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← Volver al día · 15 de septiembre de 2026

Oracle despide de nuevo mientras dispara su gasto en IA a $28.500M: la cuenta que no cuadra a corto plazo

🕒 Publicado en Zendoric: 15 de septiembre de 2026 · 07:55

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Oracle inició el 14 de septiembre una nueva ronda de despidos, la tercera en un año, justo cuando su gasto de capital en infraestructura de IA se ha multiplicado por más de tres. La acción cae un 23% en el año pese a un contrato de nube récord: el mercado duda de que el negocio genere caja a tiempo para pagar la apuesta.

Por Zendoric · 15 de septiembre de 2026.

Oracle empezó el lunes una nueva tanda de despidos. Empleados afectados recibieron avisos de que sus puestos se eliminaban por un "cambio organizativo más amplio", según el reporte de Business Insider que cita a tres trabajadores afectados y un correo interno; Oracle no respondió a las solicitudes de comentario. No es un hecho aislado: la compañía ya había reducido su plantilla en unas 21.000 personas —el 13%— durante el ejercicio fiscal anterior, pasando de 162.000 a 141.000 empleados hacia finales de mayo, según reveló The Wall Street Journal en junio, con 1.840 millones de dólares en indemnizaciones y otros costes de reestructuración.

La semana pasada Oracle había ampliado en unos 700 millones de dólares el coste previsto de su plan de reestructuración para el ejercicio fiscal 2026, hasta unos 2.800 millones en total, una cifra que incluye despidos, cancelación de contratos y otros costes operativos. El anuncio llegó junto a resultados que muestran una expansión agresiva: el gasto de capital (capex, la inversión en activos como centros de datos y chips) alcanzó 28.500 millones de dólares en el trimestre cerrado el 31 de agosto, frente a 8.500 millones un año antes. El flujo de caja libre fue negativo en 5.400 millones. Para financiar esa expansión, Oracle prevé captar unos 40.000 millones de dólares en deuda y capital este ejercicio.

Al mismo tiempo, el negocio de nube crece con fuerza: los ingresos subieron un 30%, hasta 19.300 millones de dólares, y las obligaciones de desempeño pendientes (RPO, el valor de los contratos ya firmados pero aún no facturados, una medida del backlog futuro) llegaron a 664.000 millones. Oracle dijo haber cerrado más de 30.000 millones en nuevos contratos de nube ligados a IA solo en el trimestre. Es decir: la empresa despide mientras firma contratos por decenas de miles de millones. Ambas cosas son ciertas a la vez, y ahí está la clave de la pieza.

El mercado, sin embargo, no ha premiado nada de esto. La acción de Oracle cerró en torno a 150,28 dólares el 11 de septiembre y cayó otro 3,7% el lunes, en línea con una caída generalizada de tecnológicas, según datos de mercado recogidos por Barron's. En lo que va de año, el título acumula un descenso de aproximadamente el 23%, según Reuters, pese a los resultados sólidos y la avalancha de contratos de IA. Los analistas citados por Reuters siguen preocupados por si Oracle podrá convertir ese enorme backlog en caja real con la rapidez suficiente para justificar su gasto en infraestructura; una recuperación plena del flujo de caja podría llevar años. A esto se suma que Larry Ellison, cofundador y presidente ejecutivo, canceló un plan que le habría permitido vender hasta 50 millones de acciones —unos 7.500 millones de dólares al precio del 11 de septiembre—; Oracle precisó que no se había vendido ninguna acción bajo ese plan y que Ellison no tiene otros planes de venta actuales. No hay indicios en la fuente sobre el motivo del movimiento, así que conviene no sobreinterpretarlo más allá del dato.

Oracle no es un caso suelto. Meta anunció en abril el recorte de unos 8.000 empleos —el 10% de su plantilla— y dejó otros 6.000 puestos sin cubrir, mientras aumentaba el gasto en infraestructura de IA y el fichaje de especialistas. Según Reuters, la compañía llegó a plantear una segunda ola de recortes bajo un proyecto interno (Project OT) para sustituir equipos grandes por otros más pequeños apoyados en sistemas de IA, con reducciones de hasta el 60% en algunos casos; el plan se abandonó tras la resistencia de empleados y problemas técnicos, incluida la fiabilidad de la IA. Amazon atribuyó una parte sustancial de un recorte de 30.000 puestos iniciado el pasado octubre a cambios relacionados con IA, también según Reuters. Microsoft, por su parte, ofreció bajas voluntarias a unos 8.750 empleados en EE UU (el 7% de su plantilla estadounidense) en abril y anunció otros 4.800 despidos en julio, 3.200 de ellos en Xbox; la propia Microsoft insiste en que los recortes de Xbox no se deben directamente a sustitución por IA, aunque reconoce que la IA está cambiando cómo se trabaja en toda la empresa.

Este matiz de Microsoft es justo el que conviene no perder de vista: no todo despido etiquetado como "de la era de la IA" es una máquina sustituyendo a una persona en su puesto. Alphabet, Amazon, Meta, Microsoft y Oracle han emitido conjuntamente unos 220.000 millones de dólares en bonos durante el último año para financiar la expansión de centros de datos, según Reuters. Ese dinero compite por el mismo presupuesto que los sueldos de plantillas enteras. En Oracle el patrón es nítido: gastar agresivamente para convertirse en un proveedor de referencia en infraestructura de IA y, a la vez, recortar costes en otras partidas para proteger el resultado financiero. En algunos casos la IA automatiza tareas concretas; en otros, simplemente gana la partida presupuestaria frente al capital humano porque el dinero no alcanza para las dos cosas.

Nuestra lectura es que este episodio ilustra, mejor que casi ningún otro este año, la tensión real del momento actual de la IA: la construcción de la infraestructura que hará posible la próxima generación de modelos exige un gasto de capital tan colosal que ni siquiera empresas con ingresos y contratos en máximos históricos pueden financiarlo sin recortar plantilla y sin endeudarse a una escala que empieza a inquietar a los inversores. A corto plazo esto es doloroso y concreto: miles de personas —en Oracle, Meta, Amazon y Microsoft— pierden su empleo en medio de un boom de inversión, no de una crisis, lo cual resulta contraintuitivo y difícil de digerir para quien lo vive. Es la cara honesta de la transición que no conviene eludir.

Pero el propio hecho de que se estén construyendo, a este ritmo y con este nivel de compromiso de capital, los centros de datos y la capacidad de cómputo que sostendrán los modelos de la próxima década es, en nuestra tesis de fondo, la infraestructura física de la abundancia futura: más cómputo barato es, con el tiempo, más capacidad para acelerar investigación médica, diseño de materiales y automatización de tareas rutinarias que hoy consumen vidas enteras de trabajo administrativo. El escepticismo del mercado sobre Oracle —esa caída del 23% pese a los contratos récord— no es una señal de que la apuesta por la IA esté mal encaminada, sino de que el mercado exige ver, cuanto antes, que ese backlog de 664.000 millones se convierte en caja real y no solo en promesas contables. Esa disciplina de los inversores, exigente e incómoda para las compañías, es probablemente sana para todo el sector a medio plazo.

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Fuentes y referencias