por The Next Web · 17 de octubre de 2026.

Según un nuevo estudio de robótica de Anthropic, los modelos de IA y los robots combinados podrían asumir en torno al 81% del trabajo que hacen los estadounidenses. Los modelos de IA por sí solos alcanzan aproximadamente la mitad. Sin embargo, los robots son más baratos que las personas en solo el 0,3% de las tareas hoy. La información la recoge The Next Web, que cita el trabajo tal como lo difundió Business Insider.

El estudio amplía la investigación previa de la compañía sobre el efecto de los chatbots en el empleo. Su hallazgo más llamativo es que los robots llegan a trabajos físicos y peor pagados que los chatbots no tocan, lo contrario del patrón habitual de la IA. En transporte, menos del 15% de las tareas están expuestas a modelos de IA solos; con robots, la cifra salta a cerca del 90%. Nueve de los diez empleos más expuestos son conductores de vehículos, con los taxistas a la cabeza.

El matiz importante está en la viabilidad. Según el estudio, los robots pueden hacer técnicamente cerca del 74% de las tareas físicas, pero la mayoría solo en entornos muy controlados, como una cadena de montaje. El coste es la barrera mayor: unos 300.000 trabajadores en EE. UU. ocupan puestos donde el robot ya es más barato, sobre todo empaquetadores. Si los precios de los robots bajaran un 20%, esa cifra subiría a unos 2,8 millones. Al ritmo histórico, llegar al 10% de las tareas llevaría unos 40 años.

Hay además una cautela metodológica que conviene subrayar: según el propio estudio, las valoraciones las hizo Claude con búsqueda web, y Anthropic insiste en que exposición no equivale a pérdida de empleo. El periodista Alistair Barr, de Business Insider, se mostró escéptico con el caso de los jardineros: la estimación sitúa la limpieza y el mantenimiento entre los mayores aumentos de exposición, pero, según el estudio, los robots de limpieza suelen ser más lentos que las personas y varias veces más caros.

Nuestra lectura: la cifra del 80% es un techo teórico, y el dato que importa es el 0,3%. Es la diferencia entre capacidad demostrada y aspiración. Un estudio calificado por un modelo de lenguaje, con todas las incertidumbres que eso implica, es una brújula útil, no un pronóstico. Lo valioso es que desplaza la conversación: el riesgo para el empleo físico no depende de que el robot «pueda» hacer la tarea, sino de la curva de costes.

Eso tiene consecuencias de política pública concretas. Si un recorte del 20% en precios multiplica por nueve los puestos afectados (de 300.000 a 2,8 millones), la transición no será gradual y lineal: habrá umbrales donde un sector entero se tambalea. Conductores y empaquetadores serían los primeros expuestos. En general, esto encaja con un patrón que ya vemos en otros ámbitos: lo rutinario y repetible cae primero, mientras lo que exige criterio, relación humana o destreza en entornos desordenados resiste más.

A corto plazo, por tanto, toca ser honestos: habrá desplazamientos concentrados en ocupaciones de salarios bajos, que son las que menos colchón tienen para reciclarse. Conviene anticiparlos con formación y protección social antes de que el precio cruce el umbral, no después. La lección de fondo es que el calendario lo marca la economía de los robots, no solo la ingeniería.

A largo plazo, sin embargo, el horizonte sigue siendo favorable. Si el trabajo físico penoso, repetitivo o peligroso se automatiza de verdad porque resulta más barato, la contrapartida es abundancia: bienes y servicios más baratos para todos y personas liberadas para dedicarse a lo que les apasiona. Cuarenta años para llegar al 10% de las tareas, con las tendencias pasadas, nos recuerda que no es mañana. Esa lentitud es, paradójicamente, una oportunidad: tiempo para diseñar la transición con evidencia en lugar de con pánico.

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Fuentes y referencias