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Cooley se alía con Google para construir, no comprar, su IA de tachado de documentos: Big Law cambia de estrategia

🕒 Publicado en Zendoric: 9 de octubre de 2026 · 00:18

✨ Generado con IA · cómo se hace

Cooley anunció este jueves que construirá con Google un agente de IA sobre Gemini Enterprise para tachar información confidencial en documentos legales. La jugada resume un giro de fondo en Big Law: de comprar herramientas ya hechas a co-diseñarlas con los hyperscalers.

Por Zendoric · 9 de octubre de 2026.

Cooley, uno de los grandes despachos de abogados de Estados Unidos, anunció el jueves que se asocia con Google para co-desarrollar un agente de inteligencia artificial que ayude a tachar y ocultar información confidencial en documentos legales, según recoge Legaltech News (Law.com). La herramienta se construye sobre Gemini Enterprise, la plataforma de Google para desplegar agentes de IA en el entorno corporativo, y es, según la fuente, uno de varios proyectos de IA que Cooley tiene en marcha en paralelo.

El proceso que automatizan —lo que en el mundo legal se conoce como "redaction"— consiste en localizar y ocultar, dentro de un documento, la información privilegiada, confidencial o sensible antes de entregarlo a una contraparte, un tribunal o un regulador. En litigios de cierto tamaño puede implicar revisar decenas de miles de páginas, una tarea que tradicionalmente recae en asociados junior, paralegals o abogados contratados específicamente para la revisión documental en procesos de e-discovery.

Según Legaltech News, Cooley identificó el tachado de documentos como un caso de uso con "fuerte potencial" para la IA agéntica, pero que exigía un desarrollo de ingeniería considerable; de ahí el recurso directo a Google en lugar de a uno de los proveedores de legaltech que ya ofrecen funciones de redacción automatizada. En general, plataformas de e-discovery como Relativity, Everlaw o DISCO llevan tiempo incorporando este tipo de capacidades, lo que sugiere que Cooley buscaba algo a medida que esas herramientas genéricas no cubrían.

Como contexto del sector, el acuerdo llega en medio de una oleada de movimientos similares que el propio Legaltech News recogía esa misma semana: ArentFox Schiff cerraba su chatbot interno, AFSChat, al reconocer que herramientas de terceros ya lo superaban en capacidad; Debevoise replanteaba cómo facturar el acceso a su plataforma propia de IA, STAAR, más allá de la hora facturable; y Legora, uno de los proveedores de IA legal más visibles, lanzaba funciones de "Skills" para personalizar agentes con el conocimiento interno de cada despacho. El panorama que dibujan estas piezas, leídas juntas, es el de un sector que ya no discute si incorporar IA, sino bajo qué modelo hacerlo: construir a medida con un hyperscaler, comprar a un especialista legaltech, cobrar por lo propio, o directamente dar marcha atrás cuando la herramienta interna deja de ser competitiva.

Nuestra lectura es que este tipo de acuerdo marca un cambio de fase en la relación entre Big Law y Big Tech. Durante los últimos dos años, los grandes despachos se han limitado sobre todo a licenciar productos de terceros —Harvey, Legora, CoCounsel— construidos sobre modelos de OpenAI, Anthropic o Google. Que un bufete del tamaño de Cooley se siente a co-diseñar el producto directamente con Google, y no solo a comprarlo, sugiere que algunos despachos empiezan a ver en la IA a medida una fuente de ventaja competitiva frente a sus pares, no solo una mejora de eficiencia interna. La contrapartida es una dependencia más estrecha de un proveedor de infraestructura concreto: si Gemini Enterprise no evoluciona al ritmo que el bufete necesita, Cooley habrá invertido ingeniería propia en un activo que no controla del todo.

Esto conecta con algo que venimos señalando sobre el impacto de la IA en el empleo legal: la pirámide del despacho se estrecha por la base. El tachado de documentos es, por definición, trabajo rutinario y de alto volumen, exactamente el tipo de tarea que primero cae ante la automatización. A corto plazo, eso presiona los puestos de entrada en revisión documental, donde generaciones de asociados junior han aprendido el oficio a base de repasar expedientes. A largo plazo, si la tesis de fondo se cumple, esa misma automatización libera horas para lo que de verdad diferencia a un despacho —el criterio jurídico, la estrategia de litigio, la relación con el cliente— y abarata un acceso a servicios legales hoy fuera del alcance de particulares y pequeñas empresas. La transición, mientras tanto, no será indolora para quienes hoy construyen su carrera revisando documentos.

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Fuentes y referencias