Zendoric
← Volver al día · 27 de septiembre de 2026

El cofundador de Palantir pide 'no juzgar' el bombardeo con IA a un colegio en Irán que mató a 150 niños

🕒 Publicado en Zendoric: 27 de septiembre de 2026 · 00:23

✨ Generado con IA · cómo se hace

Joe Lonsdale, cofundador de Palantir, dijo en un evento de Reuters que es 'fácil juzgar desde fuera' el bombardeo con IA que arrasó un colegio de niñas en Irán y mató a más de 150 personas, casi todas menores. Su firma gestiona miles de millones invertidos en tecnología de defensa.

🎧 Escuchar el análisis · voz sintética

Por Zendoric · 27 de septiembre de 2026.

Joe Lonsdale, cofundador de Palantir, pidió el viernes pasado que se juzgue con más indulgencia el ataque de febrero contra un colegio de niñas en Minab, Irán, en el que murieron más de 150 personas, la mayoría menores. Lo dijo en un evento para inversores organizado por Reuters, ante el editor global de Defensa de la agencia, Joe Brock. El ataque, con dos misiles Tomahawk, ocurrió el primer día de la guerra que la Administración Trump abrió contra Irán, y según funcionarios del Pentágono citados por Bloomberg News, se debió en parte a una dependencia excesiva de tecnología de selección de objetivos de Palantir.

'Es muy fácil juzgar las cosas desde fuera', dijo Lonsdale, según recoge Mother Jones. 'Podría ser que alguien tomara 99 buenas decisiones y luego una mala, y eso llevara a algo horrible.' Fue más allá: sugirió que los líderes de Irán podrían haber 'disfrazado deliberadamente' algunas de esas cosas 'para que parecieran objetivos', 'de la misma manera que hacen los palestinos y otros', con el objetivo de 'ganar simpatía global' a costa de que Estados Unidos golpee el lugar equivocado. Es una acusación grave que Lonsdale no respaldó con ninguna prueba, y que contrasta con un informe de un comité de la ONU conocido la semana pasada que planteó que el ataque podría calificarse como crimen de guerra, algo que de momento es una valoración de ese organismo y no un hecho judicialmente establecido.

Cuando le preguntaron cómo debería exigirse responsabilidad a las tecnológicas 'si las cosas salen mal', la respuesta de Lonsdale fue vaga: 'Quizá debería haber alguna ley sobre las empresas que operan aquí y sobre qué se les permite hacer con ellas.' Esa tibieza regulatoria convive con un detalle que Mother Jones documenta y que resulta difícil de pasar por alto: como socio director de la firma de capital riesgo 8VC, Lonsdale tiene según Forbes unos 6.000 millones de dólares invertidos en empresas de tecnología de defensa. Palantir, según recoge el medio Sludge, está viviendo un repunte de ingresos federales bajo la Administración Trump, incluido un contrato del Ejército de hasta 10.000 millones de dólares; Anduril, otra compañía respaldada por Lonsdale y financiada también por Peter Thiel, firmó en marzo un contrato con el Ejército con un techo de 20.000 millones. Su think tank, el Cicero Institute, y su brazo de lobby, Cicero Action, están además vinculados a cientos de miles de dólares en gasto de presión sobre empresas de su propia cartera, siempre según esa misma investigación.

Nada de esto es nuevo en el discurso de Lonsdale: en un texto publicado en su blog en 2025 defendía que es posible ser una persona 'perfectamente moral' trabajando en la industria armamentística, y que la sociedad sufre de una 'presunción de maldad por defecto' hacia quienes fabrican armas. Sin gente dispuesta a hacer el 'trabajo sucio' de la defensa, escribió, 'hablaríamos alemán. O ruso. O chino.'

Aquí está el problema de fondo, más allá del episodio concreto: quien más se beneficia de que no exista una rendición de cuentas estricta para los proveedores de IA militar es también quien pide comprensión pública cuando esa IA falla con un coste de vidas civiles. No es un conflicto de interés sutil ni oculto; es explícito, está en las cifras de contratos y en la propia cartera de inversión de quien habla. Y cuando la respuesta a '¿debe haber leyes?' es 'quizá', desde alguien con una posición de tanta influencia sobre el sector, la frase pesa menos que el statu quo que protege.

Esto es la cara más afilada del debate sobre la IA de uso dual que venimos siguiendo en otros contextos: la misma capacidad de fusión de datos y reconocimiento de patrones que acelera un diagnóstico médico o una cadena de suministro se convierte en instrumento de daño cuando se aplica a la selección de objetivos militares sin una capa de rendición de cuentas igual de sofisticada. El riesgo real hoy no es una hipotética superinteligencia fuera de control: es cómo se usan bajo presión de guerra sistemas ya desplegados, construidos y comercializados por las mismas empresas que después participan en fijar las reglas que deberían vigilarlos. Nuestra tesis de fondo —que la IA bien gobernada puede, a largo plazo, reducir errores humanos catastróficos en decisiones de vida o muerte— no cambia. Pero esa promesa solo se sostiene con supervisión independiente, transparencia verificable y controles export/despliegue reales, precisamente lo que este episodio muestra que sigue faltando. Sin eso, lo que tenemos no es progreso tecnológico gobernado: es una industria armada explicando por qué no hace falta que la gobiernen.

🔗 Relacionadas en Zendoric

Fuentes y referencias