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El 90% de EEUU teme a la IA, pero las universidades disparan las matrículas de su carrera

🕒 Publicado en Zendoric: 26 de septiembre de 2026 · 03:00

✨ Generado con IA · cómo se hace

Casi 9 de cada 10 estadounidenses desconfían del avance de la inteligencia artificial, según una encuesta de CNN. En las universidades del país ocurre justo lo contrario: ya son 74 los centros con un grado propio de IA y 94 los que ofrecen una especialización, la mayoría creados en el último curso. La paradoja tiene una lectura racional, no contradictoria.

Por Zendoric · 26 de septiembre de 2026.

El dato de partida parece una contradicción: casi 9 de cada 10 estadounidenses dicen desconfiar del avance de la inteligencia artificial, según una encuesta reciente de CNN recogida por Spectrum News. Y sin embargo, en los campus universitarios del país sucede lo contrario. Según el Center for Inclusive Computing, 74 universidades estadounidenses ofrecen ya un grado (major) específico en IA y 94 tienen una especialización o minor, y buena parte de esos programas se ha creado solo en el último año.

El caso que ilustra el reportaje es el del MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts). Su programa "AI and Decision-making", lanzado en 2022, ha pasado de unas pocas decenas de alumnos a más de 300 y es ya la segunda carrera más solicitada del centro. Julia Schneider, una de las primeras estudiantes en declarar esa especialidad y hoy alumna de posgrado, cuenta que la ética y la seguridad no son un apéndice del plan de estudios: hay cursos enteros de un semestre dedicados solo a eso, y hasta las conversaciones informales con sus compañeros —dice— giran en un 80% en torno a la seguridad de la IA. Tracy Camp, directora ejecutiva de la Computing Research Association, confirma que la tendencia es generalizada: "hay una popularidad tremenda" en grados, minors y especializaciones de IA en todo el país.

Lo llamativo es que el impulso no viene pese a las advertencias del sector, sino en parte por ellas. El propio reportaje recuerda que, tras la dimisión de un investigador de Anthropic que alertó del riesgo de la tecnología para la humanidad, varios líderes de la industria pidieron frenar el desarrollo y los legisladores empujaron nuevas normas de control. Schneider lo interpreta al revés: "ahora es precisamente el momento de estudiar más IA, no menos", porque hacen falta personas concentradas en entender por qué estos modelos hacen lo que hacen.

Esa lectura no es ingenua, es coherente con cómo se comportan los mercados de talento ante un riesgo percibido como real: quien mejor entiende un peligro tecnológico suele querer trabajar en gobernarlo, no huir de él. Ocurrió con la ciberseguridad tras las grandes brechas de la pasada década, y ocurre ahora con la IA. Encaja además con algo que ya veníamos observando en nuestro análisis del impacto de la IA por sectores: en tecnología ganan quienes se dedican a la arquitectura, el gobierno de la seguridad y la integración de estos sistemas, mientras pierde peso lo puramente rutinario. Que la generación que hoy entra en la universidad elija en masa formarse en eso no es una anomalía frente al miedo social, es la otra cara de la misma moneda: el miedo genera demanda de profesionales que sepan lidiar con él.

Dicho esto, conviene no perder de vista el riesgo de corto plazo que esta expansión acelerada trae consigo. Cuando decenas de universidades improvisan un grado de IA en un solo curso, existe la tentación de vaciarlo de contenido técnico real y convertirlo en una etiqueta de moda, con el riesgo de generar una oferta de titulados muy superior a los puestos de gobernanza y seguridad que la industria realmente vaya a crear a corto plazo. Es un patrón ya visto con otras disciplinas de moda: la inflación de credenciales es un problema real, no una anécdota.

A largo plazo, sin embargo, esta corriente conecta directamente con la tesis de fondo que defendemos en Zendoric: para que la IA derive en abundancia y no en un riesgo mal gestionado, hace falta precisamente una generación numerosa y bien formada que entienda estos sistemas por dentro, no solo quienes los construyen a toda velocidad. Que miles de jóvenes elijan estudiar por qué los modelos hacen lo que hacen, en vez de limitarse a usarlos o temerlos, es una de las señales más sanas que puede dar una sociedad que se toma en serio tanto la oportunidad como el riesgo.

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Fuentes y referencias