El apocalipsis laboral de la IA aún no llega, pero la alarma real está en las puertas de entrada: los empleos que no se crean

🕒 Publicado en Zendoric: 13 de octubre de 2026 · 00:19
✨ Generado con IA · cómo se hace
Según The Economist, la IA habría creado cerca de un millón de empleos en EE.UU. frente a unos 200.000 despidos atribuidos. El dato tranquiliza, pero la señal inquietante está en los jóvenes: la sustitución llegará como contrataciones que no se producen.
Por ABC · 12 de octubre de 2026.
El temido apocalipsis laboral de la inteligencia artificial (IA) se aplaza, al menos por ahora. Según un artículo reciente de The Economist citado por ABC, en Estados Unidos el auge de esta tecnología habría contribuido a crear cerca de un millón de puestos de trabajo, frente a unos 200.000 despidos atribuidos a la IA desde mediados de 2023.
Los datos oficiales apuntan en la misma dirección. La Oficina de Estadísticas Laborales estadounidense registró 162.000 empleos añadidos en agosto y una tasa de paro del 4,1%.
Los expertos que cita el diario coinciden en una explicación: se confundió capacidad de automatizar tareas con eliminación de puestos. Según Javier Cortés, de LIFT Asset Management, la mayoría de las profesiones mezclan tareas automatizables con otras que exigen criterio, responsabilidad y relación con el cliente. Además, integrar sistemas, rediseñar procesos y formar equipos es bastante más lento de lo previsto.
El propio caso de Goldman Sachs ayuda a ponerlo en perspectiva. Su estimación de 2023 (el equivalente a 300 millones de empleos a tiempo completo expuestos a la automatización) medía exposición, no destrucción, y la entidad ya advertía de que la IA probablemente complementaría más de lo que sustituiría.
Hay matices importantes sobre la cifra del «millón». Francisco Rodríguez, de Funcas, advierte de que nadie puede precisar cuántos empleos genera la IA, porque las estadísticas oficiales no separan los puestos creados por esta tecnología de los del ciclo económico. Los perfiles más demandados (ingenieros de aprendizaje automático, científicos de datos, especialistas en ciberseguridad) se cuentan por decenas de miles, no por cientos de miles.
En España, según un informe de Randstad, el 36,1% de las empresas ya usa IA para automatizar procesos, aunque la adopción se concentra en las grandes compañías.
La señal de alarma está en otro sitio. Investigadores de Stanford calculan que, entre los estadounidenses de 22 a 25 años en las ocupaciones más expuestas, el empleo está alrededor de un 19% por debajo de la trayectoria que habría seguido frente a jóvenes de ocupaciones menos expuestas. Es una diferencia relativa entre grupos, no un 19% de puestos destruidos, y no aparece una brecha comparable entre trabajadores con experiencia.
Rodríguez lo resume así: la sustitución, cuando llegue, dudo que tome la forma de despidos masivos; llegará como contrataciones que no se producen. Una empresa que antes incorporaba a cinco jóvenes podría pasar a contratar solo a dos, y eso no se vería en la tasa de paro.
**Nuestra lectura.** La tesis del «apocalipsis aplazado» es correcta, pero conviene no leerla como «falsa alarma». Los despidos son la métrica equivocada: son visibles, políticos y fáciles de contar, mientras que la erosión de la base de la pirámide es silenciosa. Un indicador que solo mira el paro agregado puede mostrar salud mientras se cierra la puerta de entrada de toda una generación.
Es el mismo patrón que vemos en otros sectores. El back-office y las tareas documentales son lo más expuesto; el criterio, la relación y lo presencial resisten. Si el bufete, la consultora o el departamento de análisis contratan menos júnior, rompen la escalera por la que se forman los futuros senior. Ana Villalba, de The Valley Business & Tech School, lo advierte con claridad: romper esa escalera de aprendizaje hacia los puestos senior es arriesgado.
También hay un matiz que favorece a la tesis optimista. Cortés sostiene que, si la IA abarata servicios legales, fiscales o contables para pymes hoy desatendidas, puede generar más actividad y empleo. Es una hipótesis razonable, pero todavía no demostrada: depende de que la productividad se traduzca en precios más bajos y más clientes, y de una adopción que en España sigue siendo limitada.
Para el corto plazo, el riesgo más plausible no es el paro masivo sino la polarización. Alberto Gavilán, de Adecco, y Luis Garvia, del IEB, coinciden en que, sin reformas, apoyo público y recualificación, la tecnología actuará como catalizador de la desigualdad entre quienes se suben a las herramientas y quienes quedan fuera.
A largo plazo, nuestra posición no cambia: una economía con IA madura apunta a más productividad, más abundancia y personas dedicadas a lo que de verdad aportan. Pero ese horizonte no es automático. La transición será por oleadas, y el trabajo de los próximos años consiste en que la puerta de entrada no se cierre mientras llegamos.
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