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EE.UU. veta en la ONU una gobernanza global de la superinteligencia, mientras OpenAI y Anthropic piden cooperación

🕒 Publicado en Zendoric: 24 de septiembre de 2026 · 00:26

✨ Generado con IA · cómo se hace

En el Consejo de Seguridad de la ONU, la Casa Blanca rechazó «totalmente» cualquier marco global para controlar la superinteligencia y pidió que cada país legisle por su cuenta. Horas antes, los jefes de OpenAI y Anthropic habían pedido justo lo contrario: cooperación internacional para gestionar los riesgos.

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Por Zendoric · 24 de septiembre de 2026.

Estados Unidos rechazó ante el Consejo de Seguridad de la ONU cualquier intento de crear un marco global para controlar la superinteligencia, el término que Donald Trump empleó en su discurso ante la ONU para referirse a la inteligencia artificial. Lo hizo Michael Kratsios, director del Despacho de Política Científica y Tecnológica de la Casa Blanca (OSTP, por sus siglas en inglés), según recoge Anadolu Agency.

Kratsios fue explícito: el diálogo internacional sobre IA en el Consejo de Seguridad y otros foros no debe derivar en gobernanza global. A su juicio, Estados Unidos —al que calificó de líder en superinteligencia avanzada— ya está desarrollando la tecnología de forma segura y responsable, y no hay motivos para pausar su avance ni para atarlo a nuevas estructuras internacionales de control.

En su lugar, pidió a cada país legislar por su cuenta: leyes y normas nacionales en vez de un sistema global. El argumento de fondo, según su intervención, es que el potencial de la IA se realizará mediante «cooperación abierta», infraestructura soberana y el desarrollo de capacidades propias de cada nación, no mediante un cuerpo normativo supranacional.

El detalle que más pesa en esta pieza no está solo en la posición de Washington, sino en el contraste dentro de la misma sesión. Antes, en ese mismo encuentro y según el mismo reporte, los máximos responsables de OpenAI y Anthropic habían pedido justamente lo contrario: que ningún actor domine el desarrollo de la inteligencia artificial y que haya cooperación internacional para gestionar sus riesgos. Dos intervenciones, la misma sala, tesis opuestas sobre quién debe poner límites y cómo.

En general, la ONU lleva años intentando tejer algún tipo de suelo común frente a los riesgos de la IA de doble uso, con resultados modestos: declaraciones de intenciones, cumbres de seguridad, órganos consultivos sin poder vinculante. La respuesta de Kratsios tampoco es una novedad brusca: encaja con la línea que esta Administración viene marcando en su política tecnológica exterior, con controles a la exportación de semiconductores avanzados y el impulso a una «IA soberana», priorizando la ventaja competitiva antes que ceder margen regulatorio. Lo que aporta esta intervención es la formulación más directa hasta ahora: no es solo «no hace falta un tratado», es «ese marco no debe existir».

Nuestra lectura es que esta divergencia entre gobierno y laboratorios importa más de lo que parece a primera vista. Cuando los propios creadores de la tecnología —que tienen todos los incentivos para evitar reguladores exigentes— piden explícitamente que nadie domine el sector, y su propio gobierno responde blindando precisamente la posibilidad de que ese dominio se ejerza sin más contrapeso que la ley que cada país quiera darse, la brecha no es cosmética. Es un choque entre el interés de EE.UU. como potencia (mantener ventaja y margen de maniobra) y el interés declarado de sus propias empresas (repartir el riesgo reputacional y operativo de gobernar en solitario algo tan potente).

Encaja, además, con el tablero geopolítico que venimos siguiendo en estas páginas: sin marco multilateral, la carrera con China se decide país a país, y la «regulación soberana» funciona en la práctica como munición para no ceder terreno frente a Pekín, que tampoco tiene incentivos para aceptar límites externos. El resultado a corto plazo es más carrera y menos red de seguridad compartida: exactamente el escenario en el que aumentan las probabilidades de errores o usos indebidos que nadie está coordinando cómo prevenir en común. No es catastrofismo, es aritmética de incentivos: cuantos menos actores acepten reglas comunes, más pesa el azar en si el primer incidente serio de un sistema muy avanzado ocurre bajo un régimen capaz de responder o bajo uno que ni siquiera se puso de acuerdo en el vocabulario.

A largo plazo seguimos pensando que la trayectoria de la IA hacia la abundancia y la mejora de la salud no depende de que exista un tratado firmado en Nueva York, sino de que la capacidad siga avanzando sin un accidente que la frene de golpe. Por eso esta noticia no cierra el debate sobre «gobernanza sí o no»: da una pista de cómo se jugará la próxima década, con actores soberanos compitiendo, laboratorios pidiendo barandillas que sus propios gobiernos no están dispuestos a instalar, y la seguridad real dependiendo, una vez más, de lo que cada empresa decida hacer puertas adentro.

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Fuentes y referencias