PISA 2025: Colombia toca fondo en educación y la IA no es la explicación que parece

🕒 Publicado en Zendoric: 12 de septiembre de 2026 · 13:31
✨ Generado con IA · cómo se hace
PISA 2025 certifica el peor desempeño histórico de Colombia: 7 de cada 10 estudiantes no llegan a las competencias básicas. El informe señala el uso masivo de IA en las tareas, pero Singapur —que la usa aún más y lidera el ranking— desmiente esa lectura fácil.
Por Zendoric · 12 de septiembre de 2026.
Los resultados de PISA 2025, el examen que la OCDE aplica cada tres años a estudiantes de 15 años en lectura, matemáticas y ciencias, confirman un desplome sin precedentes. Según informó el propio Programa para la Evaluación Internacional de los Alumnos (PISA), esta edición registró "el rendimiento medio más bajo observado hasta ahora en la OCDE" en ciencias, lectura y matemáticas, con una muestra de más de 760.000 estudiantes examinados en 91 países y economías, representativa de unos 33 millones de jóvenes de 15 años en todo el mundo.
Colombia ilustra ese declive con crudeza. El informe recogido por Las2orillas sitúa el desempeño del país muy por debajo del promedio de la OCDE (461 puntos) y del mejor resultado regional, el de Chile (436). En lectura, la distancia con el líder mundial, Singapur, es abismal: 399 puntos frente a 535. Solo el 1% de los estudiantes colombianos alcanza niveles altos de desempeño, mientras un 43,9% no llega a los niveles básicos. En conjunto, siete de cada diez jóvenes evaluados no alcanzaron las competencias mínimas esperadas para su edad: apenas el 29% domina las competencias básicas en matemáticas (frente al 65% de la OCDE), el 46% en lectura (frente al 69%) y el 50% en ciencias (frente al 74%). En la región, Colombia queda por debajo de Chile y Uruguay, aunque por encima de Argentina, República Dominicana y Perú.
El informe añade dos datos de contexto que rara vez aparecen en los titulares: un 20,7% de los estudiantes colombianos declara haber sufrido acoso escolar, por encima del promedio de la OCDE (19,6%); y un 63,5% dice usar dispositivos digitales con fines de ocio más de una hora al día, mientras un 25,9% reconoce distraerse por recursos digitales en la mayoría de sus clases.
Es aquí donde el artículo original plantea su pregunta: ¿tuvo la inteligencia artificial algo que ver con este desplome? El dato que aporta es sugerente: los estudiantes colombianos están entre los que más recurren a estas herramientas para hacer sus tareas, incluso por encima de Singapur, el país con mejores resultados globales. Pero ese mismo dato, leído con cuidado, apunta en la dirección contraria a la que insinúa la pregunta: si Singapur usa la IA para tareas escolares en menor proporción que Colombia y aun así lidera el ranking mundial, el uso de IA por sí solo no explica la brecha de resultados.
Hay un argumento todavía más contundente en el propio informe: la caída no empezó con ChatGPT. Según PISA, la lectura tocó techo hacia 2012, las ciencias vienen descendiendo de forma gradual desde hace una década y las matemáticas sufren su desplome más pronunciado desde 2018, años antes de que la IA generativa llegara a las aulas a finales de 2022. Culpar a la IA de una tendencia que la precede es, como mínimo, una simplificación; en el peor de los casos, una coartada cómoda para no mirar los problemas estructurales.
Nuestra lectura es que el debate está mal planteado. La variable que separa a Singapur de Colombia no es si los estudiantes usan IA, sino cómo y con qué red de apoyo la usan. Un sistema con profesores bien formados, currículos exigentes e infraestructura sólida puede convertir la IA en un tutor que amplifica el aprendizaje —lo que en nuestro análisis del sector educativo hemos descrito como el profesor que orquesta la herramienta en lugar de limitarse a transmitir contenido—. Un sistema con aulas masificadas, brechas de conectividad y pobreza estructural corre en cambio el riesgo de que la IA se use como atajo para evitar el esfuerzo cognitivo. Ese es el riesgo real y de corto plazo que merece atención en Colombia: no la herramienta en sí, sino la ausencia de un marco pedagógico que la acompañe. El 25,9% de estudiantes que dice distraerse en clase por recursos digitales es síntoma de esa falta de marco, no prueba de que la IA arruine el aprendizaje por definición.
A largo plazo, esa misma tecnología es la que tiene más potencial para revertir precisamente el tipo de desigualdad educativa que reflejan estos datos. Un tutor de IA personalizado, disponible fuera del horario escolar y adaptado al ritmo de cada alumno, podría llegar allí donde hoy faltan docentes, materiales o conectividad estable, siempre que se despliegue con el acompañamiento pedagógico adecuado y no como sustituto barato de la inversión educativa. La abundancia que promete la IA no es solo económica: también puede ser abundancia de atención educativa personalizada, hoy un lujo reservado a quien puede pagar un tutor privado.
Colombia no necesita un chivo expiatorio tecnológico; necesita mirar de frente una crisis educativa que las pruebas PISA vienen documentando desde antes de que existiera ChatGPT: pobreza, desigualdad territorial, formación docente y acoso escolar —este último es el único de esos factores que la fuente recoge con datos, en el mismo informe que menciona a la IA de pasada—. Señalar a la herramienta de moda es más fácil que financiar la reforma educativa que el país necesita, pero no la resuelve.
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