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El cardiólogo que usa el reloj y el celular como copiloto de IA para adelantarse al infarto

🕒 Publicado en Zendoric: 17 de septiembre de 2026 · 08:28

✨ Generado con IA · cómo se hace

Un cardiólogo del ICBA mostró cómo fotos del electrocardiograma, selfies y fotos del plato de comida ya funcionan como biomarcadores digitales para detectar enfermedades antes del síntoma. Con 1000 millones de hipertensos en el mundo, la IA promete cerrar la brecha entre saber qué hacer y hacerlo.

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Por La Nación · 16 de septiembre de 2026.

En el Summit de Salud organizado por LA NACION, el cardiólogo Mariano Benzadón, director de Calidad, Seguridad y Experiencia del Paciente e Innovación del Instituto Cardiovascular de Buenos Aires (ICBA), presentó un puñado de herramientas que ya usan inteligencia artificial (IA) para vigilar el corazón fuera del consultorio: una app que fotografía el plato de comida y calcula sus nutrientes, un sistema que estima la presión arterial a partir de una selfie en video y un lector de electrocardiogramas por foto que abarata diagnósticos que antes exigían estudios más costosos.

El punto de partida es una paradoja que Benzadón resumió con crudeza: la medicina sabe qué hay que hacer para prevenir un infarto —no fumar, moverse, dormir bien, controlar presión, colesterol, glucemia y peso— pero la adherencia real es baja. Citó que hay más de 1000 millones de personas con hipertensión en el mundo, una proporción importante sin controlar, y que cerca de seis de cada diez adultos tienen sobrepeso u obesidad. El diagnóstico no es nuevo; lo nuevo es la herramienta que promete cerrar esa brecha entre saber y hacer.

Esa herramienta es lo que el sector llama "biomarcadores digitales": datos fisiológicos —pasos, frecuencia cardíaca, sueño— capturados de forma continua por el smartphone o el reloj inteligente, en lugar de una sola vez cada seis meses en el consultorio. Benzadón mencionó que ya existen sistemas de IA aprobados por la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) capaces de leer electrocardiogramas y detectar enfermedad antes de que dé síntomas clínicos. En el ICBA aplican la misma lógica a pacientes con insuficiencia cardíaca: tras el alta hospitalaria entran en un plan de telemonitoreo con el celular y dispositivos entregados por el instituto que, según Benzadón, "ha demostrado científicamente reducir las reinternaciones".

El cambio de fondo no es solo técnico, es relacional. Hasta ahora, cuando un médico despedía a un paciente hasta el próximo control en seis meses o un año, ese período quedaba fuera de cualquier seguimiento. Las apps y el telemonitoreo permiten acompañar ese tramo intermedio, y, según Benzadón, distintas investigaciones clínicas analizaron su efectividad y algunas mostraron mejoras en determinados resultados frente a la atención convencional. El propio especialista fue cuidadoso con el encuadre: definió la IA como "soporte cognitivo o copiloto" que permite al médico tomar mejores decisiones.

Conviene leer estos avances con la cautela que merece cualquier anuncio institucional en un summit: son desarrollos reales, algunos con aprobación regulatoria como el caso de la FDA y otros en fase de investigación clínica local, pero la ponencia no aportó cifras de precisión diagnóstica, tamaños muestrales ni comparaciones con el patrón de referencia hospitalario. La diferencia entre "funciona en un estudio" y "está listo para sustituir un electrocardiograma de hospital" sigue siendo grande, y conviene esperar validaciones más amplias antes de dar por sentada su eficacia a escala poblacional.

Aun con esa cautela, la tendencia de fondo encaja con una de las promesas más sólidas de la IA aplicada a la salud: mover la medicina de reactiva —esperar el síntoma— a preventiva y continua. Es justo el terreno donde creemos que esta tecnología puede rendir más a largo plazo, acercando el horizonte de detectar y frenar enfermedades antes de que se instalen, en vez de tratarlas cuando ya causaron daño irreversible. Si los biomarcadores digitales confirman lo que sugiere este primer lote de desarrollos, el electrocardiograma por foto o la selfie que estima la presión no son un truco de feria: son un paso hacia una medicina que gana años de vida sana, no solo años de vida.

Pero el corto plazo tiene sus propios problemas, y conviene no maquillarlos. La brecha que describe Benzadón —1000 millones de hipertensos, seis de cada diez adultos con exceso de peso— no se cierra solo con más datos: la adherencia a hábitos saludables es sobre todo un problema conductual, no informativo, y un reloj inteligente no sustituye la voluntad de moverse o comer distinto. Además, estas herramientas dependen de tener smartphone, reloj y un sistema de salud dispuesto a integrarlas, algo que en América Latina y en buena parte del mundo sigue siendo un privilegio, no la norma. Si la detección temprana queda reservada a quien puede pagar un instituto como el ICBA, la brecha de salud podría ensancharse en lugar de cerrarse: ese es el desafío real para que la promesa del "copiloto médico" deje de ser un beneficio de pocos y se vuelva una herramienta de todos.

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Fuentes y referencias