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Un exinvestigador de Anthropic afirma, sin pruebas, que China ya tiene espías infiltrados en los grandes de la IA de EE UU

🕒 Publicado en Zendoric: 10 de octubre de 2026 · 08:49

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Jacob Coxon, investigador de preentrenamiento en OpenAI y Anthropic durante tres años, dice estar «90% seguro» de que China ya tiene espías dentro de ambas compañías. No aporta nombres ni pruebas, pero su argumento golpea el núcleo del debate sobre si EE UU debe acelerar o frenar la carrera por la IA.

Por Zendoric · 10 de octubre de 2026.

Jacob Coxon, que pasó tres años investigando preentrenamiento de modelos repartidos entre OpenAI y Anthropic, afirmó en el PBD Podcast —el programa del empresario Patrick Bet-David— que está «90% seguro» de que China ya ha infiltrado espías dentro de ambas compañías. Según sus palabras, «es casi seguro que ya tienen espías ahí… todavía no existe un control de antecedentes serio para este tipo de cosas». Coxon no identificó a ninguna persona ni aportó documento, incidente o prueba alguna que respalde la acusación.

Coxon dejó Anthropic en septiembre. En su anuncio de renuncia en X explicó que, tras esos tres años en investigación de preentrenamiento, considera que «ninguna de las dos compañías está actuando de forma responsable» y que ambas «corren directas hacia una superinteligencia que se automejora a sí misma, jugando con nuestras vidas». En el podcast fue más allá: calificó la IA de «superarma» y advirtió de que la sociedad todavía no asume la magnitud del asunto.

Su argumento tiene una lógica reconocible: si China puede robar los avances de EE UU en cualquier momento, ninguna ventaja temporal importa demasiado, y acelerar el desarrollo para "ganar la carrera" no serviría de nada si el rival puede copiar el resultado. Por el mismo razonamiento —y aquí matiza que es solo una parte del avance chino, no todo— sostiene que frenar el ritmo estadounidense también frenaría a China, porque buena parte de su progreso vendría de copiar o robar trabajo estadounidense.

Conviene separar dos cosas. Una es el hecho verificable: un extrabajador con acceso a investigación sensible de dos de los laboratorios más relevantes del mundo ha hecho esta acusación en público, en un podcast de entrevistas, no en una investigación periodística ni en un informe de inteligencia. La otra es la acusación en sí, que ni el propio Coxon ni el artículo de Yahoo Finance respaldan con nombres, documentos o incidentes concretos. La fuente no recoge reacción alguna de Anthropic ni de OpenAI, ni ninguna corroboración externa de ese «90%», que es, en el mejor de los casos, una estimación personal.

Como contexto del sector, el debate sobre si China "copia" o "alcanza" a la IA occidental lleva meses mezclando datos verificables con framing interesado: ya hemos visto cómo informes sobre el músculo militar chino en IA corren el riesgo de confundir aspiración declarada con capacidad demostrada. La acusación de Coxon encaja en ese mismo patrón: es plausible —el espionaje industrial entre potencias tecnológicas no es ninguna novedad— pero no es, con lo publicado hasta ahora, un hecho probado.

Lo relevante, más allá de si existen o no espías concretos, es el argumento de fondo: el espionaje como variable que falta en el cálculo de "velocidad versus seguridad" que domina el debate sobre IA en Washington, planteado casi siempre en blanco y negro —acelerar para no perder la ventaja frente a China, o frenar para reducir riesgos—. Si una fuga de talento o un fallo de contrainteligencia puede neutralizar cualquier ventaja en muy poco tiempo, lo que de verdad hay que gobernar no es solo el ritmo de los lanzamientos, sino el control de acceso a los pesos de los modelos, los datos de entrenamiento y el código fuente: una cuestión de seguridad corporativa y de Estado, no solo de benchmarks.

Esa es, para nosotros, la lectura de fondo: a corto plazo, la competencia geopolítica por la IA va a seguir produciendo episodios como este —acusaciones sin pruebas, filtraciones reales, salidas ruidosas de investigadores— porque la tecnología se ha convertido en un activo de seguridad nacional antes de que existan mecanismos maduros para gobernarla como tal. Eso forma parte del precio de esta transición. Pero gestionar bien esta fase exige distinguir evidencia de ruido: pedir pruebas antes de asumir culpabilidades, auditar los controles de acceso dentro de los laboratorios en lugar de limitarse a debatir la velocidad de los lanzamientos, y no perder de vista que ni la aceleración ciega ni el pánico informativo acercan la tecnología a su promesa de largo plazo: una IA bien gobernada es la que de verdad puede traer la salud y la abundancia que están en juego.

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Fuentes y referencias