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Una profesora de Dakota del Norte entra en la fellowship de IA de Mark Cuban, en el vacío legal de las aulas de EE.UU.

🕒 Publicado en Zendoric: 15 de septiembre de 2026 · 07:55

✨ Generado con IA · cómo se hace

Kristy Sandbeck, docente de Grand Forks con más de 30 años de carrera, entra en la fellowship de IA de la Fundación Mark Cuban. Llega en un momento revelador: el 84% de los alumnos de secundaria en EE.UU. ya usa IA generativa, pero menos de la mitad de institutos tiene política al respecto, según el College Board.

Por Zendoric · 14 de septiembre de 2026.

Kristy Sandbeck lleva más de 30 años dando clase en Grand Forks Public Schools (GFPS), el distrito escolar de esta ciudad de Dakota del Norte. La semana pasada fue seleccionada para la Mark Cuban Foundation Teacher Fellowship, un programa nacional que reúne a docentes de todas las asignaturas para evaluar y definir buenas prácticas sobre el uso de la inteligencia artificial (IA) en el aula, según informa el Grand Forks Herald. Sandbeck, mentora en la Virtual High School del distrito, se suma así a "decenas" de profesores de todo el país que participan en la iniciativa.

La fellowship es obra de Mark Cuban, el inversor y presentador de "Shark Tank" que en los últimos años ha reorientado su fundación filantrópica hacia la IA. Cuban lanzó en 2019 una serie de bootcamps para que alumnos de instituto aprendieran a usar la tecnología de forma responsable; en 2025 amplió el programa con esta beca para docentes. Sandbeck impartirá uno de esos bootcamps en Grand Forks el año que viene, sin que se haya concretado la fecha.

En la práctica, esto se traduce en usos muy concretos. Sandbeck cita alumnos que han empleado IA para aprender a desmontar el motor de un coche, construir modelos del sistema solar o convertir un texto en audio o vídeo para reforzar la comprensión lectora. Para los profesores, la tecnología sirve para redactar planes de clase, rúbricas de evaluación o planes educativos individualizados (IEP, por sus siglas en inglés), los documentos que adaptan la enseñanza a alumnos de educación especial. Su mensaje, no obstante, es de cautela: "no podemos olvidar la inteligencia humana, eso es algo muy importante de entender", ha dicho al Herald; "la IA está ahí, pero no podemos depender de ella todo el tiempo".

Esa cautela tiene respaldo estadístico. Según un estudio de 2025 del College Board —el organismo sin ánimo de lucro que administra el SAT y los exámenes Advanced Placement en EE.UU.—, el 84% de los alumnos de instituto ya usa herramientas de IA generativa para hacer sus tareas. El mismo estudio encontró que menos de la mitad de los institutos del país cuenta con una política oficial que regule ese uso. GFPS sí la tiene: permite modelos como ChatGPT (OpenAI) o Claude (Anthropic) solo con autorización del profesor, que además debe detallar en su plan de clase cómo se va a emplear la herramienta.

Ahí está, en realidad, la noticia de fondo. La fellowship de Sandbeck no es un gran anuncio de producto ni una ronda de financiación: es el síntoma de que la adopción de la IA en las aulas ha ido muy por delante de las normas que deberían gobernarla, y de que ese vacío se está llenando, por ahora, con filantropía privada antes que con política pública. Que sea la fundación de un multimillonario, y no el Departamento de Educación o cada estado, quien organice bootcamps y financie fellowships para "enseñar a enseñar" con IA dice algo sobre el ritmo al que se mueve cada actor: rápido en la tecnología, lento en la administración.

A corto plazo ese desfase tiene costes reales que conviene no minimizar. Un uso del 84% sin marco claro en más de la mitad de los centros abre la puerta a problemas de integridad académica difíciles de auditar. También crea una desigualdad entre distritos: los que, como GFPS, ya tienen política propia y ahora además una docente formada por una fellowship nacional, y los que carecen de ambas cosas. Durante un tiempo, la calidad de la educación con IA que reciba un alumno dependerá más de la suerte del distrito en el que vive que de una norma común.

A largo plazo, sin embargo, los ejemplos que da Sandbeck apuntan a algo más prometedor que un simple parche de gestión de aula. Adaptar un texto al nivel de lectura de cada alumno, convertirlo en audio o vídeo, o generar rápidamente un plan educativo individualizado son, en esencia, formas de personalización que hasta ahora solo podían permitirse quienes pagaban un tutor privado. Si esa capacidad se generaliza y se gobierna bien, la IA no sustituye al profesor: le libera tiempo de la parte administrativa y se lo devuelve a lo que Sandbeck llama "inteligencia humana", el criterio y el acompañamiento que ningún modelo replica. Es la misma división que venimos observando en otros sectores —gana quien usa la IA como apoyo, pierde el trabajo que solo consistía en repetir—, y en educación esa transición se sigue escribiendo distrito a distrito. Esta semana le ha tocado a Grand Forks.

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Fuentes y referencias