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Aitana López no existe y factura 4.000 euros al mes: la IA ya compite por el negocio de los influencers reales

🕒 Publicado en Zendoric: 10 de octubre de 2026 · 08:49

✨ Generado con IA · cómo se hace

Aitana López no existe, pero factura más de 4.000 euros al mes vendiendo fotos en lencería en Fanvue. Detrás hay un estudio de cinco personas en Barcelona, The Clueless. No es la influencer de IA más grande: ese puesto lo tiene Lu do Magalu, con 9,7 millones de seguidores.

Por Zendoric · 10 de octubre de 2026.

Aitana López no existe. Es un personaje generado íntegramente con inteligencia artificial, pero su cuenta de Fanvue —una plataforma de suscripción para contenido de pago, similar a OnlyFans— factura más de 4.000 euros al mes, según detalla Infobae. La suscripción cuesta 15 euros mensuales y la cuenta reúne más de 4.000 seguidores en esa plataforma, donde Aitana vende fotos en lencería y contenido exclusivo para mayores de edad.

En Instagram, donde se presenta abiertamente como "un perfil generado con IA", acumula 404.000 seguidores y 376 publicaciones con una estética de fitness, moda y cosplay, además de colaboraciones comerciales con marcas.

Detrás del personaje no hay una agencia de modelos, sino un estudio creativo: The Clueless, con sede en Barcelona, formado por cinco personas de entre 27 y 30 años que gestionan dos "modelos" virtuales. Su objetivo declarado, según recoge Infobae, es ofrecer a las marcas una alternativa más barata que contratar celebridades o influencers humanos.

Aitana no es, ni de lejos, la influencer virtual más grande. Ese puesto lo ocupa Lu do Magalu, creada por la cadena minorista brasileña Magazine Luiza, con 9,7 millones de seguidores y una portada de Vogue en febrero de 2022. Le sigue Lil Miquela, con 2,2 millones de seguidores y más de 1.500 publicaciones centradas en moda y música, y Milla Sofia, una artista virtual con 686.000 seguidores dedicada a canciones e imágenes cinematográficas generadas por IA.

Hay un detalle que conviene mirar con lupa: el engagement de estas cuentas es bajo para su tamaño. La publicación reciente de Lu do Magalu con más interacciones sumó 609 "me gusta" y unos 142 comentarios, muy por debajo de lo que generan cuentas humanas de alcance comparable —Alex Cooper, presentadora del podcast Call Her Daddy, con 7,9 millones de seguidores, superó los 137.000 "me gusta" en su último vídeo—. Eso no frena el negocio: a diferencia de la publicidad tradicional, que vive del alcance y la interacción, el ingreso de Aitana llega por suscripción directa, un modelo que no necesita viralidad, solo una base fiel de pagadores.

Nuestra lectura a corto plazo: esto es automatización de un trabajo creativo muy concreto. Cinco personas sustituyen lo que antes exigía modelos, fotógrafos, estilistas, localizaciones y logística de viaje para producir una campaña de moda o fitness. Es el mismo patrón que venimos documentando en otros sectores —lo rutinario y ejecutable se automatiza antes que el criterio—, solo que aquí lo "ejecutable" es, literalmente, un cuerpo y una cara. El criterio creativo (qué personaje construir, con qué estética, de la mano de qué marcas) sigue siendo humano; lo que desaparece es la necesidad de contratar a una persona real para encarnarlo.

Hay una segunda capa, más incómoda: Aitana vende contenido sexualizado sin que exista detrás una persona que pueda dar o retirar su consentimiento, porque no hay nadie a quien pedírselo. Eso no la convierte en un caso ilegal ni fraudulento: se presenta abiertamente como IA, algo que no todos los personajes virtuales hacen y que contrasta con el problema mucho más grave de los deepfakes no declarados que suplantan a personas reales. Pero sí adelanta un debate regulatorio sobre contenido sexual sintético que plataformas como Fanvue apenas empiezan a abordar, y que previsiblemente se resolverá antes en este rincón del entretenimiento para adultos que en usos más visibles de la IA generativa.

A largo plazo, el caso Aitana es un experimento en miniatura de algo más grande: cuánto se puede abaratar la producción de presencia, imagen y atención cuando ya no hace falta un cuerpo humano para generarla. Ese es, en esencia, el mecanismo que sostiene la abundancia que defendemos como horizonte de la IA: cuando crear cualquier activo digital de valor percibido cuesta casi nada, lo escaso deja de ser la producción y pasa a ser la autenticidad y la atención humanas reales, justamente lo único que un personaje como Aitana no puede ofrecer por definición. La ironía es que ese vacío de autenticidad no frena el negocio, lo sostiene, mientras el consumidor sepa con claridad qué está comprando.

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Fuentes y referencias