Ericsson prevé que el 38% delegará tareas a agentes de IA en 2030: la cifra es una expectativa, no una medición

🕒 Publicado en Zendoric: 22 de septiembre de 2026 · 07:23
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Ericsson ConsumerLab calcula que el 38% de los usuarios de smartphones espera delegar tareas cotidianas a agentes de IA en 2030, frente al 4% actual. La cifra es una expectativa declarada en una encuesta, no una medición de adopción real, y conviene leerla sabiendo quién la firma y por qué.
Por TeleSemana · 17 de septiembre de 2026.
Ericsson ConsumerLab, la división de estudios de mercado del fabricante sueco de equipos de telecomunicaciones, estima que el 38% de los usuarios actuales de smartphones espera delegar tareas cotidianas a agentes de inteligencia artificial (IA) hacia 2030. Hoy, según la misma fuente, solo alrededor del 4% usa estas capacidades. El dato procede de una encuesta a más de 43.000 personas de entre 15 y 69 años en 27 mercados —entre ellos Brasil, Chile y México—, una muestra que Ericsson dice representativa de unos 1.700 millones de usuarios de smartphones en el mundo.
La IA agéntica, a diferencia de un asistente al que hay que darle una instrucción para cada consulta, puede encadenar y ejecutar varias acciones por cuenta del usuario sin supervisión constante. Entre las tareas que los encuestados imaginan delegar están programar y coordinar actividades, comparar productos, vigilar compras recurrentes y hacer seguimiento de la salud. Los participantes calculan que esto podría ahorrarles hasta una hora diaria de navegación manual.
Conviene remarcar un matiz que el propio informe reconoce, aunque el titular lo diluya: el 38% es una expectativa autodeclarada sobre lo que la gente cree que hará dentro de cuatro años, no una medición de adopción real. La literatura sobre encuestas de intención futura es consistente en esto: las personas sobreestiman sistemáticamente cuánto cambiarán sus hábitos. Y hay un segundo matiz que no aparece en el comunicado: quien firma el estudio es un proveedor de infraestructura de red cuyo negocio depende de que los operadores inviertan en capacidad, identidad y seguridad para gestionar tráfico de agentes. Eso no invalida los datos, pero sí exige leerlos como lo que son: una pieza de argumentación comercial con datos reales detrás, no un veredicto neutral sobre el futuro.
Dentro del propio estudio hay un patrón más interesante que la cifra estrella. Ericsson identifica ya hoy un grupo de “superusuarios de IA” —en torno al 10% de los propietarios de smartphones, definidos como usuarios intensivos de herramientas multimodales (las que combinan texto, voz e imagen)— que dedican dos veces y media más tiempo a servicios de IA que el usuario medio. Ericsson proyecta que ese grupo podría crecer hasta el 30% en 2030, y que la brecha de uso respecto al usuario promedio se ampliaría hasta cuatro veces. Es decir: la adopción no avanza de forma uniforme, sino que se concentra y se acelera en una minoría que ya está enganchada, mientras el grueso de la base sigue una curva mucho más lenta que sus propias expectativas declaradas. Es el mismo patrón desigual que venimos observando en otros terrenos de la IA: la brecha entre quien la usa a fondo y quien apenas la roza crece más rápido que la adopción media.
Para los operadores móviles, el asunto de fondo no es solo cuánto tráfico adicional generarán los agentes —el propio comunicado de Ericsson evita dar una cifra al respecto—, sino de qué tipo. Si una parte relevante de las búsquedas y comparaciones manuales se sustituye por peticiones automáticas entre apps, agentes y servicios en la nube, buena parte del consumo de red deja de ser una persona abriendo una aplicación y pasa a ser tráfico máquina-a-máquina en segundo plano. Eso obliga a resolver algo que hoy no está resuelto: cómo se autentica un agente que actúa en nombre de un humano, cómo se le atribuye una acción y cómo se le impide actuar sin permiso. Es el mismo punto ciego —la identidad y la supervisión de los agentes autónomos— que venimos señalando como uno de los frentes regulatorios y de seguridad más urgentes de esta transición, y que hasta ahora se ha resuelto más por incidentes puntuales que por diseño previo.
Nuestra lectura es que el titular del 38% dice menos sobre 2030 que sobre el guion que la industria de infraestructura está empezando a escribir para justificar inversión en redes “agent-ready”. Eso no le resta interés al fondo del asunto: que una hora diaria de navegación humana se libere para que la haga un agente es exactamente el tipo de abundancia de tiempo que, sumada muchas veces, es la promesa de fondo de esta tecnología. El problema, a corto plazo, es que esa promesa llega antes que las respuestas sobre quién vigila a esos agentes, quién responde cuando actúan mal y quién paga la factura de hacerlo con seguridad. Ese desfase —entre la ambición declarada y la infraestructura de confianza que la sostiene— será, más que el porcentaje en sí, lo que determine si la transición hacia una vida mediada por agentes es tan fluida como promete la encuesta.
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