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Los hutíes golpean una refinería de Aramco y dos aeropuertos saudíes en la enésima escalada de una guerra de drones sin fin

🕒 Publicado en Zendoric: 6 de octubre de 2026 · 07:39

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Las milicias yemeníes atacaron el aeropuerto de Riad, una refinería de Aramco en Rabigh y varias bases militares saudíes con misiles balísticos, de crucero y drones. Once años después del inicio de la guerra de Yemen, el conflicto sigue sin resolverse ni dejar de amenazar la infraestructura energética del Golfo.

Por Infobae · 5 de octubre de 2026.

Los hutíes, la milicia que controla buena parte del norte de Yemen, lanzaron este lunes tres operaciones combinadas de misiles balísticos, misiles de crucero y drones contra territorio saudí. Según su portavoz militar, Yahya Sari, los objetivos incluyeron el aeropuerto internacional Rey Jalid de Riad, una refinería de la petrolera estatal Aramco en Rabigh (donde, según su relato, se produjo un incendio), el aeropuerto de Abha, la base aérea de Khamis Mushait, un cuartel en Asir y otros puntos en las provincias de Najran y Jizan. Sari presentó el ataque como represalia por bombardeos saudíes que, afirma, causaron víctimas civiles en Saná y otras provincias yemeníes en las últimas 24 horas.

Ninguna de estas cifras —ni el balance de víctimas que reivindican los hutíes, ni el recuento de 1.576 ataques saudíes que dicen haber sufrido desde el inicio de la escalada, ni el alcance real de los daños en Rabigh o Riad— puede verificarse de forma independiente a partir de este relato. Son afirmaciones de una de las partes en guerra, y conviene leerlas como tales. Lo único contrastable es el patrón: una milicia respaldada por Irán sigue siendo capaz, once años después de que la coalición liderada por Arabia Saudí interviniera en Yemen, de proyectar misiles y drones de largo alcance contra infraestructura crítica saudí, incluida la industria petrolera.

Ese dato no es menor. En 2019, un ataque con drones contra las instalaciones de Aramco en Abqaiq y Khurais —atribuido entonces a los hutíes, aunque con fuerte sospecha de participación iraní directa— llegó a sacar temporalmente del mercado la mitad de la producción petrolera saudí y disparó los precios del crudo. Que una milicia no estatal conserve, año tras año, la capacidad de amenazar refinerías y aeropuertos de un gigante petrolero confirma algo que el sector energético lleva tiempo asumiendo: la proliferación de misiles de precisión y drones relativamente baratos ha dado a actores no estatales un poder de disrupción que antes solo tenían los ejércitos regulares. No hace falta superioridad aérea para golpear una refinería; basta con un dron bien dirigido.

La advertencia de Sari a las aerolíneas internacionales para que eviten el espacio aéreo saudí —con la salvedad explícita de La Meca y Medina— añade una capa de riesgo inmediato y tangible: la aviación civil queda, de facto, como rehén colateral de un conflicto que muchos daban por congelado tras los altos el fuego parciales de los últimos años. Declaraciones de este tipo ya han forzado en el pasado a aerolíneas a redibujar rutas completas sobre Oriente Próximo, con el consiguiente sobrecoste en combustible y tiempo.

Nuestra lectura es que esta escalada no anuncia un vuelco estratégico, sino que confirma lo que ya sabíamos: Yemen sigue siendo una guerra sin cierre militar posible y con capacidad de contagiar, cada cierto tiempo, al mercado del petróleo y a la aviación regional. Para Zendoric, que sigue de cerca cómo la tecnología redistribuye el poder —también el de hacer daño—, el patrón de fondo importa más que el episodio concreto: armamento de precisión cada vez más accesible en manos de actores no estatales es una tendencia que trasciende Yemen, y que cualquier análisis de riesgo geopolítico o energético debería incorporar como variable estructural, no como anomalía puntual.

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Fuentes y referencias