La IA entra en la cama: para el 37% de la Gen Z, tener pareja artificial ya es infidelidad

🕒 Publicado en Zendoric: 6 de septiembre de 2026 · 11:50
✨ Generado con IA · cómo se hace
El Sex Census 2026 de Body+Soul revela que un 37% de los australianos de 18 a 29 años ya considera infidelidad tener una pareja de inteligencia artificial, casi al nivel de suscribirse a OnlyFans. La generación que creció con el móvil en la mano está redibujando, dato a dato, qué significa ser leal.
Por Zendoric · 6 de septiembre de 2026.
El dato es concreto y viene de una encuesta, no de una anécdota: según el Sex Census 2026 de la publicación australiana Body+Soul, un 37% de los encuestados de 18 a 29 años (Generación Z) considera que tener una pareja de inteligencia artificial constituye infidelidad. Es una cifra similar a la de quienes consideran engaño interactuar con OnlyFans (más del 40%) y superior a la de quienes ven infidelidad en interactuar con 'thirst traps', esas fotos sexualizadas publicadas para llamar la atención (34%).
Lo revelador no es solo ese porcentaje, sino la contradicción que lo rodea. La misma Generación Z que se muestra especialmente recelosa ante la traición digital se muestra, sin embargo, más permisiva con comportamientos que generaciones anteriores consideraban intolerables: alrededor de uno de cada cinco Gen Z no ve infidelidad en la intimidad física ni en el sexting, y una proporción similar tolera mantener activo un perfil de apps de citas. El patrón se invierte casi por completo en Generación X y boomers, donde más del 80% clasifica la intimidad física como engaño y en torno al 70% dice lo mismo del sexting, mientras se muestran más laxos ante gestos digitales de bajo nivel como un 'me gusta'.
Los expertos consultados por el medio —la psicoterapeuta clínica Julie Sweet, el terapeuta Benjamin Watkins y la sexóloga Amanda Lambros— coinciden en el porqué: la traición ya no se mide por contacto físico, sino por secretismo, intimidad emocional y engaño. Watkins señala que una conversación digital puede intensificarse dentro de una 'burbuja' aislada de la vida cotidiana —facturas, tareas, rutina— y precisamente por eso resultar inusualmente intensa o idealizada. Sweet lo resume desde la teoría del apego: descubrir que la pareja ha volcado su atención emocional en otro lugar, humano o artificial, puede doler tanto como una infidelidad física.
En general, la conversación pública sobre compañía artificial lleva un par de años desplazándose del nicho tecnológico a la vida cotidiana, a medida que asistentes conversacionales cada vez más capaces de sostener intimidad emocional se han vuelto accesibles y masivos. Esta encuesta es uno de los primeros indicios cuantificados —no solo anecdóticos— de que ese fenómeno ya se discute en los mismos términos que una aventura convencional, y de que las normas sociales para procesarlo todavía no existen: no hay un guion heredado sobre qué hacer si tu pareja confía secretos a un compañero de IA en lugar de a ti.
Nuestra lectura: esto encaja en la parte incómoda y de corto plazo de la transformación que trae la IA, la que no tiene que ver con perder un empleo sino con renegociar qué es la confianza. No es un problema menor solo porque no implique cuerpos ni contratos: si la intimidad emocional —no el sexo— es el terreno donde de verdad se juega la lealtad, entonces un chatbot capaz de sostener una conversación cálida y disponible las 24 horas es, en términos de vínculo, un rival tan real como una persona. La brecha generacional que muestra la encuesta no es un capricho cultural, es la prueba de que quienes crecieron sin distinguir entre vínculo digital y vínculo 'real' están construyendo, a tientas, un nuevo rulebook de fidelidad, y lo hacen antes de que terapeutas, legisladores o las propias parejas se hayan puesto de acuerdo en las reglas. A largo plazo, si estas herramientas evolucionan hacia una compañía genuinamente útil contra la soledad —y no hacia un sustituto que vacía la vida en pareja—, podrían sumar a la abundancia relacional en lugar de restarle; pero eso todavía es una posibilidad, no un hecho, y esta encuesta solo documenta la fricción, no la resolución.
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