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Anthropic se financia con 60.000 millones en deuda para alquilar chips de Google: la banca pone a prueba el apetito por la IA

🕒 Publicado en Zendoric: 6 de octubre de 2026 · 07:39

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Bank of America, Citigroup y Morgan Stanley han empezado a repartir entre otros bancos un préstamo récord de 60.000 millones de dólares para que Anthropic pueda pagar el alquiler de chips de Google, según Financial Times. Broadcom avala parte de la deuda y es, de nuevo, la mayor operación de financiación de chips de IA hasta la fecha.

Por Zendoric · 6 de octubre de 2026.

Bank of America, Citigroup y Morgan Stanley han iniciado la sindicación —el proceso por el que un banco reparte un préstamo entre otras entidades para repartir el riesgo— de un paquete de deuda de 60.000 millones de dólares para financiar el alquiler por parte de Anthropic de chips de Google, según ha revelado Financial Times. Es, según la propia reconstrucción del diario británico, la mayor operación de financiación de chips de inteligencia artificial hecha hasta la fecha.

El dinero no compra los chips: paga el arrendamiento de los TPU (tensor processing unit, el procesador que Google diseña a medida para entrenar e inferir modelos de IA, alternativa a las GPU de Nvidia) que Anthropic tiene pedidos para 2027. Los pagos del alquiler no empezarán hasta que el hardware esté desplegado, lo que retrasa la presión de caja sobre Anthropic pero no elimina el riesgo para quien pone el dinero ahora.

La estructura revela dónde está el verdadero riesgo. Hay un tramo senior garantizado de 42.000 millones de dólares que se apoya en la calificación crediticia A- de Broadcom —el diseñador de los TPU junto con Google—, lo que podría permitir venderlo después en los mercados de colocación privada o de bonos con grado de inversión. Y hay un tramo junior de 18.000 millones sin ese aval, donde Blackstone ya ha comprometido unos 9.000 millones y ayuda a colocar el resto entre otros inversores.

Ese tramo junior es el que de verdad expone a los prestamistas al perfil de crédito de Anthropic, una compañía que, como la mayoría de los laboratorios de IA generativa, todavía quema más caja de la que genera. Según recoge FT, los bancos podrían esperar a colocarlo con más amplitud hasta que Anthropic complete la salida a bolsa que, de acuerdo con esa información, tiene prevista para antes de que termine el año: una oferta pública daría a los prestamistas las cuentas auditadas que hoy no tienen. Como vía alternativa, los términos de inversión de Broadcom contemplan que Anthropic pueda emitir hasta 42.000 millones de dólares en notas convertibles —deuda que el acreedor puede transformar en acciones— directamente a favor de Broadcom para cubrir el alquiler.

En general, la fórmula de financiar infraestructura de IA con deuda estructurada en lugar de capital propio no es nueva: otras grandes tecnológicas ya han recurrido a vehículos de deuda privada para pagar centros de datos sin que ese pasivo aparezca directamente en su balance operativo. Lo distintivo aquí es la escala —60.000 millones solo para un contrato de alquiler de chips— y que el prestatario final no es una Alphabet o una Meta con decenas de miles de millones de beneficio anual, sino una startup que aún depende de rondas de capital para sobrevivir. Por eso Financial Times describe la operación como un test: si Wall Street absorbe este riesgo sin exigir primas desproporcionadas, confirma que los mercados de deuda están dispuestos a financiar la carrera de cómputo de la IA al mismo ritmo que lo han hecho los fondos de capital riesgo y los propios laboratorios. Si no, el coste del dinero empezará a frenar antes que la propia tecnología.

Hay una segunda lectura, más estructural, en el reparto entre Google, Broadcom y Anthropic. Que un diseñador de silicio a medida como Broadcom esté dispuesto a poner su calificación crediticia como aval de un cliente de la nube es una señal de cuánto le interesa que los TPU de Google se conviertan en una alternativa real a las GPU de Nvidia, hoy dominantes en el entrenamiento de modelos grandes. Cuantas más operaciones como esta se cierren, más barato y más líquido será para cualquier laboratorio financiar cómputo fuera del ecosistema Nvidia, y eso presiona a la baja los márgenes del proveedor que hasta ahora ha fijado el precio de la IA de frontera.

Nuestra lectura: esta operación es el reverso financiero de la tesis que defendemos. A corto plazo, apilar decenas de miles de millones de deuda sobre contratos de alquiler de hardware que aún no genera ingresos es exactamente el tipo de apalancamiento que, si la demanda de IA se desacelera o los modelos tardan más de lo esperado en monetizarse, puede convertirse en tensión financiera real —no muy distinto de lo que vivió el sector de telecomunicaciones cuando sobreinvirtió en fibra a finales de los noventa confiando en una demanda que llegó, pero más tarde. El riesgo no lo asumen los laboratorios de IA: lo asumen, en última instancia, los bancos que coloquen ese tramo junior y los inversores que compren esa deuda en sus carteras. A largo plazo, sin embargo, este tipo de financiación masiva es precisamente lo que permite construir la capacidad de cómputo necesaria para que los modelos de frontera sigan mejorando hasta el punto de acelerar descubrimientos médicos y científicos que hoy parecen lejanos. La pregunta no es si merece la pena financiar ese cómputo, sino si el sector está construyendo la arquitectura financiera —con avales cruzados, tramos de riesgo bien segmentados y transparencia antes de una salida a bolsa— para que un tropiezo en el camino no arrastre a todo el sistema con él.

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Fuentes y referencias